"Un Largo Viaje a la Oscuridad" (Penúltimo Capítulo)

CAPITULO 26

1

El contacto con el agua fría parecía haber reanimado al muchacho. Su cuerpo se estremecía y los brazos se movían débilmente, como si luchara por permanecer a flote en medio de aquel gélido río.
     -… stá pasando?- farfulló.
     Dan no respondió, estaba demasiado preocupado por no hundirse junto con el muchacho. También debía vigilar que éste no hundiera la cabeza y tragara agua… Recién cuando la altura del río le llegó a la cintura, pudo distenderse un poco y entonces miró hacia atrás, hacia la orilla que acababa de abandonar.
      Vio un espectáculo tenebroso, que recordaría durante el resto de su vida. Quiroga permanecía de pie, sosteniendo la baliza en alto y dándole la espalda a una especie de escalofriante, negra y movediza montaña de babosas. La bengala resplandecía en una luz cada vez más tenue; no tardaría en agotarse y sumirlo en las oscuridades. Miles de tentáculos se agitaban alrededor de su cabeza y parecían dar un frenético y horroroso saludo de despedida. Dan alzó una mano y gritó:
      -¡Su hijo está bien, Quiroga! ¡Ya llegamos a la orilla!
      Pero el barbudo no le respondió. Seguía mirándolo fijamente, como si no hubiese entendido el mensaje. Dan volvió a cargarse al muchacho al hombro y se dirigió hacia Abel, que esperaba en la entrada de la madriguera de las babosas.
      -¿Listo?- dijo el anciano, quien de súbito parecía muy nervioso.
      -No lo sé- respondió Dan.
      Volvió su mirada hacia Quiroga, indeciso. La luz de la bengala se hacía más débil, las babosas cada vez estaban más cerca de él, como esperando que la última chispa se apagara para abalanzarse sobre su cuerpo. Formaban una especie de gigantesca y oscura ola de unos diez o más metros de alto, que caería sobre su cuerpo de un momento a otro. Pero Quiroga no parecía preocupado o tenso; ni siquiera echaba un vistazo hacia atrás. Seguía con la mirada fija hacia delante, como un capitán observando el transcurrir de una tormenta desde la proa de su barco. Dan estaba seguro que observaba a su hijo. ¿A quién iba a mirar sino? La cabeza de Quiroga asintió imperceptiblemente y luego hizo un gesto con las manos: “Sigue tu camino”. Pero Dan, incapaz de moverse de su sitio, petrificado ante aquella imagen que parecía sacada de la peor de las pesadillas, se quedó observándolo hasta que la baliza se extinguió con un último fogonazo rojo.
     Para ese entonces, las babosas se encontraban a centímetros del cuerpo de Quiroga, ahuecándose sobre él y formando una capa de muerte. Algunos tentáculos habían comenzado a rodear su cuello.
     -Vamos- dijo Abel, señalando el interior de la madriguera con su bola azulada-. No tenemos todo el tiempo, muchacho.
     Dan no tardó en ponerse en marcha. Echó un vistazo por última vez hacia Quiroga, pero ya no pudo verlo: el mar negro de babosas se lo había tragado.
      -Adiós, Quiroga- murmuró-. Trataré de cumplir con mi promesa para con su hijo. Lo juro.
      Entraron a la caverna y comenzaron a marchar hacia la libertad, o hacia lo que fuese que les aguardaba en la profundidad de aquellos túneles.

2

      “Estás loco si piensas que van a dejarte escapar tan fácil”.
      El pensamiento lo asaltó de súbito, mientras se internaban en aquella cueva que rezumaba humedad por todas partes. Las paredes parecían impregnadas de baba amarillenta; constantemente caían gotas desde los techos. Dan se detuvo y tanteó la pistola debajo de su traje de buzo. Probablemente no serviría para nada, pero de alguna forma la presencia de aquel bulto lo tranquilizó.
      -¿Seguimos?- dijo Abel, que lo miraba ahora con una expresión hosca.
      -¿Qué van a hacer con Quiroga?
      -Eso no te interesa- contestó el anciano. Se dio vuelta y con la barbilla señaló hacia la profunda oscuridad-. No estamos muy lejos, ya casi llegamos.
      -¿Qué es esa vibración que viene desde allá?
      -Es una especie de máquina que las babosas utilizan para… bien, no sé muy bien qué utilidad tiene. Es una de las pocas cosas que sobrevivió a la caída de la nave.
      -¿De qué nave estás hablando?
      Abel se encogió de hombros.
       -No importa. Las babosas me dijeron muchas cosas. Ahora marchemos.
       Pero Dan seguía en su sitio, soportando a duras penas el peso del muchacho sobre sus hombros.
       -¿Dónde está la trampa?
       -No hay ninguna trampa. Las babosas piensan cumplir con su palabra. ¿Va a ponerse a caminar, o prefiere quedarse con nosotros?
       Dan reanudó la marcha. El muchacho sobre sus espaldas se movía cada vez más, dificultándole la caminata. Estaba despertando lentamente, volviendo en sí de aquello que fuese en lo que estaba sumido. Emitía quejidos y de vez en cuando pronunciaba un nombre, que a Dan le resultaba totalmente desconocido: “Eugenio, Eugenio”.
        Unos metros más adelante, a punto estuvo de resbalar sobre un enorme charco de baba. Abel lo miró burlonamente. Dan se aferró a un saliente (también estaba húmedo y pringoso, pero al menos tenía muescas que permitían hundir los dedos en ellas) y se tomó su tiempo para recuperar el aliento. La carga del muchacho se hacía cada vez más pesada. Las piernas habían comenzado a temblarle, al borde del colapso.
       Se las arregló para seguir marchando.
       “Debo cumplir con mi promesa”.
       Ahora el piso de la cueva era descendente, por lo que el avance se le hizo un poco más fácil. Rodearon una enorme roca que parecía sostener el techo y luego tomaron por un recodo. La vibración allí era más intensa que nunca, y al recorrer otros cinco metros en línea recta, se dieron cuenta por qué.
       Ambos hombres contemplaron la máquina durante unos instantes, sin decir nada ni mirarse entre sí. La máquina era del tamaño de un coche y emitía un extraño resplandor verdeazulado. Tenía la forma de un huevo y no parecía poseer comandos ni pantallas de ningún tipo. Sólo era una gran cápsula que resplandecía y vibraba en el medio de una galería que, debido a la presencia mayoritaria de ángulos y líneas rectas, parecía haber sido cavada en forma artificial.
      Dan sintió la necesidad de extender la mano y tocar la cápsula, pero a último momento se arrepintió. Había algo en esa máquina que le producía repugnancia. Como si fuese un incomprensible elemento de tortura. Pero no, la tortura no era su finalidad. Estaba casi seguro de ello. Más bien tenía que ver con…
      -Placer- dijo el anciano, quitándole la palabra de la boca-. Creo que la usan para algún tipo de placer. Pero no tengo idea de su real funcionamiento.
      -¿Le puedo hacer una pregunta?
      -Si tiene que ver con el hecho de por qué estoy del lado de las babosas, le ahorro saliva: porque yo las elegí.
      -¿Pero por qué?- se impacientó de golpe Dan.
      -Porque, a pesar de sus defectos, aún son mucho mejores que nosotros. Ahora sigamos.
      Dejaron atrás la perversa y misteriosa cápsula. La galería se iba estrechando conforme se hundía en las profundidades. Dan pensó en el río subterráneo, y luego en Arreaga, su grito mudo debajo del agua mientras era arrastrado por una de las babosas. Esto hizo que automáticamente regresara sus pensamientos a Liana, pero los apartó con la mayor rapidez posible. Ahora debía concentrarse en llegar al túnel que comunicaba con la mina de plata. Y esperar el ataque. Porque estaba seguro que éste tarde o temprano llegaría. Las criaturas no dejarían que escapase de esa prisión.
       “No sé por qué aún no me han atacado”, pensó.
       Quizás estaban jugando con él. Quizás esperaban que llegase al borde de la libertad, para una vez allí sujetarlo y regresarlo a la oscuridad esclavizante. Con el correr de los minutos, se convencía más y más que ése era el verdadero plan de las criaturas.
       Para cuando llegaron al sitio en cuestión, sus piernas temblaban al borde de la extenuación. Sabía que jamás podría lograrlo. En el caso de que las criaturas, por algún motivo, lo dejaran escapar, él nunca encontraría las fuerzas necesarias para cargar con el muchacho durante todo el ascenso por la mina.
       -Aquí es- dijo Abel, señalando una pequeña abertura en la roca, de no más de cincuenta centímetros de diámetro. Lo observaba con una expresión brillante en los ojos, como si pudiera adivinar sus pensamientos. Hizo una pequeña cabriola y luego se puso en firme, en posición de militar-. Ha sido un placer, mi señor.
       Dan depositó al chico en el suelo y luego observó la abertura, ignorando la burla de Abel.
       -Apenas puedo pasar por allí. ¿Cómo se supone que arrastraré al muchacho conmigo?
       -Ese no es mi problema, amigo.
       -Maldito hijo de…
       Pensaba sacar el arma y obligar a Abel a ayudarlo. Pero entonces una voz lo sorprendió por completo:
       -De todas maneras, no hará falta que me arrastres- provenía desde el suelo: era Lucas. Lentamente se incorporó y se puso al lado de Abel, masajeándose los músculos del cuello-. No pienso subir, así que ni te gastes en intentarlo.
       -Estabas despierto. Todo este tiempo- suspiró Dan, de repente desanimado. Se sentía un estúpido por haber permitido que un muchacho lo engañara tan fácil. Sabía que había una trampa, pero nunca se le había ocurrido que podía venir por ese lado-. Prometí a tu padre que te regresaría a la superficie, y pienso cumplir con mi promesa.
       Introdujo la mano dentro de su traje de buzo, pero recién ahí notó que el bulto frío (que al final no estaba tan frío, debido al contacto con su cuerpo), ya no se encontraba.
       -¿Estás buscando esto?- sonrió Lucas, mostrándole el arma en alto, como quien enseña un hueso a un perro hambriento-. Te la robé mientras mirabas embobado la máquina del placer de las babosas. Pero Abel se equivocó en algo; no sólo sirve para dar placer. También puede curar algunas enfermedades y regenerar el cuerpo. Y si se la usa mal, puede causar la locura…
       -Sube conmigo- suplicó Dan-. No tienes que quedarte aquí. Allá arriba te espera una vida maravillosa. Tienes todo el tiempo por delante, muchacho.
       -Abel- dijo el chico, emitiendo un suspiro de impaciencia o ira-. Deshazte de este tipo. Y luego regresemos con los nuestros.
       El anciano lo observó. Una línea de preocupación partió su frente en dos.
       -Dame la pistola.
       -¿No puedes vencerlo con tus propias manos? Míralo, está destrozado, apenas puede tenerse en pie.
       -Yo tampoco estoy en buenas condiciones, Eugenio. Ha sido un día muy… complicado.
       -Te estás poniendo demasiado viejo, Abel- dijo el chico, entregándole a desgana el arma, al tiempo que Dan pensaba: “No sé si es buena idea, querido”-. Me pregunto hasta cuándo las criaturas te seguirán soportando- miró al anciano, que con manos temblorosas se demoraba en verificar el seguro del arma-. ¿Y bien? ¿Qué estás esperando?
       Abel alzó la mirada y sus ojos, habitualmente huidizos, quedaron fijos en los del muchacho.
       -Hay un problema, Eugenio.
       -¿Cuál?
       -Ya no eres más el líder. Las criaturas me nombraron tu sucesor. Ahora debes obedecerme a mí.
       Lucas se le quedó observando, perplejo, aunque luego lanzó una risotada.
       -¿Tú, el supervisor? No me hagas reír, viejo.
       -¿Por qué no?- tembló de rabia Abel-. Soy el más antiguo aquí abajo, también el más viejo. Creo que me lo merezco, ¿no?
       -Eres débil y cobarde- dijo Lucas, alzando el labio superior como un perro-. Todo el mundo lo sabe.
       “No, muchacho”, pensó Dan. “Estás tirando demasiado del hilo, y éste ya está demasiado fino”.
       -¿De verdad?- Abel se rascó la barba compulsivamente, al tiempo que apuntaba el arma hacia Lucas-. ¿Te parece cobarde esto que estoy haciendo?
       El chico ni siquiera pestañeó. Estaba muy seguro de sí mismo, y Dan pensó que podía llevarse una pequeña sorpresa si seguía humillando a Abel de esa manera. Esto hizo que recordara la promesa que le había dado a Quiroga, y entonces decidió que era hora de actuar. Sabía que la tragedia estaba a un solo paso.
       -Escucha, Abel, no tienes por qué disparar a nadie- trató de razonar-. ¿Por qué no me dejas llevarme al muchacho? Nosotros desapareceremos de aquí, y tú podrás liderar al grupo todo lo que quieras, sin la… eh… competencia de Lucas. ¿No es ése un trato genial? Todos salimos ganando, ¿qué te parece?
       -Yo no quiero subir- dijo Lucas. Su sonrisa se había esfumado. Ahora, más que un chico, parecía un adulto cansado y peligroso.
       -Y yo tampoco quiero que subas- dijo Abel. La mano le temblaba tanto que era un milagro que aún no hubiese apretado el gatillo. Señaló hacia el sitio por donde habían llegado-. Ahora, dense la vuelta y hagan lo que yo diga- miró hacia Lucas y con un aire falsamente conciliador agregó:- Lo siento, muchacho, tendrás que empezar a acostumbrarte.
       -Muy bien, tú te lo has ganado, viejo- dijo Lucas, y comenzó a avanzar decidido hacia Abel, al tiempo que el anciano, abriendo sorprendido los ojos, gatillaba el arma en dirección al muchacho.

3

     La oscuridad.
     Otra vez la oscuridad.
     Tentáculos gruesos como serpientes se enroscaban en su cuello y lo asfixiaban. Otros tantos sujetaban sus brazos y piernas. Quiroga apenas podía respirar y la masa de criaturas lo rodeaba sin posibilidad de escape. Un tentáculo grueso como un brazo comenzó a introducírsele por la garganta. Sintió arcadas, pero enseguida éstas remitieron y las voces de las babosas, frías y amenazantes, se adueñaron de sus pensamientos.
       “NO DEBISTE HABER RESISTIDO”.
     “DEBISTE HABER ACEPTADO NUESTRA PROPUESTA”.
      “HUBIESES SIDO UN GRAN HOMBRE EN UNA NUEVA GRAN ERA”.
      “PERO LO ARRUINASTE”.
      “Y AHORA SERÁS UN SIMPLE ESCLAVO MÁS…”
      Pensó que ya había pasado bastante tiempo, Dan y su chico debían haber llegado lo suficientemente lejos. No podía demorarse un minuto más. Sabía que las criaturas lo doblegarían si él esperaba demasiado para hacerlo.
       “LA TRAICIÓN AQUÍ ABAJO SE PAGA MUY CARO”.
       “PASARÁS UN MES EN EL SÓTANO…”
       “Y ESO SÓLO SERÁ EL COMIENZO…”
       El bolsillo.
       El bolsillo derecho de su pantalón.
       Quiroga debía concentrarse en eso. Solamente en eso. Su mano derecha, sujeta por los tentáculos, no estaba tan lejos del bolsillo. Dobló la muñeca hacia arriba y comenzó a introducir sus dedos dentro del bolsillo.
       “MORIRÁS AQUÍ ABAJO Y NUNCA SE TE CONCEDERÁ NINGÚN PRIVILEGIO”.
       “TE DOBLEGAREMOS. TE SOMETEREMOS A LAS PEORES HUMILLACIONES”.
       “QUERRÁS ESTAR MUERTO, PERO NOSOTROS NO TE DEJAREMOS MORIR…”
       Un poco más. Sus dedos ya estaban rozando la fría y rasposa superficie de la granada.
      Inmediatamente después de pensar en la palabra “granada”, sintió que algo cambiaba en el tono amenazante de las voces. Se hizo un silencio receloso, y luego cientos de dedos hurgaron con premura dentro de su mente, buscando información. Quiroga cerró los ojos con todas sus fuerzas y trató de rechazarlos, pero eran demasiados. Y muy fuertes.
       “TIENE ALGO EN EL BOLSILLO”.
       “ALGO QUE HA SACADO DEL BOLSO SIN QUE NOSOTROS NOS HAYAMOS DADO CUENTA”.
       “ALGO PELIGROSO”.
       “ALGO QUE EXPLOTA”.
       “ALGO QUE TRAE FUEGO”.
       Sintió que algo caliente y pujante se adueñaba de su brazo, como poseído por un ente externo. Ya lo había experimentado antes, cuando había intentado apuñalar a la criatura que lo acarreaba en su vientre. Pero ahora estaba preparado y rechazó con toda su fuerza de voluntad al invasor, al tiempo que los músculos de su cuerpo se contraían por el esfuerzo.
       “DEBEMOS QUITARLE EL OBJETO QUE EXPLOTA”.
       “DEBEMOS RETIRARLE LA MANO DEL BOLSILLO”.
       “AHORA”
        “AHORA”
        “¡AHORA!”
        La fuerza invasora le recorrió el brazo desde el hombro hasta el codo, y de allí hasta el antebrazo. Muy pronto perdería el control de la mano y de los dedos y ya no podría retirar la espoleta de la granada. Y estaba tan cerca de lograrlo… Redobló sus esfuerzos y se concentró en rechazar al enemigo. Pensó que la fuerza invasora era un alud de barro y piedras, y él apenas un hombre con una placa de hierro a modo de escudo. Nunca podría detener al alud, pero si clavaba el escudo bien hondo en la tierra, y él se parapetaba detrás, sujetándolo con todo el peso y la fuerza que era capaz… tal vez… sólo tal vez… lograría ganar algo de tiempo para alcanzar el anillo de la granada…
       “No me van a doblegar”, pensó Quiroga. “Fuera de aquí, malditas. ¡FUERA DE AQUÍ, MALDITAS!”.
       Sintió que, por un segundo, las babosas retrocedían por la sorpresa. Pero luego regresaron y recuperaron el control. Ahora se habían adueñado de su muñeca. Su mano temblaba al borde de la derrota. Apenas podía sentir los dedos. Pero aún así, se las arregló para hurgar un poco más en su bolsillo. Y creyó reconocer, al tacto, el contorno circular de la espoleta.
       “¡ALÉJENLO DE LA GRANADA!”
       “¡SUJÉTENLE EL BRAZO!”.
       El peso del alud pareció triplicarse, también su velocidad. El escudo firmemente clavado en la tierra comenzó a temblar y a vibrar. Las piernas de Quiroga, del otro lado de la placa de hierro, resbalaron en la tierra y comenzaron a retroceder. El escudo comenzó a partirse. Unos tentáculos le rodearon el brazo y lo tironearon hacia atrás, pero él siguió resistiendo. Sintió que los músculos del bíceps se desgarraban con una especie de crujido interno y aullante.
        “Sólo un poco más”.
        Introdujo el dedo en el anillo. Ahora sólo debía tirar de él.
        Parecía sencillo, pero se dio cuenta de que se trataba de un esfuerzo sobrehumano. Era como querer mover un edificio con el dedo meñique.
        “Vamos, mierda. Puedes hacerlo”.
        Quiroga resistió y comenzó a retraer el dedo. Cada milímetro, cada incluso décima de milímetro que avanzaba era una pesadilla de esfuerzo y de voluntad. Ahora los tentáculos le rodeaban el cuello y trataban de asfixiarlo. Los latidos de su corazón debían superar las ciento sesenta pulsaciones por minuto. La transpiración caía a chorros de su cuerpo, que temblaba entero al borde del quebranto. Hilillos de sangre comenzaron a salir primero por su nariz, y luego por su boca y orejas.
        “¡NO PODEMOS DEJAR QUE GANE!”
        “¡DEBEMOS ATACAR CON TODO!”
        Pero aún así Quiroga seguía resistiendo. Lo hacía por él, lo hacía por su orgullo, pero sobre todo por su hijo. Quería destruir a las criaturas. No sabía si lograría acabar con todas, pero quizás podría dejar un mensaje con su accionar. Y ese mensaje era: “No te rindas, hijo. No te dejes someter”.
       “Lucha siempre por ser libre. Y disfruta todo lo que puedas, porque el viaje es más corto de lo que parece”.
        “¡NOS ESTÁ VENCIENDO!”
        “¡MÁTENLO!”
        “¡MATEN AL ESCLAVO AHORA MISMO!”
        Los tentáculos le partieron el brazo en varias partes. Quiroga ignoró el dolor e hizo otro esfuerzo, el último. Con un movimiento del dedo retiró el anillo de la granada, al tiempo que su corazón finalmente explotaba de cansancio.
         “Yo no soy el esclavo de nadie, perras”, pensó con su último instante de lucidez.
         Y luego todo voló en pedazos.

3

El disparo retumbó en las paredes de piedra. Lucas gritó y su hombro pareció sacudirse hacia atrás. La sangre comenzó a correr por su brazo, pero no detuvo el ímpetu del chico, que se abalanzó sobre Abel y sujetó el arma. El anciano volvió a disparar, pero ahora el arma apuntaba hacia arriba y la bala dio en el techo de la caverna, desprendiendo una nube de polvo y fragmentos de piedra que cayeron – en forma de fina lluvia- sobre las cabezas de los luchadores.
      -¡Soy el nuevo supervisor!- jadeó Abel-. ¡No puedes desobedecerme, mocoso de mierda!
      -Eres… demasiado… cobarde… para serlo…
      Abel levantó la rodilla y golpeó la entrepierna de Lucas, que lanzó un quejido pero no soltó el arma. Dan se acercó a los hombres y se preparó para intervenir en el momento justo. Gran parte del polvo desprendido del techo había caído sobre su cabeza, por lo que su rostro parecía enharinado como el de un chico jugando a los fantasmas. Cuando Lucas dio un cabezazo en la nariz de Abel, y éste retrocedió parpadeando y aturdido, Dan se arrojó sobre el brazo del chico y lo mordió. Lucas soltó un alarido de sorpresa y el arma cayó al suelo. Rápido como jamás lo había sido en su vida, consciente de que aquel podía ser un momento crucial para el destino de todos, Dan se arrojó sobre el arma y en menos de un segundo apuntaba con ella hacia Lucas, que le dirigió una escalofriante mirada de odio.
      -No te muevas, chico- gritó-. Y tú tampoco, Abel. ¡Sepárense y préstenme atención!
      -Eres un hijo de puta- gruñó Abel, aferrándose la nariz con ambas manos. Lucas se la había roto y manaba abundante sangre de sus fosas nasales-. Te mataré, ¿lo sabes?
      -Yo tengo la pistola, viejo- comenzó a decir Dan, sorprendido por la furia que destilaba el anciano-. Así que…
      Pero calló cuando se dio cuenta de que Abel no hablaba con él, sino con Lucas. Y Lucas tampoco parecía muy pendiente de la pistola de Dan. Observaba a Abel con una sonrisa siniestra en el rostro. En su frente tenía una mancha de sangre que sin dudas pertenecía a la nariz del anciano.
       -Ven por mí si quieres, viejo- dijo el chico-. Sé que siempre quisiste ser el líder. Nunca soportaste que un mocoso de diecisiete años como yo te diera órdenes, ¿verdad?
       -¿La verdad?- dijo Abel, respondiendo a la feroz sonrisa de Lucas con otra igualmente feroz-. Pues no. Eres un imbécil. Y un ignorante. Pero ahora las babosas me eligieron a mí, así que…
       Lucas volvió a abalanzarse sobre Abel. Ambos hombres, ante la mirada azorada de Dan, rodaron por el suelo y comenzaron a arrojarse golpes y patadas. Abel mordió el cuero cabelludo de Lucas y éste respondió alzando la cabeza con ferocidad. Se escuchó un crujido y algo que en un principio parecía ser un par de piedritas blancas rodó hacia los pies de Dan. Las observó con detenimiento. No eran piedritas: eran los dientes de Abel. Ahora la cara del anciano era una máscara de sangre y dolor, pero aún así seguía luchando y profiriendo terribles amenazas. Lucas tampoco parecía en muy buenas condiciones. Sangraba por la boca y tenía una especie de corona de sangre alrededor de la cabeza. Gruñía como un perro y ante cada golpe de Abel respondía con una especie de balbuceo inconexo y animal. Dan se adelantó y trató de apartarlos, pero recibió una patada en la ingle que le quitó el aire. Retrocedió y apuntó la pistola hacia el techo.
      -¡Levántense, imbéciles! ¡He dicho que se levanten!
      Pero ambos contendientes no le prestaron atención; estaban trenzados en una lucha de resentimiento y odio cuyo origen parecía remontarse muchos años atrás. Dan disparó hacia el techo, pero sólo consiguió que más polvo cayera sobre su cabeza, además de un fragmento del tamaño de una pelota de tenis. Lanzó una maldición. Rodeó a los luchadores y miró hacia atrás, por si alguna de las criaturas venía por los túneles. Pero estaban solos. Regresó la mirada hacia la pelea, justo en el momento en que Lucas, poniéndose a horcajadas de Abel, le asestaba otro cabezazo y lo dejaba nock-out.
     Las piernas del anciano dieron una especie de bailoteo. Sus ojos pestañearon frenéticamente y luego se pusieron en blanco. Había quedado fuera de combate.
      -Espero que estés contento ahora- dijo Dan, volviendo a apuntar al muchacho-. Espero que te hayas sacado de encima toda la fur…
      Lucas dio media vuelta y se arrojó sobre él.
      Parecía un gato enloquecido. Tenía marcas de arañazos en el rostro y babeaba como un retrasado. Dan trastabilló hacia atrás y cayó sentado de culo. Se mordió la lengua al caer y de inmediato comenzó a sentir el gusto metálico de la sangre que bajaba caliente por su garganta. El chico le arrojó una patada y Dan la esquivó a duras penas. Pensaba que no debía perder la pistola. Pasara lo que pasase, no debía…
       Estaba preparándose para contraatacar cuando una explosión sacudió la caverna. Una lluvia de polvo cayó del techo y se escucharon algunos crujidos. En un principio Dan pensó que había activado el arma sin querer, pero luego se dio cuenta que la explosión provenía desde un lugar allá atrás. Lucas alzó la cabeza y gritó algo que no alcanzó a escuchar. Ahora parecía haber perdido las ganas de pelear. Comenzó a alejarse en dirección a la caverna principal, mientras el polvo seguía cayendo en una interminable cascada.
       -¡Hey, a dónde vas!- le gritó Dan, pero el muchacho no pareció escucharlo-. ¡Maldito chico!
       Se incorporó para seguirlo, y entonces una nueva explosión, esta vez mucho mayor y prolongada, lo detuvo. El muchacho pareció petrificarse. El suelo temblaba bajo sus pies. Algunas rocas comenzaron a desprenderse del techo y las paredes. Se produjo un estruendo más adelante: sonó como algo que se derrumbaba. Y algo, un aullido desgarrador, parecía venir a toda prisa por los corredores oscuros.
       -Creo que…- comenzó a decir Dan.
      Y entonces la onda expansiva lo levantó en el aire y lo arrojó contra la pared opuesta.
 
4

      La primera explosión mató a Quiroga y a seis babosas más, incluida Kathia, que permanecía dentro de una de ellas.
      Las criaturas restantes estaban alejándose del lugar, aterrorizadas y aturdidas, cuando las llamas de la primera explosión encontraron el bolso repleto de dinamita que Dan había traído desde la cabaña de Quiroga. Siete cartuchos de dinamita de alta potencia estallaron al mismo tiempo y dejaron un cráter de cinco metros de diámetro. Las piedras volaron hasta el techo. Cincuenta y cinco criaturas murieron en el acto, y otras tanto quedaron quemadas y heridas de muerte. Una babosa salió arrojada hacia el río y su cuerpo chamuscado y humeante cayó sobre el agua helada; el efecto fue como si alguien hundiera un palo ardiente en una cubetera. El agua siseó y el cuerpo de la babosa pareció abrirse en dos. Sus líquidos se mezclaron con el río y lo tiñeron de amarillo. Trozos de babosas caían desde el aire y se estrellaban en las piedras con húmedos y repugnantes “plaf”. Tentáculos, órganos internos, incluso algunos restos humanos aterrizaban en un radio de cuarenta metros desde el epicentro de la explosión. La caverna entera comenzó a vibrar y a producir un sonido grave y ominoso. El techo estaba comenzando a partirse. Hubo un tremendo golpe que hizo cimbrar el suelo: se trataba de la guarida de los viejos y los bebés, cuyo techo se había derrumbado. Le siguió una ola de calor y de polvo que barrió la superficie de la caverna principal y se metió entre los huecos secundarios. Las babosas sobrevivientes se arrastraban en dirección al río y trataban de llegar a la orilla opuesta. Unas cuantas de ellas murieron cuando las primeras estalactitas que pendían del techo, que eran del tamaño de cañones, cayeron sobre ellas y las empalaron. Luego el techo comenzó a ceder, y rocas que eran como autobuses comenzaron a hacerse polvo contra el suelo. Algunas de esa rocas cayeron en el agua y el río entero comenzó a desbordarse. Las criaturas habían ingresado al túnel de la guarida cuando el techo de éste cedió. Toneladas de rocas cayeron sobre las babosas y las aplastaron en el acto; las únicas que pudieron escapar fueron aquellas que ingresaron por los túneles subacuáticos del río, y que fueron lo suficientemente rápidas como para ganarle a la ola de derrumbes que se había desatado alrededor.
      Sólo una babosa logró sobrevivir en los túneles de la guarida. Había escapado por los pelos del derrumbe, pero a un muy alto costo: seis de sus veinticinco tentáculos habían quedado atrapados bajo las piedras, y una buena parte de su cuerpo estaba maltrecho y reventado. Aún así, tenía esperanzas de sobrevivir. Si lograba llegar a la máquina regeneradora, tal vez podría vivir unas décadas más. La máquina no hacía milagros y de hecho era prácticamente inútil a la hora de enfrentar a la vejez y las enfermedades más graves, pero la babosa en cuestión era joven y fuerte, y pensaba que podría lograrlo. Comenzó a arrastrarse en dirección a la cápsula, en el mismo momento en que, del otro lado del túnel, y sin saberlo, Dan y Lucas se recuperaban de la ola de choque y comenzaban a correr hacia su encuentro…   

(Continuará...)

22 comentarios:

  1. Aays y nos dejas así! Noo eres maloo! Has matado a liana y después a Quiroga y lo ultimo que sera? Dan o lucas? Oye no te has dado cuenta que dan es poco torpe no? Jaaja me reí un montón cuando leí que se había caído de culo y se mordió la lengua y pensé ay a este le pasa de todo pobrecito jajajaj. Bueno veremos el otro capítulo.abrazos muy fuertes y no mates a nadie mas asesino!! Jajaj
    Atte: alba

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    1. Hola Alba, me alegro que te haya gustado el capítulo (creo). Lo de las muertes creo que eran inevitables, al menos el argumento de la novela me fue llevando para ese lado. Lamenté haber tenido que matar a Quiroga, ya que era mi personaje preferido, pero bueno, era eso o dejar que escapara a lo Rambo entre doscientas criaturas, cosa que iba a quedar poco creíble jeje. Mañana publico el último capítulo, pero la cosa no termina ahí, ya que faltará el epílogo, que se publicará el viernes y ahí sí, la novela termina. Abrazos!!

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  2. Hola Mauro.
    Me alejo un par de capítulos y se muere Liana, Quiroga y posiblemente Amanda. Que tal giro de la novela.
    Lo de Quiroga me emocionó hasta las lagrimas (Literalmente). Soy de aquellos a los que les gusta ese tipo de sacrificios y muestras de valor. (Lloré con la escena de los músicos en Titanic y también cuando Los mosqueteros salen corriendo de la cueva a enfrentarse a los soldados del rey. Sí, los hombres también lloran, jejeje).
    De Lucas que se podía esperar su accionar, es solo un chiquillo con poder, es lógico que meta la pata. Y el pobre Dan, siempre tan torpe (como dice Alba, jajaja). Nunca aprenderá a pelear. Fijo que era la Lorna del colegio, jajaja.
    Muy buen capitulo, emocionante de principio a fin y como siempre, nos dejas con la intriga y ansiedad de saber que sucederá. A esperar el próximo capitulo.
    Pasando a otro tema, el motivo de mi ausencia se debe a que el 03 de noviembre de 2014, a las 15:58 hrs, con un peso de 3.410 Kg y 50 cm nació Fabio Alberto, mi hijo. Estoy muy feliz y quería compartir mi felicidad contigo y con todos los seguidores de tu pagina (Mi Familia del Terror), a los cuales aunque parezca increíble he ido conociendo y haciéndome una idea de como son al leer sus comentarios.
    Por el momento duermo un promedio de 2 a 3 horas por noche, pero la verdad que no me siento cansado ya que al ver la carita de mi hijito se me pasa todo.
    Si lo quieren conocer, me pueden buscar en el face como Eduardo Valdez Rasmussen. Me mandan un invitación de contacto y los acepto al toque.
    Y ya no los aburro con mis Chochadas, jajaja.
    Hasta la próxima.
    Mágicas bendiciones.

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    1. Felicitaciones por tu bebé! Espero que sean muy felices

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    2. Felicidades amigo!!! Cuanto me alegro ,un hijo es el regalo mas bonito que nos da la vida !!!

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    3. Felicitaciones Eduardo!! Un hijo siempre es una bendición disfrutalo mucho! Espero que sean felices! Un abrazo.
      Arte: alba

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    4. Qué grande Eduardo, yo cuando vi que no comentabas en los últimos capítulos imaginé que había nacido el bebé, qué lindo que haya salido todo bien, ahora llegará un período de unos pocos meses en que dormirás poco y nada jeje, pero pasará rápido y disfrutarás del bebé cada vez más. ¿Te fijaste lo que puse en la fanpage?
      Bueno, te mando un abrazo y espero que ande todo bien.

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    5. Ésta es la dedicatoria de la fanpage que hice en homenaje a Fabio Alberto, por si no la viste: https://www.facebook.com/666CuentosdeTerror

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    6. Muchas gracias por sus felicitaciones amigos.
      Ya revise la fanspage y ya la compartí. Muchas gracias por la dedicatoria Mauro, en verdad que no me lo esperaba. Es todo un honor.
      Hoy cumple 14 días y yo ando con mas ojeras que un Panda, jajaja, pero feliz por tener a mi pequeño a mi lado.
      Un fuerte abrazo a todos ustedes.
      Mágicas bendiciones.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Hola, escribí mal una palabra, jajajaa por eso lo eliminé (el comentario), bueno, te paso el link de mi blog http://homoeroticobookspanish.blogspot.mx/2014/11/historia-de-terror-retrasada.html
    ahí está el corto de terror que publiqué, nos vemos.
    PD Ya estoy leyendo la novela. :)

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    1. Hola A.C.M., el corto de terror es "Dudas"? Ahora estoy en el celu y me resulta difícil verlo, así que voy a ver si lo veo a la noche. Pensaste en subirlo a youtube? Creo que ahí tendría más acceso al público y sería más visto. No sé, se me ocurre a mí, tal vez me equivoque. Bueno, un abrazo.

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    2. Hola Mauro, no, no es esa, pero te paso el link de mi nuevo blog donde igual subiré historias de terror.
      Se llama "OSCURIDAD"
      http://terror-miedo-suspenso-acm.blogspot.mx/
      solo serán cuentos cortos, pues mis manos están llenas con otras cosas.
      Saludos y cuando tengas tiempo, espero tu opinión.
      Muchas gracias!!!

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  5. Capitulo lleno de imagenes asombrosas, Quiroga rodeado de babosas quienes lo manipulan sin exito, Lucas contra Abel rebolcandose en el suelo ensangrentado. Sin dudas un buen capitulo, pena por la muerte de Quiroga, pero se fue con Cuco. Esperando ansioso el ultimo capitulo de esta gran obra;) un abrazo.

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    1. Gracias Elvis, mañana publico el último capítulo y el viernes el epílogo, así que ya realmente falta muy poco. Abrazos.

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  6. Aquí Roger reportandose (desde el móvil esta vez) Fue una semana un poco estresante para un adultescente como yo, finales de semestre y actividades de fin año, hacen que me sienta presionado. Pero sabes que me da esperanzas de que la semana puede mejorar? pues es revisar la página y encontrarse que Mauro publicó Cuento! Mamaaaá! hoy si hay cuentoooo! es hora de pedir un deseo.

    # En resumen, el capítulo de hoy fue heroicamente épica!! Sabes que lograste? que sintiera admiracion por barbudo de Quiroga, MY RESPECT! para él. Ya era hora de que se reencuentre con Cuco :( . (Aunque el esté en el cielo de perros). Fue tanta mi imaginación que pude ver claramente los últimos segundo de vida de Quiroga, su sonrisa de satisfacción al ver la desperación de esos seres. Por ultimo el Cabuuuummmm!! y toda la ensalada de babosas por los aires!. Esto fue digno de aplausos para Quiroga. Su nación está orgullosa. (Mano al pecho cadeteees!)

    #Bueno la pelea de Abel y Lucas, digno de una guardería de niños. Al parecer Dan es casi como yo jaja no tiene ese instinto conflictivo para poder pelear contra otro ni muchos menos deslumbra autoridad.

    Hasta el ultimo capítulo Mauroo! no olvides el homenaje a Cuco. Cambio y fuera! tsss!

    PD: Si lo olvidas, encontrarás popó en tus zapatos al amanecer. jeje

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    1. Vamos Roger, no te desanimes que ya falta poco para el final de año! Y también falta poco para que la novela termine jeje. El homenaje a Cuco no será en el último capítulo (que publicaré mañana), sino en... el Epílogo del viernes. Seee. El final te adelanto que ni yo me lo esperaba jeje, fue algo totalmente inesperado incluso para mí (cosa de locos!). Bueno, ya verás...
      PD: Esta mañana no me encontré con popó en los zapatos, sino en el pañal de mi hijo jaja. Abrazos!!

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  7. Ops que buen capitulo y bien largo ademas de tener muchos desenlaces jaj. Pobre Quiroga yo quería que salga vivo de todo, y lucas es un estupido no vio todo lo que hizo su padre jum, me matan las ganas de ver el final y ver que pasa jaj.

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    1. Gracias Jonatan. La novela ya casi termina, pero aún hay lugar para alguna que otra sorpresa jeje. Abrazos!!

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  8. T-T te odio¡¡...porque a Quiroga porque :,( ..si le creia a chuck norris, a macgyver y a mister T que podían hacer lo imposible igual hubiese creído que Quiroga sobrevivía, podríamos haber culpado a la droga que tomaba o algo así ... lo que si podrías matar a lucas ya me cae mal el crío pedante así se va con su padre y cuco y al pobre dan lo dejan tranquilo de una vez
    espero que sea super ultra mega larga el próximo capitulo...o en su defecto el epilogo

    saludos¡¡¡

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  9. Quiroga murió y Lucas se volvió loco (era cuestión de tiempo, supongo), todo se acerca a su fin.

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    1. Hola Gilian!! Vi que estuviste comentando en cada capítulo de la novela que fuiste leyendo, así que te agradezco la gentileza. Ya casi no me acuerdo de la novela, y eso es una señal de que es hora de comenzar a corregirla. Así que cualquier sugerencia que tengas, me la dices y te estaré muy agradecido. Abrazos!!

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