CDT 65: "El Ataque"

Hola, estimado lector, que alegría volver a encontrarnos. Comenzaremos la Segunda Temporada del blog con un cuento de suspenso titulado "El ataque". Trata de unos clientes en un bar que se ven envueltos en una ola de confusas y misteriosas muertes, cada una más sangrienta que la otra. ¿Me acompañas? 
Como siempre, espero tus impresiones y comentarios. Un abrazo y buen fin de semana.


_______________________________

"EL ATAQUE"

El ataque

1

-Mayra, me da mucho gusto escucharte- dijo el hombre de camisa amarilla sentado frente a uno de los ventanales del bar, instantes antes de que su cabeza estallara en mil pedazos.

2
     En ese momento, Bryan se encontraba a unos pocos metros de distancia, tomando una copa junto a una rubia idiota del área de contaduría. Cuando la cabeza del tipo explotó sin motivo aparente, hizo un ruido apagado y hueco, algo que sonó como un húmedo “bluff”, y Bryan, junto con otros comensales del bar, no pudo evitar lanzar un gemido de horror.
     -¿Qué pasa?- dijo la rubia idiota, agrandando sus ya de por sí enormes ojos color violeta-. ¿Qué pas…
      Siguió la dirección de la mirada de Bryan, girando un poco el cuello, y luego lanzó un gritito agudo, al tiempo que se llevaba una mano sobre la boca.
      -Dios mío, ¿qué fue lo que sucedió?- dijo una voz desde la barra.
     -Un disparo- respondió alguien-. ¡Le volaron la cabeza!
     -¡Son terroristas!- terció otro, y esta palabra bastó para que todos los comensales, incluidos Bryan y la rubia de contaduría, chillaran y se arrojaran al suelo, buscando el frágil refugio de las mesas art deco que poblaban la parte baja del bar.
     -Vamos a morir- decía la rubia-. Oh, Dios mío, vamos a morir…
     Bryan quiso calmarla, decirle que todo saldría bien, pero no encontró la voz o el ánimo necesarios para hacerlo. Había invitado a la rubia por insistencia de sus compañeros, que aseguraban que era una delicia en la cama. Bryan había aceptado, más que nada para sacarse a sus compañeros de encima, aunque estaba seguro que nada ni nadie reemplazaría a Pamela, su antigua novia Pamela. Había roto con él hacía más de un año, pero él nunca había dejado de pensar en ella. La rubia, con todas sus curvas artificiales y sus labios inflados a base de silicona barata, no le llegaba ni a los talones. ¿Y qué hacía allí con ella?, se preguntó en más de una ocasión. ¿Qué era lo que pretendía lograr?
      Ahora eso, quizás, ya no importaba. Ahora importaba el tipo de la camisa amarilla, y aquel grito anónimo que auguraba lo peor, lo inconmensurable: un maldito ataque terrorista. El cuerpo de Bryan temblaba. Un extraño sudor sofocante parecía subir desde su mismo abdomen, como una especie de acelerada y febril metástasis. Miraba hacia los ventanales, tratando de adivinar el próximo ataque, mientras la imagen de la cabeza del hombre de camisa amarilla venía a su mente una y otra vez. Había reventado como un melón maduro arrojado desde un décimo piso. Exactamente como eso. Ahora el tipo (descubrió Bryan de un rápido vistazo) estaba resbalando lentamente hacia abajo, su torso un poco inclinado hacia la izquierda. Su camisa había dejado de ser amarilla desde los hombros hasta la parte media del abdomen; lo substituía un color escarlata brillante. ¿Y cuáles habían sido sus últimas palabras? Algo así como que se alegraba de ver a alguien. Una mujer, quizás. El pobre diablo ni siquiera había tenido tiempo de sorprenderse frente a la cercanía de su muerte. Aunque, pensándolo bien, ¿no era esa la mejor manera de morir?
      La rubia refugiada a su lado lloraba. Su mano derecha comenzó a hurgar algo entre los pliegues abultados de su pullover hasta ese momento impecablemente blanco. Por un momento, por un aterrador y delirante momento, Bryan pensó que se estaba sobando el pecho izquierdo, en un último acto de provocación que casi podía resultar comiquísimo, como las peores escenas de una mala película pornográfica. Pero luego se dio cuenta del error: la chica sólo estaba buscando su celular. Tenía la costumbre de ponérselo entre las tetas, para recalentar el ambiente masculino de la oficina. Tanto las mujeres como los hombres la odiaban por cosas como éstas, sólo que los hombres solían descargar su odio de otra manera. Acostándose con ella, para ser más exactos. Y ahora…
     -Moriremos- decía la chica-. Oh, Dios, moriremos…
     Parecía haberse olvidado por completo de él, de Bryan. Sus palabras sonaban huecas e irreflexivas, como las palabras de un robot metido por alguna razón en un hueco bajo la tierra. Había conseguido por fin retirar el celular de sus partes íntimas, y estaba llevándoselo a la oreja cuando una explosión sorda, muy similar a la que se había escuchado momentos antes de que la cabeza del tipo de la camisa amarilla estallara, los hizo respingar bajo la mesa.
     De inmediato, Bryan sintió que algo viscoso y tibio aterrizaba sobre su cuello. Se llevó una mano a la zona y la retiró empapada en sangre. Quedó mirándose los dedos teñidos de rojo, mientras la rubia a su lado gritaba a todo pulmón. “Es sangre”, pensaba Bryan. “Es mi sangre…”
      -¡Están disparando de nuevo!- chilló una voz-. ¡Alguien que llame a la policía!
     -¡O al ejército! ¡Mejor al ejército!
     Alguien dijo otra cosa más, pero Bryan no prestó atención, porque estaba convencido de que iba a morir desangrado. Sin embargo, un rápido vistazo a su alrededor lo sacó de la confusión. No era sangre de su cuerpo, sino de un desdichado de la mesa más cercana, que ahora yacía derrumbado sobre el suelo. Al igual que el hombre de la camisa amarilla, su cabeza había desaparecido, en su lugar sólo quedaba un pedazo de mandíbula inferior y el lóbulo izquierdo de la oreja, tenazmente aferrado a un jirón de carne. Sus piernas se sacudían como si aún desde la muerte quisiera llegar a algún lado. Y había algo que estaba mal en esa escena, como fuera de lugar. Algo que se les estaba escapando. ¿Pero qué?
     -¿Policía?- dijo una voz desde la barra-. Necesitamos ayuda ahora mismo. Estamos…
     Otra vez esa espantosa explosión sorda, que hizo que la voz se silenciara. Más gritos y personas que corrían de un lado a otro, buscando un mejor refugio frente al peligro. Bryan asomó la cabeza, sólo un poco, lo suficiente como para ver la barra de madera lustrada del bar. No había nadie allí, pero los vitrales profusamente salpicados en sangre lo decían todo. Una nueva víctima. Quienquiera que fuese que les disparaba, tenía una puntería asombrosa. ¿Pero quién era? ¿Por qué estaba haciendo eso? ¿Y desde dónde disparaba?
     De nuevo, la idea de que algo se les escapaba volvió a atormentarlo. Se le ocurrió que tenía que ver con una cosa relacionada con el tipo de la camisa amarilla. ¿Qué? No tenía idea. Pero sabía que podía ser importante.
     “Piensa, mierda”, se dijo a sí mismo, mientras observaba, con la mirada alerta, hacia los grandes ventanales del bar. “Utiliza ese cerebro que Dios te dio por primera vez en tu vida, y piensa”.
     El hombre de la camisa amarilla. Él había estado observándolo cuando le estalló la cabeza. Se había desentendido de la charla monótona de la rubia y había pensado… algo referido, precisamente, con su camisa amarilla. Eso es, se dijo. Le había llamado la atención su camisa, no por el color, sino porque…
     -Moriremos, Bryan- dijo la rubia de repente, aferrándolo del brazo y clavándole sus largas uñas pintadas de rojo-. No quiero morir ahora. Ayúdame. Ayúdame…
     -Cállate.
     -Llamaré a mi mamá. La llamaré ahora mismo…
     -Te dije que te calles. ¡Déjame pensar!
     La rubia ni siquiera pareció escucharlo. Había recogido el celular otra vez y parecía muy concentrada buscando un número en la agenda. Y eso a Bryan le pareció muy bien. Porque él debía pensar. Pensar en algo muy importante. Tenía que…
     Una nueva explosión. Esta vez se trataba de una mujer con un sobretodo negro. Estaba ubicada en un rincón, detrás de unos frondosos ficus puestos en macetones. Gran parte de su rostro había desaparecido. Un único ojo parecía observar el interior del bar, como si se sorprendiera por la fauna urbana que había allí. La mujer resbaló lentamente hacia abajo y su cuerpo quedó colgando de la silla, los brazos laxos a ambos costados. La gente volvió a alborotarse, pero ahora Bryan sólo pensaba en el abrigo de la mujer. Sin dudas lo llevaba puesto porque hacía mucho frío allá afuera. De hecho, todos en el bar llevaban puesto algún tipo de abrigos, todos a excepción del tipo de camisa amarilla. De repente, Bryan miró hacia los ventanales. El clima frío. De eso se trataba el asunto. Se le había escapado porque sus facultades mentales estaban anuladas por el pánico, pero ahora que podía ver con cierta claridad, se convencía más y más de ello. El frío. Las ventanas. Las explosiones sordas que parecían provenir desde ningún lado.
     -No están disparando- dijo entre dientes. Miró a la rubia, que había comenzado a llamar a su madre o a quien fuese que había discado-. Los ventanales están cerrados por el frío, pero no veo ningún vidrio roto.
     La rubia no pareció escucharlo. Su mirada era tan expresiva como la de una muñeca de porcelana vieja. Bryan supo que estaba perdiendo el tiempo y salió de debajo de la mesa, extendiendo sus brazos.
     -¡No están disparando!- gritó a la multitud refugiada en las diferentes partes del bar-. ¡Escuchen! ¡No hay ningún francotirador allá afuera! ¡Es otra cosa! ¡Debemos…
     Otra explosión sorda lo interrumpió. Esta vez, para su espanto, provenía desde la mesa donde acababa de salir: cuando Bryan se agachó para mirar, vio el cuerpo decapitado de la rubia, que rápidamente se derrumbaba en dirección al suelo. Le siguieron a esto nuevas detonaciones, casi simultáneas, como la ráfaga de una singular metralleta. Tres cuerpos con las cabezas destrozadas cayeron al unísono. Sillas, mesas, copas y platos fueron derrumbados por los cuerpos inertes, cuyas extremidades aún se movían un poco. Bryan quedó salpicado con una nueva oleada de sangre caliente; ahora estaba empapado de la cabeza a los pies. En realidad no era el único: todos los demás comensales (debían ser unos siete u ocho en total) se encontraban en las mismas penosas situaciones. El bar entero era una gran carnicería. La sangre chorreaba de las paredes junto con restos de huesos, carne, sesos y quién sabe cuántas cosas más. Bryan se limpió la sangre que había caído sobre su cara y se agachó para recoger la mano de la rubia.
     -Nadia- la llamó inútilmente.
     Retiró la mano cuando se dio cuenta de que lo único que quedaba de la bonita cabeza de Nadia era su larga cabellera, unida a un pedazo de cuero cabelludo ensangrentado. Torció la cabeza hacia un lado y vomitó. Sintió el olor de la bebida que acababa de beber y vomitó otra vez. Entonces escuchó un chistido a sus espaldas.
     -Chist.
     Era uno de los mozos, que se había refugiado tras la barra. La mirada del mozo se veía desorbitada y algo enloquecida. Quizás la suya misma se veía igual. El mozo, un sujeto moreno de cejas gruesas como orugas, le dijo que se ocultara, que no permaneciera a la vista del ataque de los terroristas.
     -No son terroristas- insistió Bryan, aún luchando con las náuseas que subían y bajaban por su garganta-. No nos están disparando.
     El mozo arqueó una de sus cejas, como si lo que acabara de decir Bryan le resultara del todo increíble, y luego y sin decir más desapareció detrás de la barra.
     -¿Y entonces qué son?- dijo otra voz a su derecha.
     Bryan se dio vuelta en esa dirección. Se trataba de un anciano vestido en forma elegante, que había venido acompañado por una morocha sensual de mirada incandescente. La morocha ahora yacía tendida sobre la silla, con la cabeza hecha un harapo de carne; el anciano estaba empapado en su sangre. Su ostentoso reloj de oro parecía cubierto de óxido. Bryan vio que el anciano había perdido su mirada de superioridad y ahora sólo era un chico que quería la respuesta y el consuelo de sus padres. Bryan negó con la cabeza.
     -No lo sé. Pero sé que nadie está disparando. De lo contrario, los vidrios de las ventanas estarían rotos.
     -El muchacho tiene razón- intervino un hombre de su edad, que estaba acompañado por un adolescente de rasgos aindiados-. No hay disparos. Y creo que allá afuera…
     En ese momento, su celular comenzó a sonar. Automáticamente, antes de que Bryan pudiera alertarlo, el hombre se lo llevó a la oreja y dijo:
     -¿Lucas? Te estaba llamando. Hay una jodida emergencia aquí. Creo…
     Y entonces su cabeza, al igual que la del hombre de la camisa amarilla, al igual que la de Nadia y otras tantas personas más que en los últimos segundos habían utilizado sus celulares, explotó.

3

     -¡Tío Carlos!- chilló el adolescente que acompañaba al tipo. Se arrojó sobre su cuerpo decapitado y luego comenzó a llorar sobre su pecho-. ¡Tío Carlos, por favor, tío Carlos!
     Los otros se quedaron observando la escena durante unos momentos, sin saber qué hacer o qué decir, hasta que el mozo del bar, cuya cabeza había vuelto a aparecer detrás de la barra, como un resorte, preguntó qué diablos estaba ocurriendo.
     -Son los celulares- dijo Bryan-. Hay algo en ellos que hacen que nuestras cabezas exploten cuando los usamos.
     Se dio cuenta de inmediato que sus palabras habían sonado ridículas, estúpidas. Pero lo peor era que estaba segurísimo de que llevaban toda la razón. El patrón se repetía en cada uno de los muertos: todos ellos estaban usando sus celulares al momento de morir.
     -No lo creo- dijo el mozo escudado detrás de la barra-. Los celulares no hacen esas cosas.
     -Pero las están haciendo- insistió Bryan. Se agachó para recoger el celular destrozado que había caído cerca del cuerpo del tío Carlos-. ¿Lo ven? Explotan cuando la gente los usa. Se convierten en bombas. No sé cómo, pero se convierten en bombas que nos pueden destrozar la cabeza…
       -Es horrible- dijo una señora vestida íntegramente de negro, como si mantuviera algún tipo de luto por alguien en particular-. Lo que usted está diciendo, joven, es horrible.
     -Pero es la verdad. Sé que es horrible, pero es la pura verdad- se volvió hacia el anciano adinerado-. Por ejemplo, ¿sabe usted lo que estaba haciendo su… acompañante, en el momento en que explotó su cabeza?
     -Yo… - se sonrojó el anciano-. Ella… creo que estaba llamando al 911. Cuando la cabeza de ese tipo explotó, y alguien dijo que se trataba de un ataque terrorista… ella trató de llamar al 911. Y entonces… pobrecita… oh, Dios, mi pobre, mi querida niña…
     Se derrumbó y comenzó a llorar, sin preocuparse por ocultar el rostro de la mirada de los demás. En ese momento, Bryan se sintió culpable: había pensado que la chica era la prostituta de lujo del viejo. A fin de cuentas, al parecer se trataba de su hija. ¿Por qué, en los últimos tiempos, tendía a pensar lo peor de las personas?
     -Yo no uso esas cosas- dijo la mujer de negro, reflexiva-. Soy chapada a la antigua. Ni siquiera tengo una cuenta de email. Me avergonzaba de ello, pero ahora…- señaló en derredor, hacia el bar caóticamente pintado de escarlata-. Ahora creo que no.
     -¿Y ahora qué hacemos?- dijo el mozo del bar, quien pese a los contundentes razonamientos del grupo aún no se decidía a abandonar su trinchera detrás de la barra-. ¿Qué rayos vamos a hacer?
     No había hecho la pregunta a nadie en particular, pero Bryan por algún motivo se sintió obligado a contestar:
     -Pues creo que no debemos usar los celulares.
     -¿Qué?- casi gritó una chica desde las últimas mesas, que hasta ese momento había permanecido silenciosa detrás de su costosa cartera de mano.
     -Creo que esa sería la solución más lógica- se encogió de hombros Bryan, casi como disculpándose-. Es eso, o arriesgarnos a que nuestra cabeza termine convertida en pulpa de puré sobre las paredes.
     -Es horrible- negó lentamente la anciana de negro-. Todo lo que usted dice es horrible. ¿Podría callarse, por favor?
     -¿Y hasta cuándo?- se horrorizó la chica de la última mesa-. ¿Hasta cuándo no podremos usar los celulares? Yo no puedo permitirme no usar mi celular. En mi trabajo es indispensable. Y mi novio… Tenía una cita con él. En este mismo bar. Quedamos en vernos a esta hora, pero debe haberse demorado y…
     Como si fuese una grandiosa jugada del destino, el celular de la chica, que estaba sobre la mesa, titiló brevemente y luego soltó un leve pitido. La chica primero se sobresaltó, pero luego, al observar la pantalla del aparato, su mirada pareció brillar de loca alegría.
     -¡Es él! ¡Es Esteban, mi novio! Acaba de enviarme un whatsapp. ¡Seguramente para avisarme que viene en camino!
     -¡No lo abras!- dijo Bryan.
     La chica lo miró con aire ofendido, y luego tomó su celular y lo ocultó con ambas manos, como si quisiera protegerlo de un ladrón.
     -Es un whatsapp, no una llamada.
     -No sabemos si estas cosas explotan sólo con las llamadas. Debemos…
     -¡Es Esteban! ¿No lo entiendes? Seguramente debe haberle pasado algo, por eso se demoró a nuestra cita. ¡No puedo dejar de contestarle a mi novio!
     -Será mejor que no lo haga, señorita- murmuró entre dientes el anciano adinerado-. Hágale caso al joven, y deje ese celular en la mesa. El whatsapp de su novio puede esperar. Créame que puede esperar.
     El rostro de la chica se endureció, y por un momento a Bryan le hizo acordar a la pobre Nadia, que siempre estaba acostumbrada a salirse con la suya.
     -Usted no entiende porque es viejo. Pero nosotros los jóvenes sabemos manejar los celulares. Y sé cuándo Esteban está en apuros y cuándo no. Y sé que ahora le pasó algo malo. Así que…
     -¡No!- gritó Bryan, pero ya era tarde: la joven había colocado la pantalla frente a su vista, y su dedo pulgar se deslizaba, veloz y certero, sobre la pantalla de LED del sofisticado aparato.
     -¿Ven?- sonrió triunfal la chica-. No pasó nada. Y yo tenía razón: Esteban dice que tardará en llegar, porque el tráf…
      El celular en su mano explotó, y el rostro de la chica se desintegró como si fuese azúcar derretida.
     -¡Maldición!- aulló Bryan, enormemente frustrado.
     -Quizás, después de todo, sí que se trata realmente de un ataque terrorista- dijo el barman luego de un rato-. Es decir: sé que no están disparando, eso ahora puedo verlo con claridad. Pero, ¿quién puede asegurar que no sean los terroristas, después de todo? Quizás pusieron algo en los celulares. Algo que hace que se conviertan en bombas cuando la gente los usa.
      -Me gusta esa teoría- dijo el anciano adinerado-. Me parece bastante… probable.
     -¿Pero cómo? ¿Qué clase de tecnología están usando? ¿Cómo es posible que…
     -Debemos alertar a los demás- dijo de repente Bryan.
      Señalaba hacia la calle: al parecer, en los últimos minutos habían estado ocurriendo cosas similares allá afuera. Había varias personas yacientes sobre la vereda, con sus cabezas reventadas. Y se habían producido varios choques. La gente del bar no se había percatado de esa realidad porque estaba concentrada en lo que sucedía ahí dentro, pero era evidente que el fenómeno se extendía a lo largo y lo ancho de la ciudad. Quizás mucho más aún.
     Quizás se trate de algo a escala global, pensó Bryan con un escalofrío.
     -Oh, Dios- dijo la anciana de negro-. Mi hijo. Él es chófer de una ambulancia y maneja varios celulares a la vez. Tengo que avisarle. Tengo que…
     -Mi esposa- dijo el barman, con voz aterrada-. Y mi hija. Le regalé un celular cuando cumplió los once. Lo usa todo el maldito día- miró a Bryan, con los ojos ciegos por el espanto-. ¿Crees que ella… crees que…
     -Debemos advertir a la gente- intervino el anciano adinerado-. Todo el mundo usa sus malditos celulares. Debemos…
     -Pero, ¿cómo?
     Se miraron horrorizados. Habían comenzado a ver una realidad que era más grande y más espantosa a medida que pensaban sobre ella. Quizás ya era tarde. Quizás ya no podían hacer nada frente a aquel caos que se avecinaba con la inexorabilidad de un tsunami sobre la playa.
     -Un mensaje de texto- dijo la anciana, con voz débil-. Quizás podemos…
     -No funcionará- dijo Bryan-. Ni llamadas, ni whatsapp, ni mensajes de texto ni mensajes del maldito Facebook. Debemos olvidar los jodidos celulares. ¿Es que no lo entienden?
     -¿Y el teléfono de línea?- dijo el barman, de repente esperanzado-. En la trastienda del bar hay uno. Quizás…
     -Podría ser- dijo el anciano, afianzándose poco a poco en su papel de líder-. Los teléfonos de línea utilizan otra tecnología. Quizás no estén afectados como los celulares. Podríamos intentarlo.
     -¿Y quién lo hará? ¿Tú?
     El anciano se encogió de hombros y de repente todo su aire seguro se desvaneció.
     -No estoy preparado para ello- dijo a regañadientes. Pero luego una idea luminosa pareció cruzar por su mente-. Pagaré a quien se atreva a hacer una llamada por ese teléfono. Diez mil dólares. Los tengo aquí mismo. Pueden verlo con sus propios ojos.
     Puso un pequeño maletín sobre la mesa y lo abrió. Los demás miraron, entre asqueados e incrédulos, el contenido verde del maletín.
     -Jesús, hombre, ¿usted siempre anda con diez mil dólares bajo el brazo?- quiso saber el barman.
     -No le interesan mis asuntos- respondió con brusquedad el viejo. Alzó la mirada, en actitud desafiante-. ¿Y bien? ¿Alguien que quiera hacer ese llamado?
     Los demás se miraron un momento, algo incómodos, pero luego, como tomando una tácita decisión, comenzaron a dispersarse.
     -Puede meterse sus diez mil dólares en el culo- dijo Bryan.
     -Pues entonces, caballeros, sólo queda una cosa: abandonar este bar, y comunicar la noticia a la vieja usanza: utilizando el boca a boca-. El anciano recogió su maletín y lo cerró cuidadosamente-. Yo por mi parte, insistiré con mi oferta. Alguien allá afuera querrá tomarla. Siempre… siempre hay alguien que acepta-. Se puso su gabán y luego emitió un leve saludo con la cabeza-. Buena suerte.
     -Creo que el viejo tiene razón- dijo al cabo de un rato el mozo, cuando la puerta se hubo cerrado-. Debemos abandonar este bar e ir con los nuestros. Lo más deprisa que podamos. Yo…
     Pareció decidir que las palabras sobraban y entonces saltó sobre la barra. Se perdió por la puerta que acababa de traspasar el viejo rumbo a la calle, y muy pronto los demás hicieron lo mismo.
     -Mi hijo…- decía la anciana-. Oh, por Dios, mi hijo…
     -Ana- pasó diciendo otro hombre, que tenía la cabeza pegoteada de sangre y mugre-. Ana es adicta al facebook. Manda muchos mensajes a sus amigas. Ella…
     Sus palabras se perdieron en el aire de la tarde. Muy pronto, el único que quedó en el bar fue Bryan. Caminó lentamente hacia la barra y se sirvió un trago. Vio que la copa chorreaba sangre, pero no le importó. Estaba pensando que no tenía a nadie a quien llamar. Ni padres, ni hermanos, ni tíos ni nada. Bueno, quizás a una tía lejana sí, pero hacía tanto tiempo que no la veía que no sabía si estaba viva o qué. Tampoco tenía amigos. Y sus compañeros de la oficina… le daba lo mismo si seguían vivos o no. La única que le había interesado era Nadia. Y ahora estaba muerta. Tampoco es que le importara demasiado: sólo pretendía acostarse con ella, quizás con la ingenua esperanza de olvidarse de una vez de Pamela. Pero todo eso había terminado.
     Bebió lo que quedaba del trago y se detuvo un momento a contemplar la destrucción allá afuera. Las personas morían como moscas. Pasaban por el lugar, bajaban de los taxis o los edificios, y al ver el apocalipsis sobre las calles lo primero que hacían era recoger sus celulares. Se lo llevaban a sus orejas, o comenzaban a escribir algo sobre el teclado, y al rato sus rostros y sus cabezas volaban por los aires. El proceso se repetía una y otra vez, como en un círculo demencial.
     “Es nuestro método de defensa”, pensó Bryan. “Cuando sucede algo malo, cuando tenemos un choque con el auto, cuando alguien se enferma o se accidenta, el celular es nuestra primera alternativa. Pero ahora ya no podemos contar con ellos. Me pregunto cuánto duraremos. Cuántos quedaremos al final, antes de que la raza humana se extinga en su propia y maldita estupidez”.
     Depositó la copa sobre la barra. En ese momento, un celular comenzó a sonar. Se escuchaba apagado, como si estuviera metido dentro de algún abrigo. Bryan se paró y comenzó a buscarlo. No tardó en llegar a la conclusión de que era el suyo propio, que había dejado en el bolsillo de su sobretodo. Lo tomó entre sus manos y miró la pantalla.
     “PAMELA”.
     Los ojos de Bryan se humedecieron. Antes de que supiera lo que estaba haciendo, había llevado el celular a su oreja izquierda.
     -¿Pamela? Jesús, Pamela, tanto tiempo… Tanto tiemp…
____________________________

Autor: Mauro Croche

60 comentarios:

  1. Cuando la tecnología se vuelva contra nosotros, la humanidad se extinguirá sola, como muestra esta historia. Me acordaré del desdichado Bryan la próxima vez que conteste una llamada.
    Por cierto, cuando la chica del bar lee el WhatsApp de su novio, dice que Ernesto se estaba disculpando por la tardanza, cuando antes se refirió a él como Esteban. Sé que es una tontería, pero me llamó la atención.
    En fin, buena historia, muy intrigante y con un punto cómico. Se echaba de menos, y me alegra ver que sigues con el reto 666.
    Belén

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Belen, gracias por escribirme. Creo que inconscientemente, sabia que habia metido la pata con el nombre de uno de los personajes, de hecho es uno de los errores mas frecuentes que cometo. Ahora estoy contestando desde el celular (sí, desde el celular! Y de momento todavía no me explotó en la cara), y no puedo editar el cuento desde aquí, pero en cuanto pueda volveré a rebautizar al pobre Esteban (ese es su nombre definitivo, lo prometo). Un abrazo.

      Eliminar
    2. Yo no estaba tan concentrado leyendo la historia que no me di ni cuenta del error con los nombres.

      Eliminar
  2. wow me encanto... lo disfrute un montoon... jajajaja me encantan tu historias y sos suscriptora tuya del blog...(soy Ángela)por sierto me encanto la de tres horas de terror... segui asiii

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Angela, gracias por tus palabras y por ser suscriptora de mi humilde blog! Por supuesto tengo pensado seguir enviando material exclusivo a los suscriptores, la idea de todo esto es ver cuantos lectores realmente se interesan por mi obra, y cuantos otros estan de paso. Saludos y hasta el proximo viernes!

      Eliminar
  3. me encanto! soy suscriptora nueva ja, soy Gladys, te leo desde hace mucho

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ok Gladys, agradezco que me leas y me escribas, espero que lo sigas haciendo! Abrazos!

      Eliminar
  4. Bienvenido otra ves. Se te extrañaba, y Gracia por Las tres horas de Terror. Buenisima.. .la tecnología nos esta matando poco a poco, .mucho somos prisioneros de ella .,ej. yo leo tus cuentos desde mi celular...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Sharoll, bienvenida otra vez al blog!! Yo también soy, en muchos casos, prisionero de la tecnología, no estoy en contra de ella, porque después de todo nos ha facilitado muchas cosas, pero sí del uso obsesivo y dañino en el cual solemos caer. No es un mensaje nuevo, claro, pero yo escribo sobre cosas que me preocupan o me llaman la atención. Un abrazo y buen fin de semana!!

      Eliminar
  5. Bienvenido otra ves. Se te extrañaba, y Gracia por Las tres horas de Terror. Buenisima.. .la tecnología nos esta matando poco a poco, .mucho somos prisioneros de ella .,ej. yo leo tus cuentos desde mi celular...

    ResponderEliminar
  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  7. Por fiiin comenzo la temporada!!!!encontré tus historias de casualidad y me parece una mejor que la otra,esta es un ejmplo de ello....felicitaciones, te dejó este msj desde mi celu mmm...espero tener cabeza para poder leer otra de tus historias jajaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Sweet! Me alegro que te haya gustado la historia. Es un poco larga para los parámetros de un blog, pero supuse que debía publicar algo así para comenzar con pilas. Todos usamos los celulares (bueno, todavía queda gente que, como la mujer de negro del relato, se niega a usarlos y eso no me parece ni mal ni bien, simplemente es una decisión). Lo que me llama la atención es el sentimiento obsesivo que nos despiertan los celulares, las redes sociales, etc. Este relato, de hecho, nació de algo real. Es decir, a nadie le voló la cabeza (por Dios!), sino que pasó que un conocido recibió un correo en su cuenta de email, con remitente de su ex novia. Lo curioso del email en sí era que el "asunto" estaba escrito en ruso, idioma que su ex no manejaba. Entonces le dijimos: no abras el email, porque es un virus. Pero mi compañero, pese a las advertencias, lo abrió igual. Y era, por supuesto, un virus. Entonces pensé: si en vez de un virus fuera una bomba, le hubiese estallado en la cara.
      Bueno, te mando un abrazo y hasta el próximo viernes.

      Eliminar
  8. Me encantó la historia de tres horas de terror y veras que fue larga la espera jejejeje, está historia del camarada Bryan demuestra lo mucho que dependemos de un pedazo de plástico y circuitos algunos incluido yo tienen su vida en su cel. Excelente historia Mauro.. Saludos desde Mazatlán, México

    Osiel

    ResponderEliminar
  9. Hola Osiel, gracias por escribirme, me alegra que te haya gustado esta historia y la anterior, "Tres horas de terror"!! Gracias por ser mi suscriptor, estaré enviando nuevas historias a través de esta modalidad. Abrazos!

    ResponderEliminar
  10. Mauro bienvenido!!!!! Espero que hayas descansado !!! Menuda historia.....yo creo que lo de " explotar cerebros" ya esta pasando,se ve gente como autómatas por la calle con los mensajes o grupos de chicos que no hablan entre si ,solo chatean .....las tecnologías pueden ser un arma de doble filo,en fin me gusto la historia !!!! Graciasss y un abrazo!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Manoli, tanto tiempo! Gracias como siempre por escribirme y estar ahí. La moraleja de esta historia, si la tuviese, es bastante obvia, generalmente trato de no dar mensajes porque eso me aburre, además no soy quién para hacerlo. Pero bueno, a veces sale así. Abrazos y hasta el próximo viernes!

      Eliminar
  11. Mauro que alegría volver a leerte!! Ya te echaba de menos jajaj en fin esta historia me ha encantado, me he dado cuento que los humanos no pueden vivir sin los móviles al parecer es indispensable. Bueno me ha gustado mucho y ya nos leeremos. Ah y una cosa la novela que hiciste que salia dan y Quiroga no se porque pero no me lo quito de la cabeza sera que me gusto mucho y me dejó marcada o algo así! Jajaja. Bueno ya paro de escribir. Saludos
    Att: alba

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Alba. Lo de la novela por entregas es algo que pienso repetir en algún momento, tal vez algo sobre zombis, pero eso será después, de momento sigo con los cuentos. Tengo escritos unos diez o doce, y tengo todavía otros diez por terminar, así que hay relatos para rato, hasta que termine la segunda temporada. Bueno, un abrazo y gracias por escribirme.

      Eliminar
  12. Q miedoooo!!! Haber sino exploto jeje muy buena historia Mauro ya extrañaba tus historias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Mary!! Un gusto encontrarte otra vez por aquí. Abrazos!!

      Eliminar
  13. Primero que nada, extrañaba mucho tus cuentos. Te eche de menos. Desde aquella aventura de Dan y Quiroga que no visito tu pagina.
    Ahora hablando un poco sobre la historia. Me gusto mucho!!!!! Siempre sorprendiendo a tus lectores con historias que te dejan perplejos. Por ejemplo esta, y la gran verdad sobre la relación entre la sociedad y la tecnología hoy en día.


    PD: Nunca pensaste en realizar cortometrajes de terror?

    PD2: Por favor, tendrías que escribir una historia sobre los espejos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, anónim@, gracias por escribir. Se hicieron un par de cortometrajes de mis relatos, y ahora viene un camino que creo que quedará muy bien, porque es un corto animado. Pero no los hago yo, creo que no sabría cómo filmar una historia con cámara en mano, para eso hay que tener conocimientos técnicos (creo), además de talento, claro. Y sí, el tema de los espejos es algo que tengo pendiente, es un tópico en el género, y supongo que escribiré sobre eso en cuanto se me ocurra algo nuevo y original, que no haya sido escrito antes. Bueno, abrazos!!

      Eliminar
    2. Conozco a alguien que es un director e realizo un cortometraje, si te interesa podrías pasar por su canal y ver este vídeo (si te interesa claro) https://www.youtube.com/watch?v=sV8UnfFmD-Y
      Es que no puedo sacarme de la cabeza las cantidades de cortometrajes que se pueden realizar con tus historias!

      Pd: Te visito desde tu cuento numero 42 "Un hombre en el patio" y desde entonces leí todas tus historias. Pero nunca pude suscribirme, debido a que no tengo un e-mail

      Eliminar
    3. Vi el corto, está muy bueno el video!! Tal vez se interese en realizar algún corto de uno de mis cuentos, voy a ver si puedo contactarlo e interesarlo en el tema (y si quieres y lo conoces, también puedes echarme una mano hablándole de mí ;) Bueno, un abrazo y gracias por escribirme y leerme. Es una lástima que no tengas email, o siquiera una cuenta de facebook, así podría enviarte el relato "Tres horas de terror" a través de ese medio. Abrazos...

      Eliminar
  14. Que tal Mauro, excelente relato, ya muero de ansias para el del dia viernes, de igual forma espero terminar de escribir esto y no explote mi cel, ah y el pequeno libro que enviaste fue sublime, simplemente de lo mejor que he leido, aunque gracias a el reviso los baños como si.fueran a explotar, gracias por tus grandes relatos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Roberto. Me alegra que te haya gustado este relato y el que envié por email. Habrás notado que es un poco más largo de los que publico en el blog, me lleva más tiempo hacerlos, pero son los que más me agrada escribir. Bueno, gracias escribirme y te mando un abrazo.

      Eliminar
  15. Jajajjaja , q idiota Bryan!!!!!!!!!! el final me dio mucha risa, buena historia Mauro ,saludos desde Peru.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Supongo que hay mucha gente que, como Bryan, respondería al llamado de alguien en especial, aunque eso le cueste la vida. Es cómico e incomprensible, sí, pero creo que hasta yo caería en la trampa... Bueno, un abrazo Marilu, es un gusto tenerte por aquí otra vez.

      Eliminar
  16. hola que tal Mauro me encanto el cuento y es muy terrible lo que pasaba con la gente pues creo que si eso sucediera aqui yo seria la primera en morir ya que yo no puedo dejar de usar mi celular

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí Johari, vos no serías la única... Visité tu blog y me encontré con un gran espacio vacío, ¿lo estás construyendo? Un abrazo...

      Eliminar
  17. Hola Mauro.
    Con tantas cosas por hacer me olvide que el 06 empezabas. Mil disculpas.
    Y que grato es volver a entrar al blog y encontrar un cuento tan bueno.
    Veo que has modificado el blog. Así parece mas tétrico, pero mi astigmatismo me juega en contra al momento de leer, ni modo, son los sacrificios que hay que hacer para gozar de una buena lectura, jajaja.
    Con relación al cuento, pues que tal ingenio el tuyo. Hacer explotar celulares, vaya, espero que los terroristas no lo pongan en practica.
    Quizás hayas tenido una visión futurista, pero de pasar una cosa así, tengo la seguridad de que pasaría tal como lo has contado. Todos, en mayor o menor grado, somos adictos a nuestros teléfonos "inteligentes" y morirán millones en tan solo segundos.
    Buen cuento y tema para reflexionar.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me imagino que ahora tus tiempos cambiaron, mi estimado Eduardo, lo sé porque yo lo viví, jaja. El tema del fondo más oscuro creo que también me afecta un poco, yo también tengo astigmatismo y llega un momento en que las letras blancas parecen bailotear delante de mi vista, así que probablemente cambie a otro color, un gris no tan oscuro quizás.
      Yo creo que, si llega a haber un ataque como el del cuento, la humanidad no dudaría ni una semana. Trataríamos desesperados de avisar a nuestros seres queridos, a través de los celulares, y con eso sentenciaríamos su muerte. Sería una cadena de muerte muy difícil de parar.
      Abrazos!

      Eliminar
  18. Ayyy! Y yo que la estaba leyendo desde el celular! Buenísima historia. Cómo las extrañaba!!! Besos, Cleo

    ResponderEliminar
  19. Buena historia mauro, lastima que no es de fantasmas jajaj.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya volverá alguna que otra historia de fantasmas, ahora estoy escribiendo una que transcurre en un hospital, pero creo que la publicaré el mes que viene. Un abrazo, Jonatan!!

      Eliminar
  20. hola Mauro soy alxander nose si te acordaras de mi yo leia mucho tus historias pero ultimamente deje de hacerlo ... pero ya estoy devueta ....
    lo que te queria preguntar es si te acuerdas que te conte la una historia de una amiga que parecia sacada de una pelicula de terror incluso me tome el tiempo para escribirlo en word y te lo envie a tu correo quisiera saber si lo llegastes a publicar (con que nombre esta la historia) y sino lo hicistes hazme ese favor ps .... ya quiero leerlo bye suerte espero tu respuesta .........

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Alex. Me acuerdo de esa historia, porque realmente tenía partes muy tenebrosas. Estoy seguro que utilizaré parte de ese material en un futuro no muy lejano, me gusta mucho ese tipo de historias, así que presta atención!! Un abrazo y espero tenerte por aquí el próximo viernes.

      Eliminar
    2. gracias mauro estare muy pendiente de tus historias porq la verdad son bien tenebrosas como ami me gustan y sobre el comentario q pense q lo habias eliminado disculpame fue un mal entendido saludos SUERTE !!! :)

      Eliminar
    3. Ok Alex, un abrazo y trata de estar pendiente a mis publicaciones, porque escribiré tu historia muy pronto. Saludos.

      Eliminar
  21. aaaaaw q alegría leerte de nuevo no había podido checa el blog ni pude responderte la historia de tres horas de terror bueno a ver lo primero q diré es q ese relato q te aventaste de tres horas de terror t kedo perfecto heee único e inigualable y magnifico en cuanto a este me gusto por completo solo q me aterra q le ayas dado una loca idea a algún terrorista de estos tiempos tan locos me preocupa por q yo seria la primera en morir no suelto mi cel mas q para bañarme pero si fuera aprueba de agua asta ai lo usaría me kedan mas relatos por leer y eso me da mucha emoción ya extrañaba leerte un BSO mi kerido mau att kary

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Kary, bienvenida otra vez al blog!! "Celular a prueba de agua", creo que sería un gran invento!! jaja. Aunque creo que ya hay, pero no sé si resisten el agua caliente... Si alguien decide atacar a la gente a través de los celulares, yo también sería uno de los primeros en desaparecer, lo uso bastante, bueno, de hecho uso mucho la tecnología informática, porque uso la pc, la notebook, la tablet, el celular, el e-reader... estoy rodeado de estos aparatos!! Así que yo también soy picadillo jaja.
      Bueno, abrazos!!

      Eliminar
  22. Oh me acabo de dar cuenta que leí esta historia en mi móvil.....

    ResponderEliminar
  23. Hola Mauro, me encanta la frescura y originalidad de tus cuentos. Me encantó el final. También el usar a los celulares como un arma, que realmente está pasando, tal vez no de manera rápida como que explote tu cabeza, pero sí con el aumento de accidentes. Gracias por compartir tus cuentos.
    Saludos,
    ACM

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola ACM. Creo que este cuento refleja mi relación amor-odio con los celulares. Pero sí, me jode mucho cuando veo a alguien contestando sus mensajitos mientras maneja, me dan ganas de tirarle un ladrillazo al parabrisas. Es mucho, ¿no? (NO). Bueno, un abrazo!!

      Eliminar
  24. Wow!!! que increíble y asombroso argumento, nada de clichés (que yo sepa) y completamente original. Mis felicitaciones Mauro. Cada vez te superas más. Fue una historia envolvente, interesante, intrigante, con mucho suspenso, y sencillamente aterradora; me recorrió un gran escalofrío tan sólo de pensar un escenario semejante. Y no me refiero sólo al bar lleno de cadáveres decapitados y todo chorreado de sangre (que aún así es un escenario supergenial), sino todo un mundo en ese estado de caos y declive y muerte instantánea originada de manera misteriosa sin ninguna advertencia. Absolutamente alucinante. Le has dado un nuevo significado a la palabra apocalipsis.
    Hace bastante que no tenía la satisfacción de leer algo tan genial. Gracias por toda tu creatividad Mauro. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Gillian. El género de terror trató de diferentes modos al celular, y al teléfono en general. Me viene a la cabeza una peli algo vieja, "La llamada del diablo", bastante mala pero que en su momento me encantó. También tenemos a Freddy Krueger, hay una escena en que la protagonista habla por teléfono y el viejo y pillo de Freddy saca la lengua por los agujeros de los auriculares y le pega una lamida a su oreja. También está "La llamada" (o "El aro"), en donde una voz te avisaba que ibas a morir en 7 días (nunca estuvo claro de quién era esa voz, pero quedaba genial). Y Stephen King escribió "Cell", en donde la gente se transforma en zombi a través del celu. Debe haber más, pero éstos son los que recuerdo.
      Me alegra que te haya gustado tanto el cuento. Me gustaría que cada cuento nuevo sea mejor que el anterior, pero no siempre lo logro. Al menos hago el intento. Abrazos!!

      Eliminar
  25. bien amigo te extrañe mucho ya no sabia que leer...........

    ResponderEliminar
  26. Mi esposa se llama Mayra y justo hoy q leo tu cuento antes de salir de casa me puse una camisa amarilla q coincidencia ya extranaba tus relatos atte Gerardo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, por lo menos las coincidencias terminaron ahí, sino... Abrazos, Gerardo!

      Eliminar
  27. Jejeje te comento desde mi celular....yo tampoco resistiria contestar la llamada de la persona que amo...aunque eso me costase la vida....excelente historia como siempre

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, bueno, el pobre protagonista hizo lo que la mayoría de la gente haría (yo incluido). Abrazos, gracias por tus palabras!

      Eliminar
  28. Hola estimado Mauro, hace un tiempo he estado leyendo tus publicaciones y en general me parecen muy buenas. Entretienen y por lo general tocan temas originales y con un ligero toque de humor que me gusta en cuentos de terror. En este particularmente note ese humor bajo la forma de cierto desapego de los que iban quedando vivos para con los muertos, una especie de cinismo muy efectivo para el relato. Un punto flojo de la trama, creo que fue un poco tardía la aclaración de que fuera del local se estaban registrando choques y había gente tirada en el piso con los sesos embardunando la acera. Resulta poco creìble que desde dentro del bar ningún personaje lo haya notado, antes de que suceda en el mismísimo tugurio. Por ej. (no pretendo dar consejos, sólo explicarme mejor) si durante su charla con la amante ocasional el protagonista se hubiera distraído con un fuerte ruido y luego notara un cuerpo desvanecido cerca de allí ya cerraría mas tarde la explicación de eso. Luego me hubiera gustado que alguien muera de una forma un poco más dolorosa, con el celular explotándole dentro del bolsillo al intentar apagarlo y se derrame todo su contenido intestinal y vesical por el piso del bar, mientras el pobre infeliz trataba de contener sus vísceras con la única mano ilesa, y completando con alguna pizca de humor, otro personaje diciéndole que deje de hacer eso pues le producia nauseas, que se muera y ya. En fin un cuento muy saludable, espero más, leí varios pero es la primera vez que me animo a contestarte. Bay suerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Pablo. Excelente tu comentario, desde que publiqué esta historia no volví a leerla, y comparto tu opinión. Sobre todo en la parte de que la aclaración de que el "fenómeno celular" también sucedía afuera es tardía, le resta credibilidad al relato, y de hecho, creo recordar que mientras lo escribía pensé en algo así, que más tarde debía modificar esa parte (cosa que finalmente no hice jeje). Lo de tu sugerencia de poner una muerte más violenta, con esos diálogos al borde del surrealismo y el humor negro me encantó, es muy tipo "Hermanos Cohen" o "Reservoir dog" de Quentin Tarantino jaja. Un abrazo, gracias por escribirme!

      Eliminar
  29. Muchas gracias por leer mi comentario y contestarme. Responder a todos tus lectores debe ser un trabajo casi tan agotador como un nuevo cuento. De a poco voy a ir leyendo todas tus publicaciones hasta llegar a los cuentos mas actuales, así no sigo comentando cuentos viejos jeje. Un abrazo, que sigan tus éxitos! Pablo Rossi

    ResponderEliminar
  30. Esta buenisimo...q digo bueno es excelente, como todo lo que escribes, no habia podido entrar a leer por falta de tiempo...pero ahora que volvi a leer, volvi a comprender por que me fascinan... Pues son geniales!!! ....muy chevere mauro...como siempre!!

    ResponderEliminar
  31. Fantastico relato! Pensé que bryan iba a quedar vivo jaja definitivamente nunca olvidó a pamela... Y es reflexiva la historia, que tal si ocurriera en la vida real, yo creo que el caos se daria no por el femomeno de las explosiones sino por no poder usar el celular nunca mas. saludos att: joss

    ResponderEliminar
  32. ¡Dios mío! Adoro de verdad este relato. Bastante bueno, entretenido, inquietante y sobre todo, aterrador. Me alegra el haber llegado hasta aquí, puesto que buscaba historias para una antología de mi escuela, y vaya. Esta a sido la mejor que encontré. Así que espero, por favor, si me dejarías usarla. Pero en fin, felicidades por un cuento tan bueno y sin más, ¡Hasta luego! :). Pd: Antes de que lo olvide, ¿Me permitirias poner algunas historias tuyas en un libro en wattpad? Claramente ofreceré tu link, y también daré tus créditos. Si no, está bien, pero tenlo en mente. Obras tan buenas como estas, merecen ser más conocidas!

    ResponderEliminar

Más Cuentos de Terror:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...