"Un Largo Viaje a la Oscuridad" (Últimos Capítulos)

Nota: Por si alguien se lo perdió, el martes pasado publiqué el capítulo 21. He aquí el link:
http://www.666cuentosdeterror.com/2014/10/un-largo-viaje-la-oscuridad-capitulos_14.html
Es muy importante que lean ese capítulo antes de seguir con el actual, porque: a) Revela información muy importante; b) Es uno de mis capítulos favoritos. 
¿Listos? Bueno, ahora sí pasemos al:

Capítulo 22

     No le costó mucho adaptarse al medio acuático. Era tal cual había dicho Amanda: sólo había que respirar por la boca, como si estuviera resfriado y con la nariz tapada, y utilizar los brazos lo mínimo e indispensable para ahorrar energía. Del resto, se encargaban el suministro de oxígeno y las patas de rana. Dan comenzó a darse cuenta de que debió haber buceado mucho antes; pese a la tensa situación, y a la temperatura del agua (de una frialdad tal que lograba colársele un poco a través del traje de neoprene), se trataba de una experiencia totalmente gratificante. Si lo hubiese intentado en otro medio, en otras circunstancias… sin dudas lo hubiese disfrutado muchísimo.
     Ahora iba concentrado en seguir los pasos (mejor dicho, los pataleos) de Arreaga. El muchacho había sido bastante metódico en su trabajo y prácticamente no quedaba ningún accidente del río sin identificar. Lo único que debían hacer era seguir una larga soga de nylon, perfectamente tensada y asegurada en las rocas, que se perdía en la oscuridad de más adelante. Las zonas donde el río se bifurcaba estaban señaladas con un banderín de plástico rojo, atado con una soga a las piedras de las paredes. Lo mismo con las trampas, que eran como telarañas extendidas entre dos paredes, aunque éstas estaban señaladas con un banderín verde. Las linternas sumergibles apenas si lograban horadar la oscuridad de las galerías inundadas; cada tanto, para sorpresa de Dan, iluminaban algunos pececillos blancos o algún que otro crustáceo de color transparente, que rápidamente se ocultaba entre las grietas de la pared.
     El silencio era otra cosa que lo conmovía. Ni siquiera el burbujear del regulador de aire parecía alterar aquel silencio extático, hermético, que debía tener millones de años de antigüedad.
     A medida que se iban internando, en forma horizontal, en las heladas profundidades del río, la sorpresa y la serenidad de Dan dio paso a un leve pero progresivo desasosiego. No supo en qué momento ocurrió, pero una vez que se dio cuenta de ello, fue imposible quitárselo de la cabeza. Las galerías parecían estrecharse cada vez más. El imaginario peso del agua y de la roca comenzó a hacer mella en sus sentidos. Doblaron por un recodo y Arreaga, mirando hacia atrás, le preguntó mediante señas si se encontraba bien. Dan respondió con la clásica señal de la “O” dibujada con los dedos índice y mayor, aunque tenía sus dudas. Arreaga, sin darse cuenta de nada, siguió nadando. Dan se aferró a la soga y se impulsó detrás de él. Al llegar a una especie de arco de piedra, unos metros más adelante, creyó ver un reflejo plateado que desaparecía con rapidez en la oscuridad, pero no prestó demasiada atención porque estaba concentrado en repeler el sentimiento de claustrofobia que, ahora sí, había comenzado a instalarse en sus nervios. Las galerías se estrechaban y eso, estaba seguro, no era parte de su imaginación: cada tanto, cada diez metros o así, los tanques de oxígeno sujetos a su espalda rozaban contra el techo de la cueva, arrancando un sordo y vibrante sonido metálico. “Esto no pasaba antes”, pensaba una y otra vez. “Antes había más espacio para nadar. El río se está estrechando”.
     Luchó contra la necesidad de detener a Arreaga. El muchacho se movía con total desenvolvimiento en la cueva, como si la hubiese explorado miles de veces, y eso debía transmitirle una sensación de seguridad, pero lo cierto era que no ocurría nada de eso. ¿Y si el muchacho estaba demasiado confiado? ¿Y si el río, por efecto del peso de la tierra, se había aplastado un poco desde la última exploración, y ellos quedaban atascados en algún oscuro pasaje de aquel interminable laberinto, luchando por salir y ahogándose poco a poco?
     Estaba pensando en esto, ya casi decidido a extender la mano y tocar el pie de Arreaga para indicarle que quería regresar, cuando el reflejo plateado volvió a brillar fugazmente bajo la luz de las linternas. Ambos buceadores de inmediato quedaron quietos. Arreaga alzó su linterna e iluminó la cueva en derredor, pero ni él ni Dan lograron ver nada. Arreaga se dio vuelta y se sacó el regulador. Su boca pronunció unas palabras burbujeantes y claramente discernibles:
     “Un pez”.
     Volvió a ponerse el regulador y siguió nadando. Dan se apresuró a seguirlo. Ahora había olvidado parcialmente su claustrofobia y empezó a preguntarse qué diablos harían si se encontraban con una criatura allí abajo. Probablemente no tendrían ninguna oportunidad con ella. Sus explosivos estaban cuidadosamente envueltos en papel de nylon dentro de un bolso impermeable, enganchado a su espalda entre los tubos de oxígeno. Aún en el caso de que tuviera tiempo de sacarlos de su envoltorio, no le servirían de nada porque el agua los inutilizaría. Ni siquiera tenía un cuchillo consigo…
     “Jesús”, pensó. “Esto es una maldita locura. No hemos planificado nada. Sólo nos hemos arrojado de cabeza al agua, esperando que las cosas salgan bien. Eso no es inteligente. No es nada inteligente”.
     Pensó que era hora de volver. Arreaga seguía adelante pero porque él no sabía nada, nunca había tenido a las criaturas cara a cara. Su espíritu científico seguramente le decía que no había nada que temer, que él dominaría cualquier situación que se le presentara. En realidad era un ingenuo. O un estúpido. Dan estiró la mano y trató de sujetar su aleta. Falló por muy poco. Tomó un nuevo impulso y se esforzó en llegar al obeso nadador… y entonces vio que algo brillaba sobre sus tubos de oxígeno.
     Parecían unas cuerdas plateadas, que se le habían enredado en las mangueras de aire… Arreaga aparentemente percibió que algo andaba mal, porque detuvo su pataleo y miró hacia su propia espalda. Dan vio que las cuerdas que envolvían el cuerpo del joven se tensaban hacia atrás, como si estuviesen atadas a una roca que ellos hubiesen dejado en el camino. Giró el cuello e iluminó con su linterna el lugar.
     La criatura estaba detrás de ellos, pegada a una de las paredes de roca. Extendía sus tentáculos en dirección a Arreaga, que de repente largó una explosión de burbujas de su boca y comenzó a retorcerse. Uno de sus tubos salió despedido fuera del arnés, estrellándose contra las piedras y deshaciéndose en una pequeña aunque sonora explosión de oxígeno. Sujetó uno de los tentáculos y tironeó para sacárselo de encima, pero lo único que logró fue que el apéndice se le enroscara alrededor del brazo. Los ojos de Arreaga, detrás de la máscara empañada, se veían grandes y aterrorizados. Uno de los tentáculos le arrancó el regulador de la boca. Arreaga abrió la boca y lanzó un burbujeante y mudo grito bajo el agua. Dan nadó en su dirección, sabiendo que el muchacho no tardaría en ahogarse. Justo en ese momento, la criatura que estaba a sus espaldas atrajo el cuerpo de Arreaga con violencia, y el muchacho pasó debatiéndose por encima de su cabeza. Sus piernas estremecidas lo golpearon en la espalda y por poco no le arrancaron los tubos de oxígeno. Si la cueva en ese lugar hubiese sido tan estrecha como en otras zonas, el muchacho lo hubiese arrastrado consigo. Dan, con el corazón latiendo tan fuerte que pensó que se le abultaba bajo el traje de buzo, se dio vuelta.
     “¡No!”, gritó a través del regulador de aire.
     Alrededor de una veintena de tentáculos había rodeado el grueso cuerpo de Arreaga. Sus manos blancas asían algunos de esos tentáculos y tironeaban frenéticamente. Burbujas de agonía escapaban de su boca abierta. Sus ojos, enloquecidos, giraron en dirección a Dan y por un momento pareció que le dirigían una mirada de perplejidad, como si aún no pudiese creer lo que estaba sucediendo, como si le dijese: “¿Has visto eso?”. Instantes después su cuerpo se estremeció, y unas últimas burbujas salieron a borbotones de su boca y nariz. La criatura terminó de envolverlo, como una araña subacuática, y luego lo arrastró hacia una de las bifurcaciones marcadas con una bandera roja.
     “Nooooo”, volvió a gritar Dan. Su respiración era muy agitada y las burbujas del regulador estallaban en torno suyo cada dos segundos, envolviéndolo en una especie de jaula de plata. Pensó en seguir a la criatura, y de hecho había comenzado a nadar en dirección a la bifurcación, cuando vio que algo se acercaba con bastante rapidez, nadando a través del túnel.
     Sus tentáculos lanzaban reflejos bruñidos. Iba directo hacia Dan. Éste dio media vuelta y huyó a través de la galería, consumiendo grandes cantidades de oxígeno debido al pánico.
     Había hecho unos veinte metros cuando sintió que algo se le enredaba en las aletas. Pataleó con todas sus fuerzas hasta que sintió que se liberaba de aquel tentáculo inquisidor. Vio que a su derecha la linterna iluminaba un destello verde artificial, pero no prestó atención a ello y siguió nadando con toda la velocidad que podían alcanzar sus brazos y sus piernas. No quería mirar hacia atrás porque sabía que sería su perdición; vería a la criatura acercándose cada vez más y eso lo paralizaría o le haría chocar la cabeza contra una de las paredes de piedra.
     Los tentáculos volvieron a enredarse entre sus patas de rana. Esta vez eran más firmes y consiguieron aferrarse con mayor solidez a sus piernas.
     “Estoy perdido. Es el fin”, pensó.
     Pataleó otra vez, gritando interminablemente bajo el agua. Los tentáculos le arrancaron las patas de rana y así quedó parcialmente liberado, pero ahora había perdido mucha velocidad, sólo contaba con sus brazos y con sus pies desnudos para impulsarse. Sintió que algo lo rozaba en la cabeza e instintivamente se agachó y bajó por el agua hasta que su estómago comenzó a rozar las piedras del suelo. Nadó otros cinco metros y luego escuchó un largo bramido de desesperación. Sin dejar de nadar, miró hacia atrás. La criatura se debatía dentro de una red de pesca. Sus tentáculos se habían enredado en los hilos de nylon y los arrancaban furiosamente, pero aún así le resultaba difícil escapar de la trampa. Entonces Dan recordó el destello verde y el roce que había sentido en la cabeza y lo relacionó todo. Él mismo había zafado por muy poco de caer en una de las trampas de Arreaga. Volvió la mirada hacia delante y siguió nadando con frenesí. Sabía que la red no detendría a la criatura durante demasiado tiempo, así que debía aprovechar los escasos segundos o minutos que había ganado. Aún podía ver la soga-guía, por lo que el camino parecía ser el correcto.
     Alrededor de veinte o treinta metros después, la soga-guía se interrumpió.
     Dan se quedó contemplando durante un segundo el extremo de la soga, atado a una piedra que sobresalía de la pared. Hasta allí había llegado la exploración de Arreaga. Ahora debía seguir el camino a ciegas, sin saber lo que vendría a continuación.
     Siguió nadando. No se atrevía a consultar el reloj del manómetro; sabía que el oxígeno se le estaba terminando muy rápido. Y la criatura… podía alcanzarlo en cualquier momento. Creyó escuchar a sus espaldas un sonido de borboteo, pero tal vez se trataban de los ruidos propios del río. Más adelante había una bifurcación; sin pensarlo demasiado tomó el camino de la derecha.
     Aproximadamente diez metros después, se encontró con un cadáver.
     Estaba en avanzado estado de putrefacción, al punto que no podían vérsele las facciones. La carne de sus manos, desprendida y de un color casi transparente, ondulaba con lentitud bajo el influjo de las corrientes subterráneas. Sus pantalones eran hilachas. Dan lo dejó atrás y al rato se encontró con otro, que iba y venía por la galería inundada, eternamente arrastrado por la fuerza del helado río. También se encontraba muy descompuesto; sus cabellos se habían desprendido, al igual que la piel de su cara, revelando un cráneo sonriente que parecía mirarlo con burla silenciosa. Dan nadó a su lado y uno de los brazos fláccidos le tocó el cuello, casi como si quisiera acariciarlo. Dan emitió un mudo grito de asco y se alejó lo más pronto que pudo de aquel cadáver danzante. Ahora ya no respiraba: resollaba. Pensó que, de no haber ingerido aquella droga, en el sótano de Quiroga, hubiese sucumbido hacía rato. Siguió nadando y al cabo de unos pocos minutos comenzó a darse cuenta de que le faltaba el aire.
     Miró por fin el manómetro: estaba casi en cero. Debían quedarle sólo dos o tres bocanadas de oxígeno antes que se agotara del todo. Inhaló todo lo que pudo y luego se desprendió de los tubos de oxígeno y del respirador, para nadar más rápido. Sabía que no llegaría muy lejos, que sólo podría nadar otros veinte metros antes de ahogarse, pero al menos lo intentaría hasta el último momento. Había leído por ahí que la muerte por ahogamiento no era tan mala: sólo un minuto de sufrimiento, y luego llegaba la inconsciencia por falta de oxígeno. No era un gran consuelo, de hecho en ese momento no lo tranquilizaba en absoluto, pero al menos no moriría de la forma más dolorosa posible, siempre según el artículo que había leído: a través del fuego.
     Siguió nadando, ahora sin más oxígeno que el almacenado en sus pulmones. Nunca había sido un gran nadador, y tampoco hacía suficientes ejercicios como para tener una buena capacidad aeróbica, por lo que suponía que su fin llegaría en menos de un minuto. Tomó un recodo y se impulsó con los talones hacia delante. Los pulmones comenzaron a arderle. Las piernas y los brazos se sumergieron en un extraño hormigueo. ¿Y era posible que estuviese viendo una luz, algunos metros más adelante? ¿Una luz azulada, espectral y difusa, que se abría camino en forma de haces a través de la oscuridad? Tal vez su cerebro, ya falto de oxígeno, comenzaba a alucinar. No obstante siguió buceando.
     Ahora el ardor en sus pulmones era infernal. Sus movimientos se estaban haciendo descoordinados y torpes. Luchaba por no dejar llevarle por el pánico, pero sabía que éste lo dominaría en pocos segundos. Su diafragma comenzó a contraerse. A esto también lo había leído: era el intento final del cuerpo por permanecer vivo. Cuando el oxígeno de la sangre llegaba a un nivel crítico, se accionaban movimientos reflejos en el diafragma que trataban de imitar los movimientos de la respiración. Estaba sólo a un paso de tragar agua y hundirse en la piadosa inconsciencia. Sin embargo, se encontraba tan cerca de aquella misteriosa luz…
     Sólo faltaban unos cinco metros. Tres o cuatro brazadas más. Era una eternidad torturante. El cuerpo de Dan se sacudió en nuevos espasmos. Tragó un poco de agua. Ahora sí que el pánico se había adueñado de sus pensamientos. Abrió la boca y gritó, pero sólo consiguió tragar un poco de agua. Su abdomen se contraía a un ritmo demencial.
     Tres metros.
     “¡Me ahogo!”, pensaba Dan, en un torbellino de dolor y miedo. “Dios mío me voy a morir…”.
     Dos metros.
     Nunca supo de dónde sacó las fuerzas para dar la última brazada. Sus piernas pataleaban con desesperación y un hilillo de burbujas ascendía hacia la superficie desde su boca entreabierta.
      Salir a la superficie fue como revivir de nuevo. Su boca se abrió al máximo para inhalar el preciado aire. Agitó los brazos en el agua y jadeó penosamente, tosiendo convulsionado. Alcanzó a ver, durante esa frenética milésima de segundo, que se encontraba en una caverna enorme y que la fuente de luz provenía de algo azulado en algún lugar de la orilla. Estaba por tomar una segunda y necesaria bocanada de aire…
      … cuando un tentáculo se le enroscó en los tobillos y lo hundió otra vez hacia las profundidades.

(Continuará...)

© Todos los Derechos Reservados
Autor: Mauro Croche
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21 comentarios:

  1. hola, guauuu .Siempre se queda en lo mas interesante. Pero ya falta poco y al fin sabremos lo que ocurrira.un saludo.

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    1. Sí, ya a partir del próximo martes la acción se hará más rápida y pasarán muchas cosas, ya no hay más tiempo para misterios ni dudas. Abrazos!!

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  2. Ola Mauro perdon por no haber comentado antes lo que pasa es que no tenia internet pero no te preocupes he leído los dos capítulos y están chulisimos me han encantado el anterior capitulo lo de los maltratos de parte de quiroga , y que lucas se fue con las babosas por voluntad propia....genial Mauro sigue así eres un genio o como yo digo eres un fieraa!! Jajja Saludos y un abrazo.
    Att: alba

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    1. Gracias Alba. El capítulo anterior también es uno de mis favoritos, sobre todo por la forma en que las criaturas le enseñan a Quiroga su tormentoso pasado, y que sirve para explicación de muchas cosas.
      Un abrazo, te espero mañana martes con un nuevo capítulo!!

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  3. Al habla Eli:
    Hoy tampoco me puedo es estender mucho, así que, te doy un 10, otra vez, super guay, qué emoción, hiperfantástico...sí,sí,sí...Tiempo de respuestas...ok, en fin....Pobre Arreaga.... otro más p´a hacer company a Cuco?vaya, vaya...
    En fin, me larga corriendo.... Chao a todos....(Zombies)
    =-)

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    1. Bueno Eli, eso sí fue un récord, pero bueno, los chicos están tan ocupados como los mayores, aunque éstos últimos digan lo contrario. Abrazos!!

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  4. un capitulo corto pero lleno de emocion y mas emociionant aun q pronto sabremos el final un beso y un abrazo att kary

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    1. Sí Kary, cada vez falta menos!! Creo que el próximo martes terminamos. Un abrazo!!

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  5. Hola Mauro.
    Que emocionante capitulo. La sensación de ahogo debe ser terrible, pobre Dan.
    Muy bien narrado, ha sido como si yo fuera el que estaba en esa caverna submarina.
    Lo he vivido completamente, jejeje.
    Y que pasará con Arreaga? Muerto o secuestrado? Si al menos Amanda le hubiera dado un beso de despedida, ... Que cruel, jajaja.
    Y Amanda? Se quedará esperando a que regresen, y que hará luego? Se meterá también al río y buscará ayuda?
    Un capitulo corto pero con mucha adrenalina. Y como es costumbre, siempre nos dejas en la parte mas interesante. Preguntas y mas preguntas.
    Menos mal que ahora toca esperar menos, porque publicaras el martes, no?
    Espero que a Dan lo lleven a la cueva donde están su esposa y que Quiroga no se ablande con la visón que le hicieron tener. Quizás si se juntan otra vez puedan hacer algo.
    Hasta el martes.
    Un abrazo.

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    1. Hola Eduardo, disculpa por contestar con tanta tardanza, pero es que ando un poco ajustado con los tiempos jeje.
      La idea original era que Amanda descendiera junto con Dan, tal vez vestida únicamente con su bikini (al estilo de los viejos cómics de terror, donde nunca faltaba una chica pulposa con poca ropa, nah, mentira), pero bueno, como viene sucediendo desde que inicié la novela, cada personaje hace lo que se le antoja y al final ella se quedó en la superficie. Pero claro que todavía tiene un papel que cumplir...
      Bueno, veremos qué pasa el viernes, de momento, creo que Quiroga no se ablandará fácilmente, aunque tiene sus puntos débiles...
      Abrazos.

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  6. O.M.G. Mauro que buen capitulo... asta hoy me puse a ver todas las fotos de facebook y dejame decirte que estan de diez felicidades. Att:Patty

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    1. Ok Patty, me alegra que te gusten esas fotos, aunque no lo creas, paso bastante tiempo buscando las adecuadas jeje, y no siempre las encuentro. Abrazos!!

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  7. Senti que me ahogaba, me diverti mucho leyendo este capitulo

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    1. Cuando lo escribí yo también me estaba ahogando jaja. Gracias Taide por comentar, un abrazo!!

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  8. Aqui roger reportandose! cambio..!

    # Por momentos sentí como buceaba oh si! (y eso que ni si quiera sé nadar ) Dan definitivamente predecía que no iba a volver ileso. Un minuto de silencio por Arreaga .. aunque mi instinto me dice que no murió, solo está de parranda por un capítulo. (Según lo leído en anteriores capítulos, si le metieron el tentáculo, lo más seguro que es vive. Por que Cuco no vivee! ? :(

    #y pos hora? Las babosas secuestraron a Dan ? Acaso querrán adoptarla otra vez ? A esperar hasta el martes se ha dicho!

    Saludos Acuáticos! Mauro

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    1. Bueno, lo del martes no pudo ser, Roger, pero el viernes y el próximo martes seguro que sí, porque ya lo tengo cocinado (bueno, está un poco crudo en algunas partes jaja). Un abrazo, y perdón por responderte cuatro días después.

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  9. Mauro el capitulo fue muy interesante. pero como lei mas arriba que decias que "ya no hay tiempo para misterios y dudas" espero que no apresures el final. te sigo como sabes desde hace mucho y se que no me defraudaras pero como te digo, todos los que te seguimos estuvimos de acuerdo a que esto se prolongue lo que se tenga que prolongar. la historia es fantastica amigo. no quiero un final apresurado y que deje cabos sueltos por doquier. REPITO no pretendo ofenderte. simplemente es la opinion de un lector avezado tuyo, que siempre espera la mejor calidad como me tienes acostumbrado en todas tus historias.

    un abrazo y a esperar el viernes.

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    1. No te preocupes por eso, Hernán, de hecho, una de las cosas que más odio de un libro es cuando el autor parece "apresurarse" en terminar la novela, ya sea porque se cansó de ella o porque no sabe cómo hacerlo, y entonces deja todo por la mitad o el último tramo dura unas pocas páginas. Por eso fue que no publiqué el martes, quiero que la novela termine de la mejor manera posible, no sé si gustará a todos, eso se verá, pero al menos yo pongo todo el esfuerzo en hacerlo bien. Abrazos!!

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  10. Hola mauro perdon x no haber comentado antes pero como ya falta poco para terminar el cole me estan dando de todo. Bueno q decir este capitulo me entretuvo mucho. Y vos q raro terminando el capitulo en la mejor parte jajajaj pero igual tengo el otro capitulo para leer asi q lo voy a leer
    Atte: Denisse

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  11. Bueno esta vez llegue tarde pero fue porque estuve de viaje je muy bueno el capitulo

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  12. Exquisitamente narrado Mauro, tanto como para sentir semejante suspenso. También pude imaginar la desesperación de estar bajo el agua y quedándose sin aire, que horror se siente. Me supongo que como son los últimos capítulos te diste el lujo de enfocar éste sencillamente a Dan sin siquiera pasar por Quiroga, y aun así sigo pensando que éste ultimo igual sufrió tanto o más que Dan desde el ultimo capítulo.

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