Las Crónicas Sobrenaturales de Milena Crow: "Tabla Ouija"

La siguiente es la primera de las muchas entrevistas que la colaboradora y periodista freelance Milena Crow ha hecho para www.666cuentosdeterror.com. Las notas de Milena están orientadas a temas sobrenaturales, y buscan el testimonio directo de los involucrados. Ésta en particular trata sobre la famosa tabla ouija, que unos adolescentes de la localidad de Junction City, hicieron en Octubre de 2012, con consecuencias que hasta el día de hoy siguen afectando sus vidas. Milena realiza la entrevista y yo la paso a texto. Espero que la disfruten… si es que puede decirse algo así.

LAS CRÓNICAS SOBRENATURALES DE MILENA CROW: “TABLA OUIJA”
Entrevista: Milena Crow
Texto: Mauro Croche

Cuento de terror tabla ouija
La entrevista tiene lugar en la casa de Patricia Nores, que vive en un barrio latino de Main Street, Junction City, junto con su abuela de 82 jóvenes años. Mientras la señora realiza los quehaceres domésticos con sorprendente jovialidad, Patricia me hace sentar en uno de los sillones del living y, café de por medio, comienza a relatar su experiencia.

Patricia: No debimos llevar a cabo ese juego. No al menos con la presencia de Bea. La conozco desde la primaria, y ella siempre fue muy tímida y callada, le tenía miedo a todo. Cuando hablaba, se ponía toda roja y tropezaba con las palabras. Tenía un principio de tartamudez… Tuvo un solo novio, pero él la dejó a los dos meses. Por otra chica, se entiende. Ella estaba muy enamorada de él, y cuando el tipo se fue con la otra, quedó realmente muy mal. Pensamos… teníamos miedo de que se hiciera daño, ¿entiende?

Milena Crow: Una persona muy sensible e introvertida.

P: Era como una crisálida. ¿Sabe lo que es eso? Pero todos sabíamos que ella nunca saldría del capullo, que siempre estaría metida dentro de sí, y jamás desplegaría las alas para ver la luz del Sol. Intentamos ayudarla, ¿sabe? Pero ella no quería que la ayudaran. O al menos, nos rechazaba y se negaba a concurrir al psicólogo como nosotros le sugeríamos. Ella navegaba mucho por Internet… pasaba horas delante de su computadora. Primero fue en el chat, en la época en que todavía existía el LatinChat, ¿lo recuerda?

MC: Creo que todavía sigue existiendo.

P: Y después fue MySpace, y después Facebook, y después no sé qué otra cosa para hacer amigos… Ella decía que tenía muchos amigos. Hablaba mucho con ellos a través de la Webcam. Pero usted sabe cómo son los amigos que uno conoce por Internet. Pueden desaparecer de la noche a la mañana sin dejar rastro, como si nunca hubiesen existido. ¿Nunca se puso a pensar en eso? Tal vez los “amigos” de ella no eran tales, sino uno solo. O quizás se trataba de una máquina, que le respondía frases programadas. Da miedo pensar esas cosas, ¿no?

MC: Pero ella estaba sola.

P: Claro que sí. Era la persona más solitaria de la Tierra. Su única amiga verdadera era yo… (se queda pensando un rato, al tiempo que su mirada se torna algo difusa). Debí haberla cuidado mejor. Debí haber insistido en que no fuera a esa estúpida sesión de ouija.

MC: ¿Qué pasó aquella noche? ¿De quién fue la idea de hacerla?

P: Oh, fue uno de los amigos de mi novio, Darío. Esa noche era Halloween, o Noche de Brujas o de Muertos, o como quiera llamarla. Darío decía que esa noche era perfecta para comunicarse con los espíritus, porque los límites que nos separan de los muertos desaparecen, o al menos se tornan más delgados… algo así. Empezó como una broma, pero después sacaron unas cervezas y bebieron y el asunto empezó a ponerse serio. A mí nunca me gustaron esas cosas… Pensaba que era como jugar con fuego. Uno cree tener el fuego dominado, pero nunca sabes cuándo una chispa puede saltar hacia tu vestido y transformarte en una antorcha humana. Y además estaba Bea… sabía que las tablas ouijas pueden afectar a las personas sensibles.

MC: ¿No trataste de advertirle?

P: Claro que traté. Pero ella no pareció escucharme. Su mirada se había vuelto brillante… casi podía pensar que estaba entusiasmada con la idea del juego. Y eso es algo que no se ve muy seguido, ¿sabe? Porque Bea… ella siempre fue una chica muy apagada…

MC: Y entonces llevaron a cabo el juego.

P: Fue exactamente a la medianoche. Creo que todos estábamos bastante borrachos, y hasta yo había perdido mis resistencias internas. Alguien había sacado no sé de dónde un tablero con letras y números, que lo pusieron en el centro de la mesa. Darío encendió una vela, y otro muchacho apagó la luz y quedamos casi en penumbras. Nosotros nos sentamos alrededor y nos tomamos de la mano. Mi novio estaba sentado a mi derecha, y Bea a mi izquierda. Recuerdo que su mano aferraba la mía y sudaba mucho, aunque no parecía asustada. Darío nos dijo que cerráramos los ojos y comenzó el juego. Su voz de repente se tornó más profunda, como la de uno de esos fantasmas de las antiguas películas, y preguntó con toda la teatralidad del mundo si había un muerto con nosotros en la sala. Alguien lanzó una risita, creo que fue Vanesa, otra de las chicas que se encontraban presentes, y hubo chistidos y pedidos de que nos callásemos. Yo estaba ebria, terriblemente ebria, y pensaba que me divertía mucho, aunque en el fondo estaba comenzando a asustarme. ¿Por qué estábamos haciendo eso, por Dios? Éramos como esos adolescentes estúpidos de las pelis de terror, que siempre terminan metiendo la pata… Darío volvió a realizar la pregunta… y algo cambió en el ambiente.

MC: ¿En qué sentido?

P: Fue apenas perceptible, como cuando hay un cambio de luz en el cielo, pero creo que todos nos dimos cuenta de inmediato. Tuve que abrir los ojos. Darío estaba frente a la tabla de ouija, con un dedo sobre el puntero de madera, y cuando vio que lo miraba trató de sonreírme como si todo estuviera bien. Pero yo supe que él también había comenzado a asustarse. No éramos más que unos adolescentes borrachos, creyendo que podíamos meternos con las cosas más peligrosas. Ahora sé que hay que andarse con cuidado por la vida. La mente humana puede resultar muy frágil…

MC: ¿Qué pasó?

P: Primero fue la vela. La llama comenzó a sacudirse como si hubiera alguna brisa, aunque la casa tenía todas las ventanas cerradas, porque era una noche bastante fresca. Y después… la mano de Darío comenzó a moverse. Mi novio enseguida abrió los ojos y le dijo que dejara de hacer estupideces. Pero bastaba mirar la cara aterrada de Darío, con los ojos saltones y la boca entreabierta, para darse uno cuenta de que no se trataba de una broma. “No puedo parar de mover la mano”, dijo. “No puedo…” Entonces la mesa se sacudió, como si hubiese alguien debajo. Todos gritamos y nos paramos, y cuando traté de desprender mis manos de las de mi novio y de Bea… no pude hacerlo. Sencillamente no pude. Mis dedos estaban tan rígidos que parecían soldados a los dedos de los otros. Y creo que a los demás les sucedía lo mismo. Vanesa comenzó a gritar que el juego ya no le resultaba divertido, que parásemos, y creo que los demás pensábamos exactamente lo mismo… sólo que no podíamos. He pensando mucho desde entonces. He leído sobre el poder de la sugestión… ¿Sabía usted que si pone a un grupo de personas en un lugar cerrado, y le indica a un cómplice que diga que hay olor a gas, los otros al rato empiezan a oler lo mismo? Aunque el olor a gas sea totalmente inventado…

MC: ¿Fue ahí que Bea… tuvo ese incidente?

P: Fue un rato después que descubriésemos que la mano de Darío señalaba siempre las mismas letras: “N” y “A”. En ese entonces no lo relacioné con Bea. En mi terror, yo la había olvidado por completo, ¿entiende? Y eso que estaba a mi lado…  Fue Vanesa quien me hizo verla. Ella comenzó a gritar, al tiempo que la señalaba… Miré hacia mi izquierda. Creo que casi me desmayé del susto ahí mismo. La cara de Bea… se había puesto negra. Tenía la lengua afuera, colgando como un trozo de gusano… Miraba hacia arriba, estirando el cuello al máximo, como si hubiese algo horrible en el cielorraso. Abrió la boca y de sus labios salió un rugido tremendo, algo que no era humano ni tampoco animal, sino algo, no sé, demoníaco. Giró la cabeza y me miró. Sus ojos reflejaban una terrible maldad, y supe que en ese momento no era ella, sino otra cosa, algo que se había apoderado de ella. Me sonrió… todavía sigo viendo esa sonrisa en mis sueños. Lo peor era que no podía apartarme de ella, porque tenía su mano soldada a la mía. Los otros gritaban y trataban de apartarse, pero lo único que lograban hacer era correr la mesa de un lado a otro…

P: ¿Dijo algo?

MC: Sólo me sonrió. Como si supiese los peores secretos de mi alma… Sentí un olor a amoníaco y cuando bajé la vista vi que me había orinado encima. Bea comenzó a acercar su cara a la mía… Aún se me pone la piel de gallina al recordarlo. Creo que quería morderme, o quizás pasarme esa lengua viscosa por la mejilla. Creo que me hubiese vuelto loca si hubiese hecho alguna de las dos cosas… pero entonces todo terminó. La vela se apagó, y nuestras manos quedaron liberadas de repente. Estábamos tironeando hacia atrás, de modo que cuando pasó esto perdimos el equilibrio y caímos al suelo. Alguien encendió la luz… Bea estaba sentada sobre su silla, con apariencia de dormida. Yo me acerqué a ella y la llamé… Alguien me dijo que no lo hiciera, que no la despertara, pero yo era su amiga, y debía actuar como tal. Aunque debo admitir que estaba muerta de miedo al tocar su hombro y sacudirla. Ella soltó un gemido y despertó… y luego comenzó a llorar. Se agarró a mí con todas sus fuerzas y comenzó a llorar. No quiso hablar sobre lo que había ocurrido.

MC: ¿Trataron de… buscar alguna explicación racional a lo ocurrido?

P: Eso fue después. En ese entonces teníamos tanto miedo que ni siquiera hablábamos entre nosotros. Yo me había orinado encima, y Vanesa me prestó unas bragas que tenía por ahí y me apresuré a cambiarme en el baño. Nos marchamos sin casi mirarnos. Era como si sintiéramos miedo de reconocer lo que había ocurrido en esa habitación. Yo llevé a Bea y la dejé en su casa. Ella se veía muy pálida y llegó a vomitar en el camino. Cuando nos detuvimos frente al jardín donde vivía, ella se volvió hacia mí y me dijo… me suplicó… que me quedara a dormir con ella. Sus padres estaban de vacaciones en algún lugar de México, y ella no quería quedarse sola en la casa. No después de lo que le había ocurrido.

MC: ¿Y te quedaste?

(Patricia desvía la mirada. En ese momento, su abuela pasa con una escoba rumbo al patio y ella aprovecha para beber un poco de café. Aunque sospecho que más que beber, lo que hace es humedecerse los labios resecos. Luego sigue hablando frente a mi grabadora).

P: Le dije que podíamos llamar a un médico. O mejor: podría acompañarla hasta un hospital si ella se sentía mal. Pero Bea negó con la cabeza. Estaba sentada en el asiento del acompañante de mi coche y yo no podía dejar de recordar su horrible rostro negro, su lengua que como un gusano recorría sus labios carnosos… y aquella sonrisa. Le dije que todo saldría bien, que ya nos olvidaríamos de todo. Era mi amiga, pero si usted hubiese visto lo que yo vi…

MC: Así que la dejaste sola.

(De repente, Patricia parece perder la compostura y se vuelve hacia mí con los ojos llorosos).

P: Es que tenía mucho miedo, ¿entiende? Ella quería que yo me quedara a dormir con ella… ¿pero y si en mitad de la noche, ella volvía a transformarse en esa horrible cosa demoníaca? ¿Y si comenzaba a saltar de la cama, o peor, me agarraba en la oscuridad mientras yo dormía a su lado? No podía… sencillamente no podía… Insistí en que todo saldría bien y luego ella bajó del auto. Mejor dicho, yo la empujé un poco… Y salí de allí pitando. Recuerdo que miré por el retrovisor y vi su cara pálida y bañada en lágrimas… Muchas veces sueño con eso, ¿sabe? Es decir, Bea era la única amiga que tenía desde los tiempos de la primaria… Aún no puedo creer que ella…

MC: ¿Qué hizo después?

P. Fui a mi casa. Me di una ducha. Y luego me acosté. Con todas las luces encendidas.

MC: ¿Recuerda la hora?

P: Debían ser las dos de la mañana.

MC: Hay un registro de llamadas tiempo después.

P: Sí, exacto. Ella, Bea, llamó a eso de las dos y media. Yo estaba con los ojos abiertos de par en par y los dientes aún me castañeaban, y el timbre del celular sobre la mesita de luz casi me infartó. Incluso antes de mirar la pantalla del celular, sabía que era ella. Y durante un momento… durante un miserable momento… pensé en no atender. En no atender su llamada. Pero lo hice. Creo que fue lo único valeroso que hice esa noche. Le atendí y le pregunté qué pasaba. Al principio no recibí contestación. Iba a repetir la pregunta, un poco más preocupada… cuando entonces escuché esa voz. Otra vez esa voz, que era como un rugido cargado de maldad. Me decía: “Patricia… Patricia…” una y otra vez. Y reía. O quizás lloraba. Corté. Creo que había comenzado a llorar de miedo. Ni siquiera pasaron dos segundos cuando el teléfono comenzó a sonar otra vez. Esta vez no atendí. El teléfono siguió llamando, y yo tuve que quitarle el sonido para no despertar a mi abuela.

MC: ¿No pensó en llamar a la policía?

P: ¡Claro que sí! ¿Quién cree que dio aviso a la policía? Llamé desde el teléfono de línea del living, porque al final había apagado el celular. Expliqué que una amiga podía encontrarse en problemas, y luego di la dirección de su casa. “Por favor, apúrense porque estoy preocupada por ella. Los llamaré dentro de un rato para ver si está todo bien”, le dije a la operadora. Menuda amiga soy, ¿eh? Me senté sobre la mesa del comedor, cerca del teléfono, y me dispuse a esperar. Recuerdo que miré el reloj de pared y pensé que era la noche más larga de mi vida, porque apenas eran las tres de la madrugada. La casa estaba en silencio y en la calle no andaba un alma, ni siquiera ladraban los perros. Pasaron tal vez unos cinco minutos, y yo estaba pensando en llamar a la policía otra vez, para ver si tenían novedades… cuando empecé a escucharlo.

MC: ¿El qué?

P: El zumbido. En mi habitación. Sabía lo que era, porque estaba muy familiarizado con él: el zumbido del electroventilador de la CPU. Pero yo sabía que había apagado el ordenador, de hecho, no lo encendía desde la tarde anterior. Me levanté y fui a ver. Tenía las piernas de goma y me sentía a punto de vomitar por la adrenalina. Durante unos segundos pensé en no meterme a la habitación… pero entonces pensé en mi abuela. Ella dormía en el cuarto de al lado, y si había algo malo en la casa, entonces debía despertarla y sacarla de allí. Así que entré. La pantalla del ordenador estaba a mi izquierda, sobre un mueble cajonera, y el resplandor típico del Led me dijo que estaba encendido. El rostro de Bea estaba en la pantalla. Nosotros usábamos mucho la WebCam, ¿sabe? Hablábamos durante horas interminables de pavadas, cosas de chicas, pero en ese entonces, al verla, supe que era lo último que quería ver en mi vida. El rostro de Bea… no estaba negro, ni tampoco se veía deforme, sino que era ella, la de siempre…

MC: ¿Y sin embargo?

P: Ella me miraba. Simplemente me miraba, sin decir nada. Me miraba con una infinita tristeza. Como si supiera que su fin estaba muy cerca, como si supiera que estaba irremediablemente sola. Me aproximé para hablarle… y entonces lo vi. A sus espaldas. Estaba en un rincón, agazapado, una forma levemente humana y de ojos que refulgían en la oscuridad. Retrocedí un paso y comencé a gritar, a advertirle a Bea que se diera vuelta, que huyera del lugar, pero ella no pareció escucharme. Sé que me escuchó, porque mi WebCam también estaba activada, pero no sé por qué ella no… Solamente me miraba. Entonces la cosa se incorporó y avanzó hacia ella. Fue tan rápido que ni siquiera creo que haya durado un segundo. La oscuridad pareció envolverla, y aún así ella me seguía mirando con esos profundos ojos tristes… y luego la pantalla se puso en negro. Y eso fue todo.

MC: ¿Contó todo esto a los policías?

P: Claro que no. Cuando se aparecieron en mi casa, diciendo que Bea estaba muerta… creo que tuve una crisis y algo en mi mente dejó de funcionar bien. Me sedaron y me internaron en un hospital. Ni siquiera mi novio fue a verme… Él sabía. Como todos los demás, sabía que todo eso estaba relacionado con lo que había sucedido en el departamento de Darío. Recién volvimos a vernos una semana después. Hablamos de lo sucedido, y creo que entre todos nos convencimos bastante bien de que había sido una simple ilusión. Y en cuanto a Bea… la autopsia reveló que murió de un paro cardíaco, frente al monitor de su computadora. Algo muy lamentable para una chica de su edad, pero perfectamente plausible…

MC: Usted mencionó que la tabla ouija se movía constantemente hacia dos letras, “N” y “A”, y que eso podía tener relación con Bea.
P: “N” y “A”, “N” y “A”… ¿Qué se forma al escribir eso?

MC: Ana. O Ananá.

P: “Ana” era el nombre de la madre de Bea. Murió cuando ella tenía diez años. Era una verdadera arpía… todos le teníamos miedo. Golpeaba a Bea y la maltrataba. Creo que mucho tuvo que ver en el desarrollo de la personalidad reprimida de Bea…

MC: ¿Usted dice que, durante la sesión de la ouija, el espíritu de la madre se presentó y poseyó a su propia hija?

(Patricia se encoge de hombros. Parece emocionalmente exhausta. Es hora de concluir la entrevista. Sin embargo, antes de irme, algo me llama la atención).

P: ¿Dónde está el teléfono del living?

(Patricia me mira durante un momento muy largo. Parece a punto de no contestar, pero a último momento cambia de idea)

P: No tengo. Tampoco celular. Ni computadora. Verá, después de la muerte de Bea… recibía muchos llamados al celular. De números desconocidos. Nunca me hablaban, pero a veces escuchaba una respiración del otro lado. Y la computadora… siempre se encendía de noche. A las tres y diez de la mañana. La hora en que murió Bea. La primera vez que ocurrió, yo estaba durmiendo y me desperté con el resplandor azulado del LED. La cámara web estaba encendida… pero sólo había oscuridad. Y creo que se escuchaban gritos. Nunca estuve segura. Apagué la computadora y después la desenchufé, pero a la noche siguiente ocurrió lo mismo. Entonces me deshice de todo eso. Creo que es una especie de castigo… ahora vivimos relativamente seguras, y hace rato no tengo contacto con ese tipo de cosas.

MC: Patricia, agradezco mucho la información. ¿Le gustaría agregar algo más?

P (Piensa un rato. Su mirada se oscurece y parece al borde de las lágrimas): No jueguen con esas cosas. Recen por el alma de Bea (agrega a último momento, antes de cerrar la puerta). Y por la mía también.

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30 comentarios:

  1. Ola Mauro soy alba. Me gusto mucho es algo diferente pero quisiera saber si es real? Gracias espero que escribas en martes.bsañudos

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    1. jajajajajajaja

      anque sea "casaca" como decimos en mi pais El Salvador, esta buenisima.

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  2. Hola Mauro.
    A mi humilde parecer, creo que no es necesaria ninguna aclaración. Así esta perfecta.
    Es una historia que puede ser real o ficción, deja eso a la mente de cada lector.
    Este tipo de historias (como entrevista) me fascina pues te hace pensar que puede ser real, mas con tanta noticia que aparece en los medios sobre casos de jóvenes "poseídos" por mal utilizar la Ouija.
    Realidad o sugestión colectiva? Eso es lo que nadie puede determinar exactamente.
    Particularmente y por mi formación religiosa, he usado innumerables veces la Ouija y jamás nos a sucedido algo así, pero si se de casos ("leyendas urbanas", jejeje).
    Muy buen relato para noche de brujas.
    Feliz Beltane, feliz encuentro, feliz partida.
    Un abrazo.

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    1. Ok Eduardo, yo tenía dudas al principio porque se trata de algo que nunca hice y quizás podía chocar un poco, pero bueno, parece que el relato gustó bastante, sobre todo por los comentarios de la fanpage.
      Así que hiciste la ouija? Yo también, hace bastante, y creo que como soy bastante imaginativo, la pasé bastante mal. Desde entonces nunca más hice algo así jeje.
      Un abrazo, seguimos esperando las noticias del baby!!

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  3. Hola Mauro soy Elizabeth arreola de Guatemala ase tiempo que leo lo que públicas y eres un excelente escritor felicidades sigue adelante y feliz noche de brujas

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    1. Hola Elizabeth de Guatemala, gracias por tus palabras!! Espero que hayas pasado una divertida noche de brujas. Abrazos!!

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  4. Hola soy Marina, tus historias me apasionan. Saludos desde Mexico.

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  5. Soy tu fan, e leido todos tus cuentos...te mando un fuerte abrazo desde Puerto Rico pa ti mi "pana" mauroski att Danien Moctezuma

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    1. Hola Daniel, gracias por leerme y escribirme. Me gustó eso de mauroski jaja. Un abrazo para vos y la gente de Puerto Rico, sé que entran mucho a mi página. Saludos.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Omg!!! Me la crei totalmente, senti pena por patricia...
    Muy buena historia ;) saludos

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    1. Sí, Fen, es una historia un poco triste también. Gracias por tus palabras. Abrazos.

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  8. Me dio mucha lastima por bea, yo en su lugar hubiera hablado con algún sacerdote o algo, para que me guie sobre como actuar, o algún curandero ... Pobre bea

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    1. Sí, Jonatan, yo creo que Bea era una víctima perfecta para este tipo de situaciones, las personas sensibles y buenas generalmente son las primeras en caer lamentablemente. Abrazos!!

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  9. valla mau facinante relato aterrador y distinto me gusto mucho creo q es la primera vez q tocas.el tema de la huija y aunque ez un tema muy trillado tu has sabido hacerlo emocionante y unico aunq en cuanto a lo desconocido se trata da miedoo jajaja recuerdo q cuando era niña una vez jugue un juego muy tipico por los niños aca se llama willy willito conciste en 6 lapices o colores los tomas de cierta forma q forman un rectangulo tres tu y tres un compañero lo llamas y le haces una pregunta se supone q si los lapices se mueven asi dentro es si hasia afuera es noo solo por ciriosidad lo jugue y cuando se movieron solos y lo comprobe me entro un terror terrible hasta el ambiente cambio es q en el patio de atras de esa primaria al fondo ay un lugar q le dicen la casa del diablo esuna leyenda q circula por años ahi dice.mi primo q ahora tiene 45 q desde q el iva a.esa esc. existia la tal casa del.diablo ahi jugamos eso creeme jamas me volvi aparar por ahi jahahaj
    y en cuanto a la ouija tengo una amiga con una historia un poco diabolica noo se laas cuento para no asustarlos jajaja me a encantado el relato mau y por cierto noo publicaste hoy buenoo ya q jajaja saludotes y bsos att kary

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  10. me encantan tus libros, por cierto soy Daniel

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  11. No sé si lo has notado o sólo lo has hecho en los cuentos que hasta ahora he leído, pero frecuentemente describes los rostros oscuros, algo así como "ennegrecidos", no me molesta ni nada, sólo para que quizás explores otra manera de llevar nuestras mentes a ese momento con otros escenarios y descripciones ;)

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    1. Jaja es cierto, es una descripción de la cual suelo abusar. Lo hago un poco por pereza y otro porque siempre ando con los tiempos justos, yo creo que si uno lee uno o dos de mis cuentos no pasa nada, pero se da cuenta si lee todos (o casi todos) a la vez. Contesto en este mensaje varios que me has dejado por una cuestión de (sí) tiempo.
      Siempre trato de contestar a todos los comentarios, aunque a veces son tantos que no me alcanza o el tiempo o directamente me olvido. Los comentarios, para colmo, me llegan no sólo de este blog, sino desde la fanpage, mi facebook personal, mi correo personal, mi twiteer, así que te imaginas que muchos se me escapan y quedan sin contestación.
      Con respecto a tu sugerencia de tomar los cuentos que más me gustan y extenderlos, es algo que por supuesto tengo pensado hacer. Las cosas que publico aquí las considero como una especie de "borradores" para cosas más grandes y elaboradas, pero como pasan muchas personas por el blog, es una excelente manera de ver cuáles historias gustan más que otras (algo así como una prueba de audiencia). Ahora mismo, de hecho, estoy haciendo algo similar con "Enfermera nocturna", que es un cuento que en su momento publiqué con unas mil palabras, y ahora lo estoy extendiendo y mejorando a tal punto que tiene más de ocho mil.
      Abrazos.

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  12. Me encantó este post!!! Lo leí sin pestañear =) Atte. Betsy Fernández.

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  13. mauro! buenisimo relato..!! genial en verdad..! te felicito, eres exelente!..ahh, creo que te equivocaste en una parte al colocar los nombres de los personajes que hablaban,,cuando dice: (patricia)¿dijo algo? (milena crow) solo me sonrio [..]. Eso no tendria q ser al reves? osea la que pregunta seria MC y la que responde tendria que ser P. saludos!

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  14. Chidota la.historia se real o no esta muy buena

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  15. muy buena la historia. tiene un aire de realidad y suspenso. excelente. espero seguir leyendo todas tus historias. felicitaciones

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  16. Hola Mauro. Excelente. Ese recurso siempre da buenos resultados ¡Jeje! Lo sospechan pero igual tienen que preguntar si es cierto o no ¡Jaja! ¡Saludos!

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    1. Jorge leal, porfis invitame a tu blog , me fascinan tus historias, tenia pensado imptimirlas para leerselas a mis hijos, no puedo superar el ya no poder leerlas 😭

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  17. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  18. Estoy sola, y esta historia me erizo la piel. Genialisima mauro, repaso las wue ya lei y causan el musmo efecto 😉

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  19. Esta muy buena la historia Mauro, y eso de dejar entrever si es real o ficcion, esta de pocas porque te deja con la duda y pensando de todas maneras me encanta leer todas tus historias, tienen muy buena base buena trama, son perfectas espero mas historias..!!
    EXISTOS..!! es hora de sacar tu libro.

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    1. Sí, Brian, lo del libro, justo estoy trabajando sobre eso, vamos a ver qué sale. Abrazos!

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