CAPÍTULO 23



1

En la oscuridad de la caverna de las babosas, el cuerpo fláccido de Quiroga se estremeció y giró sobre sí mismo.
Como un péndulo, colgaba de los tentáculos de una enorme criatura, mezcla de madre y líder guerrero, que sujeta a las rocas del techo introducía un apéndice dentro del cuerpo del hombre y hablaba dentro de su mente. Otras cien o más babosas los rodeaban. Estaban pegadas a las paredes, a los techos, apoyadas en cada saliente e introducidas en cada grieta, formando entre sí una masa abigarrada y gelatinosa que parecía extenderse hasta los confines mismos de la oscuridad. Sus tentáculos, sus miles de tentáculos oscuros y resbaladizos, se agitaban en el aire y se entrelazaban entre ellos como serpientes en busca de calor, enroscándose en las piedras y en las estalactitas, y también en las piernas y brazos de Quiroga.
Y Quiroga escuchaba.
Escuchaba a las criaturas, escuchaba sus palabras hipnóticas y susurrantes, atrayentes e irresistibles, como una melodía demasiado terrible y hermosa para dejar de escucharla siquiera durante unos breves instantes.
Las criaturas le contaron de sus planes.
De sus deseos.
De lo que esperaban de él.
De lo que planeaban hacer con la gente ahí abajo.
Y lo que era peor, lo que en cierta manera no podía evitar pese a que luchaba conscientemente contra ello: Quiroga comenzó a creerles.
Las palabras de las criaturas tenían sentido y lógica. Era difícil rechazar sus argumentos. “Queremos lo mejor para ti”, le decían las criaturas. “Queremos que los humanos aquí abajo tengan la mejor vida posible…”.
“QUEREMOS QUE VIVAS CON TU HIJO EN PAZ Y ARMONÍA. QUEREMOS QUE ENMIENDES LOS ERRORES DE TU PASADO Y TE CONVIERTAS AL FIN EN EL PADRE HONRADO Y BENEFACTOR QUE SIEMPRE HAS DESEADO. PODEMOS CONCEDERTE ESA OPORTUNIDAD”.
“¿Pero cómo? ¿Nos dejarán salir? ¿A Lucas y a mí?”.
“NO PODEMOS HACER ESO. NO PODEMOS DEJAR MARCHAR A NADIE. PERO TE HEMOS ESTADO OBSERVANDO. DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS. VIMOS TU ESPÍRITU DE LUCHA Y TU VOLUNTAD INQUEBRANTABLE. ADMIRAMOS ESAS CUALIDADES EN LOS HUMANOS”.
Quiroga meditó sobre estas palabras. Había algo que estaba mal en el discurso, que desencajaba, pero él no podía darse cuenta de qué. Su cabeza… su cabeza pesaba tanto…
“¿Estuvieron observándome? ¿Todos estos años? ¿O sea que sabían que yo quería encontrarlos?”.
“CLARO QUE SABÍAMOS. ESTUVISTE CERCA, MUY CERCA DE ENCONTRARNOS… Y FUE POR ESO QUE DECIDIMOS IR A TU ENCUENTRO. YA ESTABAS PREPARADO”.
En su mente, Quiroga emitió un bufido de perplejidad.
“¿Es decir que, cuando encontré a uno de ustedes, fue porque ustedes lo planearon así?”.
“ENVIAMOS A UNO DE LOS NUESTROS A TU ENCUENTRO, SÍ”.
“¡Pero lo maté! ¿Es que acaso no lo saben?”.
“ENVIAMOS A UNO DE LOS NUESTROS QUE ESTABA MUY ENFERMO, Y QUE DE TODAS MANERAS IBA A MORIR MUY PRONTO”.
“¿Pero por qué?”.
“PORQUE TE NECESITAMOS”, dijo otra voz, esta diferente a la que hasta entonces había hablado con él. Y, como si se tratara de una señal, decenas de voces comenzaron a hablar dentro de su cabeza, superponiéndose entre sí, mezclándose como se mezclaban sus tentáculos, aunque las palabras resultaban a sus oídos inexplicablemente claras e inequívocas:
“NECESITAMOS QUE LIDERES A LOS HUMANOS…”
“NECESITAMOS ALGUIEN CON TU ARROJO Y VALENTÍA…”
“TU LEALTAD…”
“PRONTO SEREMOS MÁS…”.
 “NO TIENES NADA ALLÁ ARRIBA…”.
“AQUÍ ABAJO PODRÁS TENERLO TODO…”.
 “NOS EXPANDIREMOS Y FORMAREMOS MÁS COLONIAS…”.
“NECESITAREMOS MÁS HUMANOS…”.
“LUCAS ES BUEN LÍDER PERO SU JUVENTUD LO TRAICIONA…”.
“TÚ SERÁS MEJOR Y LO GUIARÁS HACIA ESTA NUEVA ETAPA…”.
“ERES, SIEMPRE HAS SIDO EL INTEGRANTE NÚMERO DIEZ”.
Las criaturas callaron al unísono. Se hizo un largo silencio que sólo fue roto por el zumbido de aquella misteriosa maquinaria en las profundidades de la cueva. La mente de Quiroga era un torbellino. ¿Cuánto de cierto había en las palabras de las criaturas? ¿Y si resultaba que todo era una gran verdad, la ÚNICA verdad? Se sentía incapaz de pensar con claridad. Había algo… algo que se le estaba escapando…
“TAMBIÉN CONOCEMOS TU NECESIDAD”.
“TU DESEO”.
“TU CUERPO TE LO PIDE”.
“Y TU MENTE TAMBIÉN”.
Quiroga frunció el ceño. ¿Sería posible que supieran eso también? ¿O era una trampa?
“¿De qué están hablando?”, trató de ganar tiempo. “¿Qué es lo que yo quiero?”.
“SABES MUY BIEN DE LO QUE HABLAMOS”.
“PODEMOS OTORGÁRTELO”.
“SABEMOS LO MUCHO QUE LO QUIERES”.
Por supuesto que lo sabían. En el momento en que le habían introducido ese tentáculo dentro del cuerpo, habían indagado dentro de él, descubriendo todas sus virtudes pero también sus debilidades. No tenía sentido negarlo: ellas sabían lo de la droga, la que había dejado en el refrigerador del sótano, la que Quiroga consumía regularmente desde el último año y medio, desde que había salido de la cárcel. Con sólo pensar en ella, su mente se estremeció de avidez y sus puños se cerraron con fuerza, hasta palidecer sus nudillos. Sabía que aún no sentía todo el peso de la abstinencia porque había probado la droga alrededor de veinticuatro horas antes, antes de salir hacia la mina con Dan, pero si seguía sin consumirla durante unas pocas horas más…
La angustia lo invadió y le hizo cerrar fuertemente los ojos. Estaba atrapado. En todos los sentidos posibles. Y lo peor de todo era que las criaturas lo sabían, y trataban de manipularlo utilizando este conocimiento. Si aquello fuese una partida de ajedrez, estaría a sólo un movimiento del jaque mate.
Sus puños se contraían y se aflojaban, se contraían y se aflojaban.
“¿QUÉ DICES?”.
“NECESITAMOS TUS RESPUESTAS”.
“PODEMOS CONSEGUIRTE LA SUSTANCIA QUE TANTO ANHELAS”.
“AHORA MISMO”.
“PODRÁS VIVIR CON TU RETOÑO AQUÍ ABAJO DURANTE MUCHOS AÑOS”.
“Y TODOS TUS SUFRIMIENTOS DESAPARECERÁN….”


2

Alrededor de veinte minutos después, un aterido y tembloroso Quiroga hacía pie en la orilla opuesta del río, donde Lucas lo aguardaba junto a Abel. Había otra figura, sentada sobre las piedras: cuando alzó la vista y clavó sobre él sus ojos fulgurantes, Quiroga se dio cuenta de que se trataba del Tira-Piedras.
Su rostro era un bofe tumefacto. Tenía cerrado uno de sus ojos y restos de sangre coagulada le manchaban el cuello de su mugrienta remera.
Quiroga ni siquiera le dedicó dos segundos de atención. Se acercó a Lucas, que lo observaba pálido y con los labios temblorosos.
-¿Por qué estás aquí de regreso?- quiso saber el muchacho. Su voz era alta y atiplada, como la de alguien a punto de sufrir un ataque de nervios-. ¿Qué fue lo que te dijeron las criaturas?- de repente abrió los ojos, y una súbita y dolorosa comprensión pareció dibujarse en sus tensas facciones-. ¿Me reemplazarán? ¿Fue eso lo que vienes a decirme? ¿Tú serás el nuevo líder?
Al escuchar esto, tanto Abel como el Tira-Piedras profirieron un gemido asombrado. El Tira-Piedras se levantó como si tuviera resortes e increpó a su jefe:
-No digas eso, Eugenio. ¡Eres el mejor líder de todos! ¡No tienes comparación!- miró a Quiroga, en un gesto de asco y odio que pareció traspasarlo como un viento ardiente-. Y él… él, en cambio, no es nadie… Es un pobre viejo…
-Un pobre viejo que te dio una paliza- asintió Quiroga. Pero había decidido no prestarle demasiada atención, así que se dirigió a Lucas-. Las babosas me dijeron todo. Sé que eres mi hijo. Ya no tiene sentido negarlo. Sé por qué te pusiste ese nombre. Eugenio. Eugenio Vernis. Debí haberme dado cuenta antes, pero es que en aquellos tiempos estaba tan enceguecido por el alcohol y el odio, que no prestaba atención a las cosas importantes. Entiendo por qué huiste de casa, por qué quisiste venir aquí abajo con las babosas.
-Eugenio, ¿de qué mierda está hablando este viejo?- gritó el Tira-Piedras. Era evidente que sentía una devoción ciega por su jefe, a tal punto que daría su vida por él. Pero Eugenio no le respondió; miraba fijamente a Quiroga, palideciendo cada vez más. El Tira-Piedras hizo amague de ir tras él, pero luego, quizás recordando la paliza recibida en el pozo, se echó atrás e insistió con su pregunta:- ¿Eugenio? ¿Por qué no lo callas de una vez? ¿Por qué no lo pones en su jodido lugar?
-Vete- susurró Lucas. Parecía que le faltaba el aire en sus pulmones. Por primera vez parecía débil y desprotegido, y Quiroga luchó contra las ganas de abrazarlo-. Váyanse, tú y Abel. Déjennos solos.
-Eugenio, yo creo que esto…- comenzó Abel, pero Lucas lo cortó con un súbito grito:
-¡Váyanse de aquí, he dicho! No te atrevas a discutir conmigo…
Los otros dos hombres, recelosos y dubitativos, obedecieron. Regresaron sobre sus pasos, subiendo por la pendiente, y luego desaparecieron detrás de las rocas. Lucas los observó marcharse en silencio, y luego volvió la vista hacia Quiroga.
-Sabía que tarde o temprano volverías, y que harías de mi vida un infierno otra vez- dijo, enrojeciendo intensamente-. Traté de negar la realidad, de engañarte a ti y a los demás y a mí mismo, y creo que esa fue mi peor equivocación.
-Lucas, te he buscado… Durante los últimos siete años…
-¿Y crees que a mí me importa?- estalló Lucas de súbito. Su mano buscó algo bajo su remera. Quiroga adivinó que se trataba de la pistola, pero no hizo nada para detenerlo-. Han pasado muchos años, pero aún recuerdo… Recuerdo el odio que sentía hacia ti. El miedo. La impotencia. Las palizas que me dabas. Pero sobre todo recuerdo a mamá. Cada vez que trato de recordarla, me viene la imagen de mamá tirada en el piso, sangrante y con la nariz rota, o recostada en una cama del hospital con la cara hecha pedazos. ¿Crees que por haberme buscado, voy a olvidar todo eso? ¿Acaso piensas que voy a perdonarte alguna vez?
-Lucas…- dijo Quiroga, pero no pudo decir nada más. Sabía que la lógica de Lucas era irrefutable, que no tenía sentido discutir con él, sencillamente porque no había argumentos frente a aquella muestra de desesperación y congoja. Lucas sacó la pistola y le apuntó a la cabeza, y Quiroga lentamente se arrodilló ante él, sollozando en silencio.
-Sé que al hacer esto me estoy condenando con las criaturas, pero no voy a permitir que vuelvas a adueñarte de mi vida- murmuró el muchacho, temblando de pies a cabeza. Gruesos lagrimones corrían por sus mejillas. Su mano temblaba incontrolablemente pero aún así Quiroga supo que no erraría el tiro. No a esa distancia.
Pensó que ya no le interesaba demasiado.
Pensó que lo merecía largamente. ¿Qué quedaba de él, aparte de unos despojos de carne y huesos, y una mente atrofiada por las adicciones?
Lucas soltó un grito de angustia y retiró el seguro de la pistola. Quiroga cerró los ojos. “Ahora”, pensó. “Es ahora, hijo. No solucionarás nada con esto, de hecho te meterás en un Infierno del que jamás podrás salir, pero si te ayuda a ahogar un poco la rabia que cargas desde tanto tiempo, entonces bienvenido sea. Yo no tengo más que hacer aquí”.
Esperó el tiró final, la atronadora explosión que acabaría con su vida en menos de un microsegundo, pero ésta no llegaba. Entonces creyó escuchar un ruido a sus espaldas.
-¿Qué carajo?- escuchó que decía Lucas.
Quiroga, muy lentamente, se dio vuelta para ver. En el centro del ojo de agua estallaban burbujas. Eran pequeñas al principio, pero se fueron haciendo más grandes conforme pasaban los segundos.
Y había algo… una sombra que ascendía por el agua a toda velocidad…
Instantes después, una cabeza rompió la superficie y tomó una desesperada bocanada de aire. Agitó los brazos unos segundos, pero luego volvió a hundirse y ya no regresó.
-Dan- dijo Quiroga-. No puedo creerlo. Es él.
-¿Quién?
-Mi compañero… Alguien que…- se incorporó, mirando cautamente a Lucas-. Iré a ayudarlo.
-No irás a ningún lado.
-Lo siento, debo ir. Puedes dispararme a la espalda si quieres.
Sin esperar respuesta, se dio vuelta y se zambulló en las frías aguas del río.

3

 Lucas se quedó esperándolo, moviéndose nervioso de un lado a otro. Tenía ganas de gritar y de golpear y de descargar su furia con alguien, con cualquier cosa. Si en aquel momento hubiese estado Abel en las cercanías, le hubiese dado un golpe como acostumbraba a hacer siempre que se sentía nervioso. Al cabo de unos veinte segundos, su padre sacó la cabeza y gritó:
-¡Ayúdame, Lucas!
Lucas no se movió. Su padre nadaba hacia la orilla trayendo del cuello al misterioso hombre, que parecía inconsciente o muerto. Quiroga pisó tierra firme y depositó el cuerpo del hombre sobre el suelo. Jadeaba y escupía agua. Palpó su pecho y algo le llamó la atención, algo oculto detrás de su traje de buzo. Levantó la espalda del hombre y retiró un pequeño bolso de mano, herméticamente cerrado con un envoltorio de algo que parecía ser nylon. Quiroga pareció reconocer ese bolso, porque lanzó una exclamación de entusiasmo y comenzó a retirar el envoltorio a los manotazos.
-¿Qué es? ¡Te ordeno que me digas que es!
Quiroga terminó de sacar el envoltorio y abrió el bolso. Para sorpresa y angustia de Lucas, que retrocedió alarmado, allí dentro había una docena de cartuchos de dinamita.
Estaba por ordenarle que arrojase ese bolso cuando el agua detrás de Quiroga se sacudió. Aparecieron unos furiosos tentáculos que se enroscaron en torno a las piernas de Quiroga. Su padre, casi sin inmutarse, encendió el cartucho con una baliza y lo arrojó al agua, hacia el sitio donde emergían los tentáculos. La explosión fue atronadora y provocó una especie de nube de agua de unos tres metros de diámetro. También se escuchó un largo y tenebroso grito de agonía, que estremeció a los hombres presentes en la orilla. Los tentáculos que sujetaban a Quiroga de repente se tornaron laxos, y comenzaron a alejarse rumbo al centro del ojo de agua. Y luego, para espanto de Lucas, una de las babosas emergió del agua, su carne negra y pulposa flotando como un trozo de alga podrida. Estaba muerta. No habían transcurrido más de unos pocos segundos desde el momento en que Quiroga había salido del agua junto con el otro tipo, y ahora todo había cambiado irremisiblemente, sin posibilidad de marcha atrás.
-La mataste- murmuró Lucas. Percibió que detrás suyo aparecían sus compañeros, atraídos por el ruido. Escuchó que Abel ahogaba un grito de dolor, y una mujer, quizás Kathia, repetía una y otra vez: “¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado?”. Lucas señaló a la criatura muerta, que ahora giraba lentamente en un remolino invisible, sus tentáculos flotando en derredor como las aspas de un molino-. Esto traerá consecuencias. Lo sabes, ¿verdad?
Pero su padre, lejos de mostrarse horrorizado frente a esta ineludible verdad, mostró una triste pero relajada sonrisa, y luego alzó el bolso con la dinamita dentro.
-Con esta van dos- dijo, indicando con la mano libre a la criatura muerta-. Me quedan otras ciento veinte babosas, y seremos libres. Ven conmigo, hijo. Sé que jamás podrás perdonarme, pero es hora de hacer algo con toda esta mierda.

4

Dan tosió y vomitó un chorro de agua. Estaba volviendo a la consciencia lentamente, pretendiendo creer que todo se trataba de una pesadilla. Escuchó las palabras de Quiroga: “Es hora de hacer algo con toda esta mierda”, y se dio cuenta de que no, no era ningún sueño. Abrió los ojos. Se encontraba en una especie de caverna gigantesca, con enormes estalactitas pendiendo sobre su cabeza. Quiroga hablaba con un chico y parecía discutir con él; vio que el chico tenía un arma en la mano. Detrás del muchacho, unas siete u ocho personas se congregaban silenciosas, como los miembros de una secta a la espera de las órdenes del sacerdote carismático. Vio que en ese grupo había jóvenes y viejos, mujeres y hombres, y todos ellos parecían temerosos y enojados por algo. Dan se dio vuelta y volvió a vomitar; parecía que sus pulmones alojaban unos diez litros de agua. Había estado a punto de ahogarse, eludiendo a la muerte por muy poco… ¿y quién lo había rescatado? Ya no recordaba eso. El mundo se había sumido en tinieblas segundos después de que la criatura lo hundiera en el río otra vez. Recordaba que había pensado: “Mierda, estuve tan cerca de lograrlo…” y luego su mente había experimentado un gigantesco y repentino apagón.
-Quiroga…- trató de decir.
Pero el barbudo no prestaba atención. En su mano tenía el bolso con la dinamita. Dan escuchó en una ráfaga lo que decía el chico:
-No entiendes… no has entendido nada…
Y Quiroga:
-Podemos lograrlo. Podemos salir de aquí…
Dan no comprendía la escena. Su condición física no ayudaba mucho tampoco. ¿Dónde rayos estaban? ¿Por qué aquel muchacho se negaba a salir de aquel lugar? ¿Y por qué los otros parecían, efectivamente, los oscuros miembros de una secta diabólica?
-Debes ponerte de un lado- decía Quiroga-. Debes elegir el bando, hijo. No puedes permanecer aquí abajo toda tu maldita vida.
-Hace rato elegí el bando- murmuró el chico-. No tenemos ninguna chance de salir de aquí. Debes entenderlo, yo debo cuidar de los míos…
En ese momento, se escuchó un rugido borboteante, que a Dan le resultó desagradablemente familiar. Todos giraron la vista hacia la fuente de aquel sonido; algunos alzaron unas extrañas bolas azuladas e iluminaron el otro lado de la orilla. Alrededor de una docena de babosas estaba saliendo de una cueva. Se movían a una velocidad pasmosa y sacudían sus tentáculos como látigos escurridizos. Se metieron en el agua y luego desaparecieron de la superficie, levantando pequeñas olas. Quiroga retrocedió un paso y el chico hizo lo mismo.
-Vienen hacia aquí- dijo el chico. Se notaba que quería mantener la calma, como si quisiera demostrar que tenía el asunto bajo control, pero lo cierto es que parecía muy asustado y sus ojos no dejaban de escudriñar las oscuras aguas en busca de las criaturas-. Las babosas no tolerarán esto. Los matarán…
De repente, los ojos del chico se pusieron blancos y comenzó a echar espuma por la boca. Era como si hubiese sufrido una repentina descarga eléctrica… y Dan, aún aturdido como estaba, se dio cuenta de que la comparación no era tan descabellada. Tenía las manos convertidas en puños, las venas del cuello y de la frente nítidamente marcadas, como si se encontrara haciendo un esfuerzo descomunal. Quiroga se apresuró a sujetar al chico, y un viejo que permanecía detrás, junto con un tipo que tenía la cara destrozada por golpes o contusiones, señaló que lo dejara tranquilo, que no lo molestara, “porque las criaturas tienen contacto directo con él”. Quiroga no le prestó atención, y el tipo que tenía la cara como una bola de carne picada cruda se adelantó con los puños en alto.
Quiroga quitó el arma de las manos del chico y apuntó hacia el atacante, quien de inmediato se detuvo y palideció por el susto.
-¡Dan!- gritó Quiroga, mientras con una mano sostenía al chico inconsciente y con la otra apuntaba hacia el grupo de seis o siete personas, que cada vez parecía más enardecido-. ¿Me escucha, Dan? ¡Debe levantarse y venir conmigo! ¡Ahora! ¡Mueva ese culo, imbécil!
“¿Es que no sabe que estuve a punto de ahogarme?”, pensó Dan, pero aún así se incorporó y, ayudado por una de las grandes piedras de la orilla, consiguió mantenerse en pie. Sus piernas parecían dos ramitas secas a punto de quebrarse, pero de todas maneras pensó que lo sostendrían durante unos minutos más.
-Debemos correr, Dan. Yo cargaré a Lucas, pero no podré manejar el arma al mismo tiempo. Tome.
Antes de que Dan tuviera tiempo siquiera de pestañear, tenía el arma en la mano. Percibió la mano dura y amplia de Quiroga que lo empujaba por la espalda y comenzó a mover las piernas. El viejo se interpuso en el camino, pero Quiroga, que ya había comenzado a cargar con el chico, lo apartó de una patada. El viejo cayó sentado sobre el suelo y Quiroga advirtió:
-¡Al próximo que quiera meterse en el camino, mi compañero le dará un tiro entre los ojos!
Ninguna de las otras personas movió un pelo. Pero miraban a Quiroga y a Dan con ojos asesinos. El viejo se levantó, ayudado por una chica de unos veinte años, y luego imploró:
-Por favor. No le hagan daño a Eugenio.
-Es mi hijo- escuchó que decía Quiroga entre dientes, aunque no parecía una respuesta, sino algo que se prometía a sí mismo:- No le haré daño. Nunca más.
Dan volvió la vista al frente, el arma apuntando cautelosamente hacia el techo, y luego siguió corriendo.

(Continuará...)

22 comentarios:

  1. mis mas sinceras disculpas mauro por el comentario del capitulo anterior, soy un hombre de poca fe. que buen capitulo, me encanto... dinamismo, explicaciones, emocion, accion. lo concentraste todo sin perder el hilo y acercandonos a un buen final. no me defraudas nunca.

    un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No tenés que pedir disculpas por nada Hernán, si me pareció genial tu comentario, cada vez que alguien me pone algún "pero" yo aprendo mucho y me sirve como experiencia, sobre todo con esta novela, donde las cosas se hacen sobre la marcha.
      Bueno, me alegra que te haya gustado el capítulo, estoy seguro que el del martes te gustará todavía más.
      Abrazos!!

      Eliminar
  2. Mauro te sigo desde hace muchos meses atrás, he tenido la dicha y la fortuna de leer todas y cada una de tus historias, soy escritor de poesía y admito mucho tu trabajo, la forma en la que escribes, tu léxico y lo mas importante para cualquier escritor lograr sumergir e inmiscuir al lector en sus escritos de modo que este sienta que esta observando de manera visual los acontecimientos que ocurren en el escrito. Sin duda alguna me atrevo a firmar que tengo ante mi el mas grande escritor en el genero del terror y el suspensos. Felicidades Mauro Excelente novela(al igual que el cuento de terror "Los moradores del polvo") tienes mucho futuro por delante, aunque tu presente es igual de sorprendente.
    Mis mas sinceras admiraciones para vos.
    Desde Colombia
    Luis

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jaja es mucho Luis, te pasaste un poco con el comentario, pero bueno, igual se agradecen tus hermosas palabras. Eso que mencionás sobre "inmiscuir al lector" es algo que siempre busco en las historias, por sobre todas las otras cosas, si alguien me dice que la historia está bien escrita, tiene personajes creíbles, pero que no se sintió identificado o involucrado, entonces sé que el relato fracasó. Cada autor tiene su manera de enfocar sus escritos, y esa es simplemente la mía, no sé si está bien o está mal, pero es lo que yo hago. Y sé perfectamente que no soy, como dices exageradamente, "el más grande escritor de terror del mundo", ni siquiera el mejor de sudamérica, ni siquiera de mi país, ni siquiera de mi ciudad, pero sí de la calle donde vivo jaja.
      Un abrazo, muchas gracias por escribir!!

      Eliminar
  3. sabia que valia la pena. la espera me dejas en shock cada semana y mee desespero ya kiero leer el final publicaras el martes mau att kary

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí Kary, el martes publico sí o sí, porque el viernes 31 dejaré momentáneamente de lado la novela, para publicar un cuento que escribí con motivo de la noche de brujas. O sea que publicaré la novela este martes y el siguiente. Abrazos...

      Eliminar
  4. Hola Mauro.
    Lo sabia... Quiroga no se dejaría convencer. Habrá cometido errores, pero es hora de reinvindicarse. Es un duro.
    Que fuerte la escena del enfrentamiento entre Quiroga y Lucas.
    Y el suertudo del día sin dudas es Dan, mira que aparecer justo donde estaba Quiroga para que lo salven.
    Ahora que Quiroga y Dan están juntos de nuevo podrán hacer algo y quizás logren escapar.
    Buen capitulo Mauro, 100% adrenalina.
    Ojala puedas publicar este martes pues la ansiedad ya me agarró, jajaja.
    Un abrazo mi buen Mauro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que Quiroga es de los bravos Eduardo jaja.
      Y eso de que Dan tuvo suerte porque justo estaba Quiroga para salvarlo... bien, jeje, es la parte que menos me cierra de la novela, es una casualidad demasiado grande, casi podría decirse que es increíble, pero bueno, cuando llegue el momento de sentarme a corregirla veré si puedo hacer algo con eso.
      El martes publico otro capítulo, creo que faltan sólo tres.
      Abrazos!!

      Eliminar
    2. Manuel Vargas aun no zombie25 de octubre de 2014, 22:39

      jajajajaja no te preocupes hermano, peores coincidencias se han visto en hollywood y han ganado un oscar jajajajajajjajajaja deja asi lo de dan esta bueno

      Eliminar
  5. Mmmm ha valido la pena la espera! Jejje me encanto mientras leía estaba alucinada lo veía todo como una pelicula. Me encanto me alegro de que fan se haya salvado lo que no entiendo es que una babosa lo haya agarrado para ahogarlo....veremos. Saludos
    Arte: alba

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Alba, lo de por qué la babosa quiere ahogar a Dan... bien, yo creo que porque simplemente no es bienvenido, ellas consideran que ya tienen los diez humanos que necesitan de esclavos, y cualquier otro que se inmiscuya, tendrá como resultado la muerte (como le pasó al pobre e inocente Arreaga). En el próximo capítulo verás que pueden ser muy jodidas cuando se enojan jeje.
      Abrazos!!

      Eliminar
    2. Manuel Vargas aun no zombie25 de octubre de 2014, 23:15

      Aja !!!!!!!!!!!!!! asi que si lo que las babosas-pulpos si es convertir a todos en esclavos!!!!!!!!!!!, lo sabia!!!!!!!!!!, ahora si las descubri!!!!!!! jajajajajaja

      Eliminar
  6. Hola Mauro:
    es impresionante como me envuelves en la historia eres un muy buen escritor me dejas muy anciosa por leer el final..sigue asi nutriendonos con historias de terror.Un saludo y abrazos..
    Lina de paraguay

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Lina de Paraguay!! Como digo más arriba, en otro comentario, uno de mis objetivos es precisamente ese, que el lector quede "envuelto" en la historia y la viva como si pasara delante de sus ojos. No siempre lo logro, pero al menos esa es mi intención.
      Abrazos!

      Eliminar
  7. Maaaaauro! Quiero botar el telefono por la ventana porque me dejas con las ganas de leer mas! Eres un maestro! Wow... de verdad admiro mucho tu talento, me haces poner la piel de gallina. Y que carajos tiene lucas en la cabeza? Presiento que ese "detallito" que se le escapa a Quiroga sera de super importancia. Muchos abrazos desde Perú <raizde9
    atte: lucero

    ResponderEliminar
  8. Manuel Vargas aun no zombie25 de octubre de 2014, 23:31

    bueno mucho tiempo sin comentar, por lo tanto:
    que bueno que el 31 habra historia la verdad ya hace falta no???

    maldito Quiroga maltratador de mujeres eso si que es despreciable en cualquier manera( aunque despues se convirtio en la leyenda con la que asustaban a chuck norris de pequeño)

    maldito Lucas, que tiene en la cabeza?????, me parece que es como demasiado drama para que al final termine sacrificando su vida por el peligro que corre cu padre...

    maldito Dan... como es posible que no le haga nada a esa mujersota que le enseño a bucear??????

    maldita Liana, ya se nos olvido a todos verdad??????

    EL MADRID GANO HOY AL BARCA. como dato curioso


    espero no tardar tanto la proxima ves saludos y donde esta la Ely???????
    si ya se suena como a nombre de novela verdad???
    "Y DONDE ESTA ELIZA????"
    JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
    saludos desde3 El Salvador

    ResponderEliminar
  9. POR FAVOR QUE CAPITULO!!!!cada vez estamos descubriendo mas cosas. Dan y Quiroga se rencuentran y Dan esta cada vez mas cerca de Liana el martes me voy a quedar hasta las 3 de la madrugada y voy a hacer la primera en comentar jajaj . Tengo dos preguntas ¿Que paso con Liana?¿Sigue viva? Y la otra ¿Cuantos capitulos quedan para que termine la historia? Espero que falten muchos jejejje bueno saludos que pases un lindo domingo beso
    Atte:Denisse

    ResponderEliminar
  10. Ami me asusto la De la muñeca esta De poca haha buen trabajo Mauro :)

    ResponderEliminar
  11. Bueno aquí estoy poniéndome con las historias jaja. Buenísima esta parte.

    ResponderEliminar
  12. Que emocionante, todo se revela y sser siente como ser aproxima el final! me pregunto como terminará

    ResponderEliminar

Más Cuentos de Terror:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...