"Un Largo Viaje a la Oscuridad" (Capítulo 15)

1


    Dan estacionó la camioneta bajo la sombra de una gran secoya y luego, trastabillando, se apeó. Observó la cabaña de Quiroga. A la luz del día, la vivienda había perdido su área mística y sombría, como de cuentos de hadas, para directamente ahora parecer un cuchitril.
         Chapas amontonadas en el patio. Chatarras oxidadas recostadas en los laterales. Restos de hamacas y de fierros retorcidos sobre el techo. La pila de leña se encontraba un poco derrumbada, como los huesos de un dinosaurio que hubiese muerto apoyado contra las paredes. Las enredaderas salvajes crecían sin control y trepaban por el tejado; en el patio trasero, los pastizales se erguían tan altos como hombres, incluso un poco más.
      Dan ascendió por los escalones del porche; las piernas le temblaban. Tanteó el picaporte y se sorprendió al encontrar la puerta abierta. Pero enseguida se dio cuenta que no era tan sorprendente: después de todo, a ningún ladrón, por más necesitado que estuviese, le apetecería robar en esa pocilga.
     Entró y cerró la puerta detrás de sí. La casa olía a humedad y a pedo rancio. Cruzó el living con las fotos del hijo de Quiroga y luego ingresó a la pequeña cocina. Abrió la vieja heladera marca Zenith: de ahí dentro salió un tufo que casi lo hizo vomitar. Se cubrió la nariz con la mano y revisó entre las porquerías que Quiroga guardaba dentro del aparato. Había huevos crudos a medio comer, un tarro de leche que ya debía estar vencido, un trozo de carne que estaba comenzando a ponerse negro. Detrás de una botella de gaseosa encontró lo que buscaba: un jarro de vidrio, cubierto al cincuenta por ciento por agua. Lo tomó con ambas manos y lo bebió sin respirar, sin importarle el olor a comida que el jarro tenía en su interior. Bebió y bebió hasta que su estómago dijo basta, y entonces, conteniendo las convulsiones, se acercó al desagüe de la cocina y vomitó.
     Contempló, durante unos segundos, el vómito. Al menos ya no había sangre allí. Abrió el grifo para correr el agua, pero, tal cual sospechaba, no había red de agua corriente en la zona. Sin dudas debía haber un pozo en algún lado, que debía activarse con alguna bomba de succión.
     Se alejó del desagüe y volvió a concentrarse en la heladera. Recordaba que, instantes antes de darle el famoso trago de whisky, Quiroga se había acercado a la heladera, por lo que suponía que la droga debía estar por allí. Buscó algún frasco sospechoso, algún blíster de pastillas, pero para su desesperación, no encontró nada. Revisó en los estantes y en el cajón de las verduras. Luego, en el freezer e incluso detrás de la heladera. Nada de nada. ¿Dónde diablos la guardaría? ¿O tal vez le había dado la última dosis que le quedaba?
    Se dio vuelta y volvió a contemplar la minúscula cabaña. Los objetos se encontraban tan abarrotados y eran tan numerosos que sería casi imposible encontrar algo por ahí. Y él necesitaba la droga ahora, en forma urgente, o de lo contrario caería de cansancio en cualquier momento.
    Vio que a un costado de la mesada de fórmica, había una puerta de madera. Había sido allí donde Quiroga se había metido, instantes antes de salir con aquel quijotesco lanzallamas colgado de sus espaldas. Tal vez la droga se encontraba en ese lugar, junto con el resto de las armas de Quiroga. Si es que Quiroga, claro, tenía más armas.
     Dan no lo conocía demasiado, pero apostaba su pellejo a que sí, que aquel barbudo tenía más armas desperdigadas en la casa. Es más: sospechaba que debía tener un arsenal.
    Se acercó a la puerta y tanteó el picaporte. Éste sí estaba trabado con llave, por lo que las sospechas de que guardaba algo allí dentro no hicieron más que acrecentarse. Probó con golpear la puerta con sus hombros, pero se encontraba demasiado débil y ni siquiera fue capaz de hacerla crujir un poco. Retrocedió y salió de la casa; sabía que había visto un galponcito de chapa en el fondo del terreno. Allí Quiroga debía guardar sus herramientas.
     Ingresó al lugar, que por fortuna no estaba cerrado con candado, y comenzó a revisar las estanterías. Al rato, encontró lo que buscaba: una amoladora eléctrica. Salió del galpón sosteniendo el aparato con ambas manos, y durante un momento recordó que era así como había sostenido el lanzallamas, en las profundidades de la mina. Ahora el terrible artefacto debía estar a unos cuantos metros de la superficie, descansando en la oscuridad de una cueva infectada por babosas gigantes…
     No le llevó mucho tiempo derribar la puerta de madera. La amoladora era antigua pero el disco de corte parecía bastante bueno; un humo tóxico se desprendió de la madera herida mientras Dan hacía un corte semicircular en torno al picaporte. Cuando terminó de completar el semicírculo, le dio un golpe y el trozo de madera cayó hacia atrás, junto con el picaporte. Abrió la puerta de una patada. Avanzó dos pasos.
     Se detuvo frente al umbral, con la boca formando una muda e inconsciente “O” de asombro.


2

     El supervisor se le quedó mirando durante unos segundos, como si algo en él, algo remoto y apenas perceptible, reconociera al padre que había perdido durante la infancia.
      Durante esos segundos sus ojos parecieron iluminarse con el brillo del recuerdo y la nostalgia… y luego volvieron a oscurecerse y a adoptar una actitud vigía.
     Fue tan rápido que pareció una ilusión, y durante mucho tiempo, Quiroga estuvo convencido de que realmente se había tratado de una. El supervisor pestañeó y pareció retroceder un paso. La chica al lado suyo alzó la vista y lo observó con extrañeza, como si el comportamiento errático de su líder le resultara toda una novedad. Abel, mientras tanto, los miraba a ambos con los ojos cada vez más grandes… Desde que había recibido el golpe del supervisor había permanecido encorvado, con la mirada en el piso, como si estuviera buscando un hoyo en la tierra para zambullirse en él. Ahora parecía haber olvidado su miedo y se moría de ganas por intervenir, porque evidentemente la situación era en extremo dramática. Quiroga, dudando, alzó un brazo en dirección a su hijo.
     -¿Me reconoces, Lucas? Soy yo, tu padre. Te he venido a buscar…
     -No eres mi padre. Y no me llamo Lucas. Mi nombre es Eugenio. Eugenio Vernis.
     Y luego le apartó el brazo y con la otra mano le dio un brutal empellón, que dejó a Quiroga tendido boca arriba sobre el suelo, entre un montón de huesos polvorientos.
     El supervisor metió una mano debajo de su camisa y sacó un arma. Le apuntó.
     -Ahora dime a qué has venido. No mientas, o te mataré. Abel y Marta pueden atestiguar que soy capaz de hacerlo sin que me tiemble un dedo. Así que ahora habla.
     -No es posible que no me recuerdes, no eras tan chico cuando esas cosas te llevaron. ¿Qué te ha sucedido?
     -Habla, maldito viejo. Juro que te meteré un balazo en medio de la frente si no hablas.
     -Le conviene hablar, amigo- intervino Abel, incapaz de aguantarse un minuto más-. Sé por qué le digo. Eugenio es un hombre justo, pero cuando pierde la paciencia…
     -Cállate- dijeron Quiroga y el supervisor al unísono, y luego se miraron asombrados. El supervisor apartó la vista enseguida, algo contrariado, pero Quiroga se le quedó mirando con expresión pensativa.
     -No sé qué es lo que quieres que diga, hijo. Estoy aquí porque he venido a buscarte. Durante estos siete años, hice todo lo posible por hallar a esas criaturas, pero…
     Rápido como una serpiente, el supervisor se le acercó y le encajó un culatazo. Quiroga echó el cuello atrás y la culata del arma le dio en el esternón: de lo contrario le hubiese abierto la cabeza como una nuez.
     -Te dije que no eres mi puto padre- jadeó el supervisor, y luego tomó el arma de la culata y volvió a apuntarle. Se escuchó un “clic” metálico, que indicaba que acababa de retirar el seguro-. Ahora, creo que…
     Pero no pudo seguir. Una sombra venía corriendo en su dirección, y estaba a punto de echársele encima. Quiroga alcanzó a verla, y no supo si sentirse contento o preocupado por su presencia: era Cuco.

3

El sótano de Quiroga, pensó atónito Dan, no era un arsenal: directamente era un jodido cuartel del ejército.
     Armas de todo tipo. Municiones. Radios de onda corta. Mapas extendidos sobre una mesa y colgados de la pared, todos ellos con infinidad de cruces y símbolos trazados con un marcador rojo. Extraños aparatos topográficos. Tres pantallas de LED, dos de ellas apagadas y una, de unas cuarenta y dos pulgadas, transmitiendo en directo lo que parecían datos meteorológicos y geofísicos de diversa índole: de temperatura, humedad, presión, sismográficos, geotermográficos, tectónicos, y un largo e incomprensible etcétera. Pensó que debía haber miles de dólares allí abajo, que Quiroga sólo protegía con una puerta de madera. ¿Y por qué? ¿Cómo era posible que Quiroga fuese tan descuidado? ¿O acaso no le importaban esas valiosas posesiones?
     Dan se acercó al mapa de la pared y contempló las indicaciones que Quiroga había trazado sobre el papel. Se trataba de un mapa cartográfico a colores de la ciudad y sus proximidades, con la montaña cuidadosamente dibujada en un color marrón tierra. Quiroga había señalado la entrada de la mina con marcador rojo, cosa que era perfectamente comprensible. Lo que Dan no podía llegar a entender era el significado de las otras cruces, que se hallaban dispersas a lo largo y lo ancho del pueblo. Contó diecinueve cruces en total, todas ellas con un número misterioso al lado: “1931”, “1677”, “678”, “916” y similares.
     ¿Qué significaría eso? ¿Eran años? ¿Acaso Quiroga habría realizado una compilación histórica de los ataques de las criaturas?
      No lo creía muy factible. Tal vez podría haber encontrado, con mucha suerte, el registro de la desaparición inexplicable de algún vecino en el año 1931, pero dudaba que pudiera haber hecho lo mismo con el año 678, o incluso 1677. En esas épocas no había periódicos, los registros escritos eran escasos, y los pocos que existían se limitaban a informar sobre acontecimientos importantes como muertes de reyes, construcciones, guerras y cosas así. Nada de tabloides al estilo: “Vecino muere en circunstancias sospechosas”. Al menos, no en la edad media. Y mucho menos en estas inhóspitas latitudes sudamericanas.
     Además de las cruces, Quiroga había dibujado una larga línea irregular en color blanca, que atravesaba el pueblo en dirección noreste-sudoeste. Dan notó que la línea pasaba muy cerca de las cruces, como conteniéndolas, y de inmediato, un recuerdo difuso de sus tiempos de universitario atravesó su mente, algún concepto de sus clases de estadística, o de economía… ¿Era el desvío estándar? ¿El coeficiente de variación? ¿Pero de qué?
     Se apartó del mapa bruscamente y comenzó a buscar la droga. Debía concentrarse en eso, para eso estaba aquí. No debía perder tiempo con acertijos que quizás no conducían a nada; ya habría tiempo para ello más adelante. Paseó su mirada por el sótano. Pese al abarrotamiento de cosas que había ahí abajo, persistía el orden y la limpieza; era como si la verdadera vivienda de Quiroga fuese allá abajo y no en la casa de arriba, que tal vez oficiaba como una simple fachada o distracción.
     La mesa con el mapa extendido se veía lustrada y sin una mancha u objeto demás: sólo los necesarios. Más allá, sobre la pared del fondo, se extendía una considerable biblioteca, con gordos y coloridos libros sobre los estantes de hierro. La pared contigua estaba ocupada por las armas, lo mismo que la pared opuesta. Entre la biblioteca y el tablero de armas había un armario: Dan se acercó de una zancada y lo abrió de par en par. Para su desazón, contenía más armas, y dos tubos amarillos que de inmediato le recordaron al lanzallamas. Aunque no eran exactamente iguales: cuando Dan se agachó para examinarlos, pudo darse cuenta por qué: eran tubos de oxígeno para buceo. Estaban conectados a una manguera que terminaba en un regulador envuelto en una pequeña bolsa de nylon. La máscara y las aletas estaban más abajo, en el fondo del último estante. Se incorporó y cerró el armario. Había tantos lugares donde buscar esa jodida droga…
     Se sentó sobre la única silla que había y la arrimó hacia la mesa. Puso ambas manos sobre el mapa. Éste era idéntico al anterior, sólo que no estaba escrito ni dibujado por la mano de Quiroga. Sin dudas el barbudo habría pasado mucho tiempo allí, meditando en soledad sobre el paradero de su hijo, tamborileando los dedos sobre la mesa y observando las pantallas en busca de…
     Tuvo una súbita intuición. Se agachó para mirar por debajo de la mesa. Casi dejó escapar un grito de felicidad.
     Había un pequeño refrigerador allá abajo, de esos que suelen utilizarse en las habitaciones de los hoteles. Estaba enchufado a un tomacorrientes ubicado sobre la pared más próxima, a la altura del zócalo. Dan apartó la silla y se agachó para inspeccionar dentro de él. No había muchas cosas dentro del refrigerador, en realidad sólo tres: una lata de cerveza, un frasco de vidrio sin ninguna inscripción, repleto de un líquido ambarino, y al lado del frasco, una jeringa graduada, sin la aguja.
     La jeringa tenía rastros del líquido ambarino en su interior. Dan no necesitaba más pruebas que esa: el líquido ambarino era, debía ser la droga experimental.
      Sabía que no era una prueba concluyente, que podía haber miles de posibilidades más. Quizás la droga del frasco en realidad no era tal, sino un remedio para la otitis, o un laxante para caballos, o un repelente de pulgas para Cuco. Pero él lo tomaría igual. No quería detenerse a considerar otras opciones. Si lo hacía, sabía que lo ganaría la parálisis, y luego el cansancio y finalmente lo peor de todo: la rendición.
     Así que tomó la jeringa, la hundió dentro del frasco y, con ayuda del émbolo, retiró aproximadamente cinco centímetros cúbicos de aquel líquido color ámbar.
     Se llevó la jeringa a la boca, y luego se detuvo.
     ¿Y si era mucho?
     ¿Y si cinco centímetros cúbicos eran suficientes como para matarlo de un fulminante paro cardíaco?
     Al cabo de unos segundos, decidió que empezaría a probar con un centímetro cúbico, y luego esperaría. Si luego de quince minutos no sentía nada, tomaría otro centímetro cúbico, y si aún seguía sin experimentar efecto alguno, duplicaría la dosis hasta comenzar a sentir algo.
     No era mala idea. De hecho, era una idea totalmente lógica, y debía funcionar. “Salvo que, efectivamente, sea un laxante para caballos: en ese caso, dada mi debilidad, estaré perdido”.
     Volvió a meter cuatro centímetros cúbicos de líquido en el frasco, y el restante se lo llevó a la boca.
     -Mierda- dijo.
     Era amargo e intenso; con razón Quiroga se lo había mezclado con una bebida tan fuerte como el whisky.
     Volvió a sentarse y consultó su reloj: eran las diez y media de la mañana. Si a las diez y cincuenta no pasaba nada, tomaría la siguiente dosis.
     Y que pasara lo que tenía que pasar.

4

     -¡Cuco, no!- gritó Quiroga.
     Pero ya era tarde.
     El supervisor se dio vuelta y luego se escuchó un sonoro disparo, que retumbó e hizo eco en las paredes de la caverna. El perro soltó un gañido: cayó de costado, moviendo las patas como si creyera que aún podía correr. Un agujero rojo había aparecido en su lomo. Dio dos patadas más y luego quedó quieto. Quiroga volvió a gritar y se abalanzó sobre el perro, consciente de que el supervisor podía dispararle a él de un momento a otro. Pero no le importaba, ya nada le importaba, había encontrado a Lucas y éste no lo reconocía, había arriesgado la vida de su perro y éste ahora estaba muerto. Gran parte de su vida ya no tenía sentido y percibía la presencia de un gran vacío negro, que comenzaba a alzarse por sobre todas las cosas como un poderoso maremoto de cuarenta metros de altitud. Abrazó el cuerpo del perro inmóvil y lo acarició, susurrándole palabras de despedida y consuelo. Le acarició las orejas y luego le cerró los ojos. Lo besó. Finalmente alzó su cuerpo, mostrándoselo a Lucas.
     -Acabas de matar a Cuco- dijo-. Lo recuerdas, ¿verdad? Era un cachorro cuando tú desapareciste. Lo adorabas. Yo lo cuidé y lo alimenté, pero siempre fue tu perro. Y ahora está muerto.
     -Te equivocas, viejo. Nunca vi a este perro. Y además, él trató de atacarme.
     -No te iba a atacar. Lo conozco, sé cuándo quiere atacar y cuándo no.
     -¿Qué iba a hacer, entonces?
     Quiroga depositó el cuerpo de Cuco sobre el suelo, con mucho cuidado, y luego se incorporó.
     -Iba a saltarte y a lamerte- dijo-. Él sí te reconoció. Después de siete años, Cuco aún se acordaba de ti.
      -No sé de qué mierda estás hablando- dijo el supervisor, volviendo a apuntarle con el arma-. Y ya me cansó esta charla estúpida. Abel, acompaña a este tipo al sótano. Quiero que permanezca ahí durante dos días enteros, sin comer ni beber.
     -Sí, señor- asintió Abel, y avanzó dos pasos en dirección a Quiroga.
      Pero éste, rápidamente, se puso fuera de su alcance. Miró fijamente a Lucas.
     -No pienso ir a ningún lado- dijo.
     -Entonces te mataré.
     -Hazlo.
     -Aguarden un momento- intervino Abel-. Aguarden un jodido momento. Quiroga, ¿usted sabe lo que es el sótano?
     -No lo sé ni me interesa- contestó Quiroga, sin despegar la vista de Lucas.
     -Pues yo le explicaré. ¿Recuerda el pozo donde lo dejó la criatura? Bueno, a eso le llamamos el “sótano”. Lo dejaremos allí algún tiempo, y luego Eugenio hablará con usted- se dio vuelta hacia el supervisor, asintiendo rápidamente con la cabeza, como un pájaro-. ¿No es verdad, Eugenio?
     “Está tratando de engañarme”, pensó Quiroga. “Creo que este viejo es más peligroso de lo que yo pensaba”.
     Sin embargo, pese a que trataba de mantenerse al máximo alerta, sabía que algo se le estaba escapando. ¿Qué?
     -Exactamente, Abel- contestó el supervisor, sin dejar de apuntar con el arma-. Eso es lo que pienso hacer con el novato. Lo veo muy nervioso, y dice demasiadas estupideces. Aunque si no colabora, no dudaré en meterle una bala en la cabeza.
     Abel miró a Quiroga, alzando las cejas.
    -¿Lo ve? Dos días en el pozo no es tan grave. Saldrá de ahí más rápido de lo que piensa.
     “Algo se me está escapando. Sí. ¿Y por qué carajo Lucas no me reconoce? ¿Está mintiendo? ¿O yo me he vuelto loco y creo ver a mi hijo cuando en realidad estoy contemplando a un extraño?”.
     -Dígame una cosa, Abel- dijo Quiroga, tratando de enfocarse en lo más importante-. ¿Desde cuándo se volvió tan cobarde? ¿Los años aquí abajo lo ablandaron? ¿O es que nació sin pelotas?
     -No, usted no entiende- dijo pacientemente Abel-. Lo hago por el bien de todos. Lo hago…
     “Oh, mierda. La chica. La chica que estaba con Lucas. Desapareció. ¿Dónde mierda…
     -… lo hago por el bien de la comunidad…
     “Detrás de mí. Hija de puta”.
     Comenzó a darse vuelta, pero entonces sintió que algo duro le golpeaba la cabeza, y luego todo se convirtió en oscuridad…

5

Dos centímetros cúbicos resultaron más que suficientes.
     En menos de veinte minutos, Dan se sentía como un hombre nuevo, alguien que acababa de descansar durante diez horas seguidas, aunque en realidad no dormía desde hacía por lo menos tres días.
     Con renovados ímpetus, se dedicó a buscar otras pistas en el lugar, algo que le diera indicios de lo que debía hacer a continuación.
    Ese mapa… esas condenadas cruces rojas, unidas por una línea blanca… ¿qué rayos eran?
    ¿Y los números?
    Estuvo mirándolo durante unos minutos, pero no pudo sacar nada en limpio. Se sentó luego frente a una computadora. No lo hizo por nada en especial, sino porque tal vez él era un hombre de oficina, y su actitud natural era sentarse frente a la pantalla de un ordenador. Movió el mouse de un lado a otro y de inmediato el equipo despertó de su hibernación electrónica y la pantalla se activó.
     Vio que había multitud de documentos y carpetas. Aunque uno de inmediato atrajo su atención.
     Era una carpeta que simplemente decía:
     “Lucas”.
     La abrió.
     Dentro, había veinticuatro videos. Cada uno de ellos duraba entre cinco y veinte minutos.
    Sin pensarlo demasiado, Dan abrió el primero. La fecha del archivo rezaba: 01-07-2007, o sea siete años atrás. Más o menos en la época en que había desaparecido Lucas.
    Apareció la imagen de un Quiroga mucho más joven y pulcro, sin barba y perfectamente afeitado, sentado sobre una silla y mirando hacia la cámara. Dan reconoció de inmediato las paredes del sótano y los estantes de la biblioteca. Aunque de las armas no había rastro.
    Tardó un rato en comprender lo que Quiroga, con voz lenta pero segura, decía en la grabación. Tuvo que retroceder el video varias veces para asegurarse de lo que estaba escuchando:
     “Lucas está muerto”, decía un atribulado Quiroga, con la mirada fija en la cámara.
     “Creo que yo lo maté...”.

(Continuará...)

40 comentarios:

  1. Fuaa. La ultima parte me dejo bastante sorprendido, nose ni que preguntas hacerme jaja. Muy bueno este capitulo Mauro, pero posta, te pasaste con este jajaja.

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    1. Jaja bueno Jonatan, gracias por tus palabras. El viernes publico la continuación, creo que faltan cinco capítulos más (llegaremos al 20). Abrazos.

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  2. Hola Mauro, hace rato que sigo tus historias y la verdad que son fascinantes!!!! pero porque muere CUCO,no es justo pobre perro!!!!
    espero el proximo capitulo
    saludos
    Alberto

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    1. Hola Ezequiel (¿o Alberto?), gracias por escribirme, y me alegra que te gusten las historias que escribo. Yo también lo lamenté cuando tuve que escribir la muerte de Cuco. Un abrazo!!

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  3. Mauro te has pasado!!! Diosssssss no me muerdo las uñas,pero creo que voy a empezar.......uffff a ver......Cuco,pobre.....leal animalillo,Quiroga genio y figura......y los de la cueva,por Dios que agresivos y su " hijo"? Si lo es claro........ahora ya dudo........Dan esta loco por haber tomado la droga!!! Esperemos que le valga de algo........por fa el martes parte nueva!!!! Un abrazooooooiooo

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    1. Hola Manoli, el martes imposible, vengo bastante atrasado con la novela, pero bueno, el viernes habrá mucho más en compensación. Ya estamos llegando al último tramo, creo que lo más emocionante está por venir... Un abrazo para vos.

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  4. Hola Mauro muy buena la historia, me quede enganchada !! espero sigas publicando historias asi de buenisimas Exitoss en todo!!
    saludos
    Sisy.

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    1. Bueno, Sisy, gracias por tus palabras. Supongo que mientras tenga ideas, habrá más historias. Un abrazo y éxitos para vos también.

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  5. Woooow Croche, que historia me quedé con más preguntas que Dan jajaja.
    Pobre de cuco que su propio dueño fuese quien lo mató, y sólo porque no lo reconoció algo que cuco logró hacer, una duda; ¿¿¿que no Lucas es demasiado joven para ser el capataz, siendo que Abel tiene más tiempo ahí abajoporque es Lucas o será porque es de más pantalones que los demás??? Saludos y a esperar la continuación ;-)

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    1. Sííí Raquel, hiciste una de las preguntas clave, efectivamente, el supervisor es demasiado joven para su rol, ¿qué habrá pasado? El viernes habrá algunas respuestas... Pero como siempre, no habrá TODAS las respuestas, eso recién será en el último capítulo jeje. Un abrazo!!

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    2. Mmmmm y yo que pensé que se revelaría todo el misterio, jajaja aunque tu respondes una sola pregunta y dejas muchas más =-O eres verdaderamente ingrato O:-) jajaja qtc es broma, jajaja.

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  6. Pobre Cuco... pero cada vez se pone más interesante, ya quiero saber que es lo que va a pasar con Quiroga y Dan jejejeje eres un genio felicitaciones tus historias son muy pero muy buenas

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    1. Hola anónim@, muchas gracias por tus felicitaciones. Espero que el tramo final de la novela te guste tanto como ahora. Un abrazo.

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  7. Osea Mauro! :( Cuco murió ? Asi por asi? aaaaah!! Mamá! Cuco murió... Lloren conmigo :'( ok ... *toma un respiro* Puedo sobreponerme a esto.. Lo mas raro es que leí esta historia escuchando unos temas de piano melancólicos.. Un gran soldado cayó en batalla... Cuco siempre te recordaremos.... Claro a menos que Dan pueda darle la sustancia levanta lázaros y Cuco resucite jaja La historia de hoy estuvo muy inquietante, Nos diste algunas respuestas y muchas mas interrogantes jaja
    # Al parecer Quiroga estaba mas chiflado de lo que creíamos, Y si el en verdad mató a su hijo? Es una teoría posible pero no la descartaré.

    # Super Dan estará de vuelta a la acción dentro de poco... pero como rayos Quiroga tuvo tanto dinero como para comprar todo eso? algo me dice que su pasado tiene escondidos muchos más secretos que los que me esperaba. Quizás sea un ex agente de la CIA o un narcotraficante con muchas influencias,

    # No me adelantaré con mis conclusiones sobre si es o no Lucas, mejor me espero jaja

    PD: aah soy Roger jaja Saludos Mauro!

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    1. Sí Roger, ya sabía que eras Roger jaja. Hay algunos lectores que comentan siempre, y a pesar de que a veces olvidan poner sus nombres, ya sé quiénes son por su forma de escribir jaja.
      Bueno, como bien dices, será mejor esperar al viernes para que alguna de tus preguntas se responda a mi manera, es decir, respondiendo una pregunta y haciendo otras dos jeje. Y lo de Quiroga... mmm no es exactamente así, pero evidentemente de algún lado sacó el dinero. Ya te enterarás...
      Abrazos!!

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    2. Día 1: Reviso la página, actualizándola una y otra vez con la esperanza de aparezca la parte 16 de la historia, hago todo esto mientras observo con nostalgia los posters de Cuco pegados en las paredes de mi habitación. Crearé una fan page en honor al pulgosamente valiente canino. Primero fue Hachiko, Luego Lassie y ahora, Cuco, Será una leyenda, contaré su historia a mis hijos, nietos, bisnietos. Descansa en paz . Te recordaremos Cuco.

      PD: No estoy bajo efectos de alucinógenos jaja Hasta el viernes

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    3. Enserio amor! Ya deja las mandarinas X_X

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    4. Son mandarinas rociadas con un poco de la droga de Dan jeje.

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  8. Mauro me encanto esta parte estubo muy buena me dejaste con muchas dudas( otra vez) la verdad q esta muy buena la historia me gusta demaciado!!!
    No lo puedo creer murio cuco:(
    Quiroga mato a lucas? A esperar el otro capitulo
    Atte: Denisse

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    1. Hola Denisse, que te deje pensando quiere decir que voy por el buen camino, o al menos eso creo. Lo de Cuco fue lamentable, pero no tuve más remedio que sacrificarlo por el bien de la historia. Por suerte es sólo ficción, yo sería incapaz de matar a una mosca (bueno, a una mosca tal vez sí jaja).
      Un abrazo!!

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  9. Tengo muchas ganas ya de leer el próximo capítulo, la última parte me dejó con muchs intriga. Pero creo que Quiroga no mató a su hijo, sino sería demasiado raro que se dirigiese de esa manera al supervisor si él ya sabe que su hijo está muerto.

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    1. Sí, es una buena deducción. Aunque también podría explicarse porque Quiroga ha matado a su hijo, y luego olvidó que lo había hecho... algo así como un trauma selectivo o cosas así. En todo caso, tus dudas serán despejadas el próximo viernes... Te espero por aquí, estimad@ lector@ anónim@. Abrazos!!

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  10. Mauroooo me dejaste completamente atonita!!! Lucas ya habia muerto?? Y ese tal Eugenio por que es tan sadico? Habra alguna reseña sobre el y como las babosas lo escogieron supervisor? Cuco :'( es una excelente historia... felicitaciones! Soy tu hincha :)
    Con cariño: lucero

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    1. Exactamente, Lucero, lo próximo será explicar cómo es que el supervisor ha llegado a ese rol de líder, de hecho, creo que es una pregunta clave para el desarrollo del resto de la historia.
      Gracias por tus palabras y por leerme siempre.
      un abrazo!

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  11. Eres cruel Mauro.. muy cruel...que te hizo cuco?
    Muy buen capitulo me tienes hipnotizado con esta historia!

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    1. Jaja Cuco no me hizo nada, de hecho mis planes iniciales eran hacer que sobreviviera, pero luego la historia cobró vida propia y pasó lo que tenía que pasar. En realidad es algo muy común, uno a veces planea algo y luego el rumbo se desvía sin que te des cuenta, pero bueno, no pensé que me iba a pasar justo con un perro jeje.
      Un abrazo!!

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  12. Ok! Fin de la historia! Sin Cuco, nada será lo mismo :'( Noooo!!! ...ok! basta de dramas!

    Aun recuerdo los lamentos de mi novio cuando leyó esto, se acercó a mi diciendo: "¡¡NOOO... CUCO NOOO ...CUCO MURIOO!!" . Y yo con una cara de "Quién es cuco?"

    Luego me acordé que hace dos semanas, había dejado de visitar la página :(
    Pero ya volví! *u*...

    Hay muchas incógnitas respecto a Lucas, osea Quiroga no pudo haber matado a su hijo, porque si no, como sería eso de que lo está buscando y recién lo encuentra... a menos que todo sea producto de una locura, la cual aclararía lo de las armas y esas drogas, cómo puede vivir alguien ocultando todo eso?, y poner en peligro Dan por buscar aun hijo que Quiroga probablemente mató?, a menos que ese video solo esa una expresión por la tragedia e impotencia de no saber que cosa se llevó a su hijo, ya que Cuco no puede mentir, le iba a lamer la carita :'( ... aunque tal vez el perro estaba medio loco!
    AAaaahhh muchas dudas, pero me esperaré al martes! .... Habrá continuación el martes verdad? :( di que shiiii!!!!! *carita triste* sshiiii???

    Pd: ¿Qué fue lo que te motivó a inspiró a escribir este cuento, de dónde sacaste la idea? Me encanta :D

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    1. Jaja pobre Roger, en ese sentido el cine aventaja a los libros, porque uno puede ver una película en compañía, pero es más difícil leer un libro de a dos (salvo que los dos tengan el mismo ritmo de lectura, algo casi imposible).
      Me será imposible publicar el martes, así que tendrás que poner tu carita triste jeje.
      Y en cuanto a de dónde saqué la idea de este relato, todo empezó en el capítulo 1, yo pensaba escribir un cuento corto en donde un hombre percibía en la oscuridad que su mujer comenzaba a levitar, y cuando encendía la luz veía algo en el techo y el hombre gritaba y se hacía en los pantalones y fin del cuento, pero evidentemente, estos personajes cobraron vida propia y se negaron a desaparecer en un cuento de cinco páginas. Así de sencillo. Después apareció Quiroga y la novela empezó a tomar forma, me sucedió algo similar con "Los moradores del polvo", sólo que ésta es mucho más larga.
      Bueno, te mando un abrazo, nos encontraremos el próximo viernes!!

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    2. Ta taaan! (intervengo aquí) osea que los personajes mismos puede llegar a dominar al autor, haciendo alargar su existencia en la historia? jaja Ya verás mauro, el alma de cuco te morderá los pies en la noches, ya verás ya verás... Armaré mi caravana e iré por la calles exigiendo la resucitación de cuco !

      PD: estoy un poco hiperactivo

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    3. Es enserio??? :'( nuuuu!!!
      Y yo toda esperanzada en que hoy leería algo mas ... en fin...
      Los moradores del Polvo! Como olvidar esa historia, me encantó y aun me encanta es de mis favoritas.
      Entonces no vemos el viernes! Jump! *berrinche*
      PD1: ]A roger se le pasó la dosis de mandarina!
      PD2: Me olvidé de mis apapachos pandosos!! Así que te los envío y espero que los recibas bien si no se resienten! :3

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    4. Si la vas escribiendo asi como haces para registrarla?

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    5. "El alma de Cuco te morderá los pies" jaja eso sí que es un efecto mandarina potenciada, Meli empieza a vigilar lo que consume este muchacho...
      Meli: apapachos para vos también!!
      Anónimo: la voy registrando capítulo a capítulo a través de safecreative, es un registro que precisamente sirve como prueba y fija los derechos de autor.
      Saludos!!

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  13. confundida al mil o.0 att kary

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    1. No te confundas, no es para tanto, el viernes verás Kary. Abrazos!!

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  14. Wooooo...tenaz!!! Sera q quiroga esta loco? Si sera lucas? Q pasara con dan? Quiroga pq tenia el traje de buso y si no esta loco? Oooooh cuco..... mauro como siempre eres el mejor y me fascina lo q escribes...solo te pido q escribas maaaaaas..!!!

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    1. Hola Alexandra, veo que te pusiste al día con todas las historias, ahora te tocará esperar la conclusión de la novela jeje. Y escribo más cosas, de hecho ahora estoy escribiendo una miniserie y terminando mi segunda novela, pero bueno, no todo publico en el blog, aquí sólo subo algunas historias. Un abrazo y te espero el próximo viernes!!

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    2. claro que me puse al día...hasta me trasnochaba...wooo lo vales...solo se que todo lo escribes ha de ser sensacional así como en el blog o mas... .. felicitaciones mauro eres excelente ...!!!

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  15. Increíble giro en la historia! Hasta me imaginé en cámara lenta como corría Cuco hacía el supervisor con ganas de darle afecto y este ultimo disparándole a sangre fría. Y después como Dan veía el monitor repitiendo esa parte del video hasta escuchar claramente la última línea del capítulo.

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