CDT 66: "Te Dije Que No los Invitaras"

Cuento de terror
“TE DIJE QUE NO LOS INVITARAS”

1

La mujer le había advertido, se había cansado de advertirle: por favor no invites a los Levin. Pero Medina se negó, aduciendo que Facundo Levin era un viejo compañero de trabajo, al que no podía dejar de invitar para la fiesta de su cumpleaños. “Se llevan muy mal, se la pasan discutiendo; la otra vez, Cintia Cardozo dijo que estaban a punto de divorciarse”, insistió la mujer. A lo que el hombre replicó, ya malhumorado: “¿Y quién carajo es Cintia Cardozo?”. La mujer, replegándose ofendida, se encogió de hombros y dijo: “Haz lo que quieras. Total, es tu fiesta. Pero después no digas que no te avisé: nos harán pasar un mal rato”.
     Y el vaticinio de la mujer, al menos durante las primeras horas de la reunión, no pareció cumplirse. Los Levin se comportaron como un matrimonio normal y corriente, cierto que sin excesivas muestras de cariño, pero en fin, pensaba Medina mirando de soslayo a su mujer, ¿qué matrimonio de más de diez años se demuestra el cariño en público, ya no digamos en el ambiente íntimo?
    De hecho, el matrimonio Levin fue el que estuvo más achispado durante la cena, contando chistes e intercambiando anécdotas con los demás invitados, que parecían encantados con su presencia. Y a eso de las once de la noche, luego del brindis de honor por el cumpleañero, los Levin entrechocaron sus copas y se dieron un beso cargado de ternura y complicidad. Medina, que observaba disimuladamente la escena, escudado detrás de unas botellas de vino espumoso, tocó por debajo de la mesa la pierna de su mujer y le arqueó las cejas, sonriente: “¿Viste que te dije?”.
      Ambos estuvieron de acuerdo, tiempo después, en que la fiesta debió haber concluido allí. Hasta ese momento había sido perfecta. Ni siquiera Pablo Vivas, otro compañero de trabajo del cumpleañero, y que solía propasarse con la bebida durante los agasajos, llevó a cabo su acostumbrado y patético show, al cual la mujer de Medina, no sin cierta amargura, denominaba: “El baile triste del mono borracho”. Pero entonces los invitados decidieron realizar un nuevo brindis, esta vez en el living, y los sillones y los puff fueron ocupados por siete adultos ligeramente bebidos, que parecieron sentirse muy a gusto allí. Se sirvieron los postres; el más festejado fue el de la señora Levin, que había traído un mouse de chocolate del cual sólo quedaron migajas. Pablo Vivas se tendió cuan largo era en el sillón de tres cuerpos y pareció cerrar los ojos, mientras que los demás charlaban animadamente entre sí. Y entonces fue que sucedió. Ni Medina ni su mujer se pusieron de acuerdo, tiempo más tarde, en cuál fue el factor desencadenante, aunque la mujer creyó ver que la copa del señor Levin se volcaba, en forma accidental, sobre el deslumbrante vestido de su señora. Para sorpresa de todos, la reacción de la mujer fue instantánea, furiosa, explosiva. Comenzó a insultar a su marido, a decirle que era un torpe, un inútil, un cobarde. Los demás se quedaron de piedra. Incluso Pablo Vivas abrió un poco sus ojos enrojecidos y quedó a la expectativa de lo que sucedería a continuación. El señor Levin estaba pálido y miraba al cumpleañero con una incómoda sonrisa de disculpa, mientras aguantaba el interminable e incomprensible vendaval de insultos de su mujer. Medina trató de intervenir, de apaciguar los ánimos de la señora Levin, pero su compañero de trabajo se lo impidió, poniéndole un brazo sobre el pecho. “Borracho, maricón, te engañé muchas veces con el carnicero y nunca te diste cuenta”, seguía gritando la mujer, totalmente fuera de sí. La cosa parecía haber tocado fondo y daba la impresión de que no tendría suficiente espacio para empeorar. Pero entonces sucedió lo increíble, lo que hizo que todos en el living soltaran un suspiro de espanto: la mujer de Levin se subió la falda de su vestido y se agachó sobre la alfombra, luego su cara se puso roja y deformada, comenzó a emitir horribles gemidos de dolor o de angustia, y al cabo de un rato, un chorizo de mierda aterrizó sobre el tapiz de poliéster del living. La mujer volvió a bajarse el vestido y luego, para repulsión de los presentes, recogió parte de su mierda y la arrojó sobre la cara de su marido. Y luego, simplemente, pareció desvanecerse sobre la alfombra, a escasos centímetros de los desechos naturales que acababa de expulsar.
     Le siguió a esto un silencio de muerte, que nadie se atrevió a interrumpir. El rostro de Levin chorreaba de excrementos. Estaba empapado en ellos desde la coronilla de la cabeza hasta la barbita encanecida que en forma de triángulo crecía debajo de su labio inferior. En eso, la señora Levin había sido muy efectiva. El pobre hombre sacó un pañuelo de tela de su bolsillo y, con gestos admirablemente calmos, comenzó a limpiarse el rostro.
     —Pido perdón a todos los presentes por la desagradable escena de la que fueron testigos— dijo al cabo de un rato, mientras se limpiaba las gafas llenas de mierda con el faldón de su camisa. Vio que varios de los invitados, venciendo la parálisis general, se acercaban a la señora Levin y trataban de reanimarla, y entonces alzó una mano y dijo:
      — Por favor, no se acerquen. Mi mujer ya se recuperará. No es la primera vez que sucede.
      —Pero, Facundo, debemos llamar a un médico…— intervino, casi al borde también del desmayo, un temblequeante Medina—. Tu mujer… estoy seguro que necesita ayuda…
      —Y estás en lo cierto, mi querido compañero, sólo que no del tipo que tú crees. De hecho, actualmente está bajo un riguroso tratamiento, del cual gracias a Dios está saliendo poco a poco, aunque, como verán, de vez en cuando tiene algunas recaídas.
      —¿Recaídas?— repitió la señora Medina, quien miraba, alternadamente, entre la mujer desmayada y los trozos de excremento que manchaban su alfombra—. ¿Qué clase de enfermedad tiene, por Dios?
       —No es una enfermedad. Al menos, no una enfermedad física. Sino más bien… espiritual.
       —¿Está… loca?
       El señor Levin negó con la cabeza. Había terminado de limpiarse los anteojos y se los había vuelto a colocar, en un gesto que daba a indicar que estaba acostumbrado a ese tipo de cosas.
       —Está poseída. Por un demonio— dijo.
       El silencio que cayó en la sala pareció llenar el aire de la noche. Miraron con cautela al señor Levin, y luego a su señora, quien había comenzado a murmurar en sueños. Y luego de nuevo al señor Levin, quien sin más preámbulos contó lo siguiente:
       —La primera vez que sucedió, estábamos cenando en el porche. Fue el verano pasado. Estábamos hablando de tonterías, de los chicos que crecíanmuy rápido, de los hechos de ese día, cuando de repente mi mujer torció la cabeza y dijo: “Siento mucho frío, Facundo. ¿Por favor, podrías cerrar la puerta?”. Eso me asustó bastante, porque estábamos en el porche y por lo tanto allí no hay ninguna puerta. Digo que me asustó porque mi mujer tiene familiares con antecedentes de Alzheimer, y lo primero que pensé fue que esa temible enfermedad se estaba manifestando, por primera vez, en el cerebro de mi mujer. Le puse mi chaleco sobre la espalda y le dije que era mejor que entrásemos, porque efectivamente, había refrescado bastante pese a que todavía estábamos en verano. Mi mujer asintió y yo la acompañé hasta la cama, donde pareció caer en un sueño profundo de inmediato. Yo me quedé un rato en el comedor, viendo la tele, aunque por supuesto, sólo pensaba en lo que acababa de suceder y si me preguntasen qué fue lo que transmitieron en la vieja caja boba, no sabría qué responder. A eso de las once comencé a sentir sueño, y apagué las luces y me fui a la cama. Creo que me dormí unos minutos, porque al cabo de un tiempo me desperté desorientado y con un frío intenso. Supongo que, en sueños, había abrazado a mi mujer, porque era en esa posición en la que me encontraba cuando abrí los ojos. Había oscuridad, apenas un resplandor amarillento entraba por la ventana cerrada, pero eso no impidió que me diera cuenta de que el frío provenía desde el mismo cuerpo de mi mujer. Tanteé su cabeza para verificar su temperatura, como se hace cuando uno tiene fiebre. De repente tenía la horrible certeza de que mi mujer había muerto mientras dormía, y yo estaba abrazando un cadáver. Pero, en vez de palpar la tersa piel de su frente, que yo conocía tan bien, me encontré acariciando una extraña superficie arrugada, como repleta de escamas, que estaba tan fría como la noche misma. Bajé la mano en dirección a su rostro, y la superficie seguía ahí, aunque había algunas protuberancias inexplicables en el lugar de su nariz. Creo que di un grito y me volteé para encender la lámpara del velador, aunque en un principio no la encontré. Debía estar allí, pero yo sólo podía palpar las sábanas de la cama, que parecían extenderse por varios metros a mi derecha. Por supuesto que era imposible: si bien nuestra cama tiene el tamaño del kingsize, no es tan ancha como para que no pueda llegar al velador extendiendo un poco el brazo. Sin embargo, sólo seguía palpando las sábanas, y créanme que aquellos segundos fueron los más largos de mi vida, buscando frenéticamente la perilla de la luz en la oscuridad, con mi mujer a mi lado que aparentemente se había convertido, a juzgar por lo que había percibido con el tacto, en un horroroso lagarto. Pero luego, luego de varios y desesperados intentos, lo conseguí. Conseguí encender la luz. Y me di vuelta para ver a mi mujer, preparándome para lo peor, pero sólo vi su rostro de siempre dormido en un profundo sueño.
       “Supongo que debí convencerme de que todo había sido una pesadilla, uno de esos sueños lúcidos que la gente de vez en cuando tiene durante la noche, y que en cierta medida explican los mitos del súcubo y cosas así. Porque lo cierto fue que al día siguiente casi lo había olvidado. Seguí con mi vida de siempre y mi mujer no volvió a tener otro de esos extraños episodios en su memoria, al menos al principio. Pero, al cabo de un mes, la cosa volvió a repetirse. Fue algo similar, sólo que esta vez estábamos desayunando con nuestros hijos. Y de repente mi mujer comenzó a convulsionar y dijo cosas terribles, tan o más terribles como las que ustedes acaban de escuchar. La llevamos a la clínica y le diagnosticaron un leve ataque psicótico, aunque yo para ese entonces había comenzado a sospechar que el asunto era más grave de lo que podía suponerse a simple vista.
      “No aburriré o espantaré a mis oyentes sobre los pavorosos sucesos que vivimos durante las siguientes semanas, y que desembocaron en un exorcismo por parte de la Iglesia Católica, que llevamos a cabo en una capilla en las afueras de la ciudad. Pero baste decir que, antes de que el Mal afectara el cuerpo y la mente de mi mujer, yo era un tipo de creencias agnósticas, que dudaba de la existencia de un Dios aunque tenía la esperanza de hallarlo cara a cara alguna vez. En lugar de eso, me encontré con el Diablo, aunque en definitiva terminó causando el mismo efecto, porque ahora creo profundamente en las fuerzas extraterrenales, voy todos los domingos a misa y nunca salgo sin mi cruz colgada al cuello, regalo de uno de los sacerdotes que atendieron a mi mujer”.
     El señor Levin abrió los botones de la parte superior de su camisa y mostró, a los demudados presentes, la cruz de madera que colgaba de su cuello. Luego señaló a su mujer, que daba indicios de despertarse, y agregó:
      —De vez en cuando tiene estas recaídas, estos… digamos, retrocesos en su posesión, pero los curas me advirtieron que sucedería algo así. Cuando un enviado del mal se posesiona en un cuerpo, hace lo posible por permanecer en él, e incluso regresa varias veces luego de la expulsión, porque ya no tiene más fuerzas para conquistar un alma nueva. Reitero mis disculpas, y sepan ustedes comprender la situación en la cual me encuentro. Apenas mi mujer se termine de recuperar, nos iremos de aquí y los dejaremos en paz. Lo único que pido es una cosa: actúen con normalidad, no la miren de forma rara, porque ella generalmente no recuerda nada de estos episodios, y es mejor que la cosa siga así.
       Fue, por supuesto, una petición muy difícil de cumplir. En cuanto la mujer de Levin terminó de despertar, mostrando sus ojos perdidos e inyectados en sangre, ninguno de los demás presentes pudo dejar de expresar una mueca de temor o incomodidad, al tiempo que retrocedían uno o dos pasos.
       —Querida, ¿estás bien?— le dijo su marido, arrodillándose frente a ella—. ¿Estás…
       Y entonces la mujer de Levin comenzó a reír. Fue una risa amarga, malévola, que pareció surgir desde las mismas entrañas de la mujer. Medina lanzó una exclamación ahogada y comenzó a santiguarse. Su mujer parecía tan pálida como las cortinas que decoraban los vitrales a sus espaldas. El señor Levin extendió una mano hacia su señora, y ésta, imposiblemente rápida, giró la cabeza y le lanzó una dentellada como si fuese un perro. El señor Levin se echó hacia atrás y tropezó con la mesita ratona ubicada en el centro del living. Sus ojos se abrieron con desmesura, como si comenzara a comprender. Sin embargo, tal vez aferrándose a una última y esperanzadora posibilidad, insistió con la pregunta:
       —¿Qué tienes, querida? ¿Estás bien? ¿Por qué ríes así?
        La mujer extendió un dedo hacia la bandeja de los postres, ubicada sobre la mesita ratona. Y sin dejar de lanzar esas siniestras y roncas risitas, murmuró:
        — Preparé el pastel esta misma tarde, y agregué el ingrediente especial después de visitar el inodoro.Acaban de comer una dosis de mi propia mierda, estúpidos.  Y ninguno de ustedes se dio cuenta. Se lo comieron todo. Se lo comieron hasta las últimas migaaajaaasss…
        Luego, comenzó a convulsionar y a retorcerse como una serpiente, mientras los demás contenían las náuseas y las ganas de gritar. La señora Medina se desmayó. Pablo Vivas echó lo que había comido en las últimas horas sobre la ya vapuleada alfombra. El señor Levin se desesperó:
       —¡No crean lo que dice! ¡Es todo mentira, obra del demonio! ¡Ella nunca dice la verdad!— cuando vio que nadie le prestaba atención sacó su celular y buscó un número en la agenda de contactos. Se lo llevó a la oreja, mientras su mujer comenzaba a emitir extraños gemidos ahogados, como si una mano invisible apretara su cuello—. ¿Padre? Perdone la hora, Padre, pero tengo una emergencia. Mi mujer… ella está muy mal. No logra volver en sí. ¿Podría atenderla de inmediato? Estoy en la casa de un amigo. La dirección es… —miró a Medina, inquisitivo, quien sin dejar de observar espantado a la señora Levin se la dijo—. Urquiza 343. Sí. Estaré esperándolo. Un millón de gracias, Padre…

2

      La reunión terminó horas después que se fueran los Levin. Un sacerdote, acompañado por dos monjas jóvenes que parecían al borde del pánico, sujetó a la mujer de Levin con un brazo firme y se la llevó a la camioneta en la cual había llegado. Un envejecido Levin les seguía, con la mirada vidriosa y perdida. A último momento, antes de trasponer el umbral, giró la cabeza hacia Medina y murmuró:
      —Perdón por todo esto. Lo siento. Yo…
      Entonces el sacerdote lo llamó, y Levin se perdió en la negrura de la noche.
      Los restantes invitados se quedaron charlando de lo que había ocurrido, y de vez en cuando, por algún motivo, miraban hacia las ventanas que daban al exterior, donde una cerrada oscuridad parecía acecharlos. Entre todos habían retirado la alfombra del living, que ahora descansaba, enrollada como un canapé, sobre el césped del jardín trasero. Algunos de los presentes se manifestaron escépticos de lo que habían visto, sobre todo del relato de Levin, pero tanto el cumpleañero como la mujer creían que el episodio podía afectar sus vidas de una manera dramática.
      —A veces el diablo se queda en una casa y ya no quiere salir— decía la mujer, frotándose continuamente la piel de gallina que se le formaba en sus brazos—. Yo sólo espero que…
      —Mañana llamaremos a un sacerdote. Para que bendiga la casa. Jesús, espero que no pase nada malo. Yo voy a misa siempre que puedo, y tengo un crucifijo colgado sobre la cama, pero…
      —¿Y lo de la mierda en la torta? ¿Será cierto lo que dijo la mujer?
      Los demás desviaron la mirada, incómodos y asqueados. Era evidente que no querían volver a escuchar del tema nunca más.
      —¿Y lo del carnicero?— insistió la señora Medina—. ¿De verdad lo habrá engañado con el carnicero?
      —Levin lo dijo bien claro— intercedió Medina, de repente furioso—. Es obra del diablo, que siempre dice mentiras para corrompernos. ¿Acaso nunca has leído la Biblia? ¿Acaso no sabes que…
      —Te dije que no invitaras a los Levin. Te lo dije.
      —Nunca pensé que podría ocurrir algo así. Y Levin… mi pobre compañero Levin…
      —Te lo dije, pero no me hiciste caso. Te advertí que iban a arruinar la fiesta. Y mi alfombra…
      Siguieron discutiendo durante un momento más, mientras los restantes invitados se marchaban de la casa en silencio.
       —Te dije que no los invitaras— fue una de las últimas palabras que dijo la mujer, ya en la cama, momentos antes de dormirse—. Y ahora yo tengo un miedo horrible. No podré dormir. Si llego a escuchar algo…
      Sin embargo, tanto la mujer como el marido se durmieron enseguida, rendidos ante la influencia del alcohol y el miedo ya apaciguado. Y no volvieron a saber de los Levin hasta que, cuatro días después, Medina recibió el llamado de Pablito Vivas, quien con voz ansiosa dijo: “¿Se enteraron de lo que pasó?”. Medina dijo que no, que no sabía, al tiempo que su mirada se dirigía, automáticamente, a uno de los quince crucifijos que su mujer había comprado en los últimos días, y que había colgado en diferentes lugares de la casa.
       Y entonces Pablito, quien arrastraba las sílabas como si estuviera, cómo no, pasado con la bebida, contó que esa mañana, a eso de las diez, Facundo Levin había ingresado con un machete a la carnicería “El Bagual”, gritando como un loco y empujando a los clientes que hacían la fila, hasta llegar al mostrador donde atendía el dueño, un joven apuesto y de mirada chispeante.
Y entonces, de un solo y certero golpe —y sin que mediara palabra de por medio— había cortado la cabeza del carnicero.

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¡¡Muchas gracias y hasta el Próximo Viernes!!

41 comentarios:

  1. Un viernes más y otra excelente historia, cuentos como este valen la pena cada día de espera. He leído cada una de tus historias y me parecen excelentes, tienes mucho talento y escribes de maravilla. Saludos desde Mazatlán


    Osiel

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    1. Bueno, Osiel, gracias por el cumplido. Espero que sigas esperando por mis historias. Un saludo desde Zárate, Argentina!!

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  2. Mi madre,menudo cuento!!!!! Tengo que confesar que me reí mucho imaginando a la pobre mujer haciendo" aguas mayores" en mitad de ese salón jjjajaaaaaaa,bueno aunque después la historia no tiene nada de graciosa.....muchas gracias por otra historia,Mauro!!!! Un abrazo!!

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    1. A mí me hizo reír lo de "aguas mayores" jaaa eso nunca lo había escuchado. Bueno, Manoli, gracias a vos por estar siempre ahí. Abrazos!!

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  3. Excelente historia Mauro, como siempre un placer leerlas.
    Recuerda que ya termine el video del cuento Las Primeras Palabras del Bebe en la que estaba trabajando, pasate por mi canal de youtube y checalo, este s el link:
    https://www.youtube.com/watch?v=2ixtBd2w_ZE
    Saludos!

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    1. Sí, Emmanuel, me había olvidado!! Te quedó muy bien el video, lo acabo de ver y está muy terrorífico. Espero que tengas éxito en tu canal de Youtube!! Más tarde publicaré el link para que todo aquel que visite esta página pueda verlo si así lo desea. Un abrazo!!

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  4. hola Mauro soy johari primero que nada tengo que felicitarlo por su historia es muy terrorifica y me puso los pelos de gallina siga adelante tiene un gran don vendiciones

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    1. Gracias Johari!! En un anterior comentario te dije que seguí el link de tu blog y no aparece nada, ¿lo estás construyendo o es un proyecto abandonado? Bueno, saludos y buen fin de semana.

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  5. Hola Mauro soy alba cuando estaba leyendo que la mujer hacia "eso" en la.sala no se como llamarlo jaja pos esta cenando..... A mala hora he leido tu historia se me quitaron las ganas! pero aun así me ha gustado la historia hajjaja. A partir de ahora leere tus historias por la tarde que no como nada jjaja. Saludos!

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    1. Jaja Alba, debía haber puesto una advertencia, aunque si hacía eso creo que se iba a eliminar un poco el efecto, porque el lector sabría más o menos con qué encontrarse. Y sí, leer mis historias a la tarde es una buena opción, aunque yo creo que sería mejor de noche, cuando estás en tu casa sola. Un saludo!!

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  6. La mujer esa tenía una obsesión con la mierda!!! Genial la historia, me encantó. Aunque tengo curiosidad por saber que pasó después! Besos, Cleo

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    1. Sí, parece que tenía una obsesión con eso, leí por ahí que el demonio está muy asociado con los excrementos, las moscas y el frío, por ejemplo, en el libro "Horror en Amityville", que está basado en un hecho real (y que te recomiendo que leas si te gusta el terror, porque da mucho miedo), se veían estas cosas en la casa, amén de figuras demoníacas, cerdos, etc. Esta es una entrada en la wikipedia que hace referencia al caso: http://es.wikipedia.org/wiki/112_de_Ocean_Avenue_%28Amityville%29
      Bueno, te mando un abrazo, espero que no tengas pesadillas esta noche!! :)

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    2. Tus cuentos siempre dan pesadillas, son muy buenos!!!

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  7. Hola Mauro.
    Recien me puedo conectar. Esto de tener un bebé en casa es agotadoooooorrrrrrr.
    Imaginate, despues de 15 años volver a la pañalera y malas noches. Ando con una lumbalgia... Ya no estoy para esos trotes, jajaja.
    Que bueno es tener tu blog para un momento de relax.
    Otro buen relato, impecablemente narrado.
    Aunque mis creencias religiosas dictan que no existe el diablo o demonios, siempre me han gustado las historias de posesión por el ambiente de terror que las envuelve.
    El final del relato me ha dejado con ganas de saber mas sobre la historia, como que hay varios cabos sueltos y el tema da para mas capitulos. Ojala te animes y hagas una segunda parte.
    Y por cierto, acabo de cumplir con "invitarte un café" va con todo el aprecio del mundo. (Menos mal que no pusiste una cena, jajaja)
    Un abrazo.

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    1. Hola Eduardo!! Al menos en mi caso, los primeros seis meses con el bebé fueron los que me dieron más trabajo, porque dormía poco y nos despertábamos cada tres horas, pero después la cosa se simplificó bastante. Claro que todo depende del bebé, su carácter, su forma de ser, etc.
      Sé que el final del relato deja una gran incógnita, es decir, ¿qué hizo que Levin de repente creyera en lo que le decía la mujer con respecto al carnicero? Él en la reunión dice que el diablo miente, que no hay que creerle, pero cuatro días después, va y mata al carnicero por la supuesta infidelidad de su esposa. Algo ocurre en esos cuatro días, que hacen que él cambie de opinión. De momento prefiero que el lector se quede con el interrogante y se imagine el resto, que complete la historia en su cabeza. Tal vez más adelante explique lo que ocurrió.
      Y por cierto, gracias por el café, estuvo muy bueno!! Jaja. Bueno, un abrazo y ánimos con el bebé, a veces es difícil pero ambos sabemos que vale la pena!!

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  8. Hola me gusto mucho este relato...como simpre que los leo..aunque al final quede un poco confundida pero aun asi genial..te estare leyendo el viernes siguiente :)

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    1. Hola anónim@, gracias por escribir. Como quizás recuerdes, hay un momento en el relato en que la mujer de Levin le dice que lo engañó con el carnicero, pero como se encuentra bajo la influencia del diablo, el señor Levin no le cree. Pero luego parece que cambia de opinión, y va y mata al carnicero. La incógnita es saber por qué cambia de opinión. ¿Realiza una investigación por su cuenta? ¿El diablo al final lo convence? ¿O quizás él también termina poseído? Hay muchas más opciones, pero prefiero de momento que el lector imagine el resto. Un abrazo y hasta el próximo viernes!

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  9. Enhorabuena Mauro. Ya se te extrañaba. Hasta hoy entré y me leí los dos cuentos de una vez. Acá son las once de la noche y no quiero salir afuera a hacer pis, es tú culpa. Jaja. Me alegra que vuelvas con tus incomparables relatos, sabes que soy tu fans. Me gustaron mucho. Y aunque no siempre comento ten por seguro que siempre estoy dándome unas vueltas por acá. Un abrazo.

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    1. Gracias Manuel. Yo también cada tanto visito tu blog, no lo digo para quedar bien, pero sabes que en su momento hice un post con los blogs de terror que me gustaban, y entre ellos estaba el tuyo. No comento porque soy vago, jaja, pero sé que un comentario de ánimo cada tanto no viene mal, después de todo es lo único que pide un autor que sube sus cosas gratis a un blog (yo lo sé más que bien), así que trataré de mejorar en ese aspecto. De los últimos que publicaste y que leí, creo que el de San Valentín fue el mejor, al menos según mi apreciación y mis gustos, porque fue muy oscuro y tuvo una gran ambientación. Abrazos!!

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  10. Al habla Eli:
    ¡Madre mía! Hacía un montón que no entraba aquí. Esto de los deberes es una verdadera pesadilla....
    Y ahora mismo tendría que estar haciéndolos. Buenos eso es otro tema.
    Me encanta la redecoración del blog.Un tanto tétrica, bien, ese es el espíritu.
    Supongo que echaba de menos esta página.Y leer algo bien escrito, también.
    Pues vale, mi cumpleaños ya pasó....¡Ya tengo 14 años! Si es que me estoy volviendo vieja, jajaja.
    Pero que sea en febrero es desastroso porque hace un tiempo de perros, pero bien, chocolate caliente y lectura.Ah sí, y música de Il Divo también. Y Bach.Y Mussorgski. Y Chaicovski.Y Beethoven. Y....bueno, no doy la lista completa, pero se podría decir que estuve bien acompañada.... El libro era "El crimen Dormido" de Agatha Christie y tengo que decir que, aunque he perdido la cuenta de todas las veces que me lo he leído, está genial. Lo mismo que escuchar Il Divo. En resumen, que acepto felicitaciones atrasadas.
    Bueno, el mensaje quedará corto porque tengo que terminar los deberes, lástima..
    Ah, sí , se me olvidaba. El relato. Está muy bien.(Madre mía, toda la introducción del mensaje para decir que me gusta el relato, lo siento de veras, pero que nadie me juzgue que se me conoce bien de la 1º temporada del blog en que soy bastante de parrafadas) Pues eso que el relato está bien, aunque lo del "chorizo de mierda" me ha llegado al alma. ¡Qué asco! Estaba merendando un buen bocata de lomo y casi vomito. Y sigo traumatizada porque encima tengo una imaginación muy activa y no he podido evitar imaginarme la escena y la porquería cayéndole por la cara al tipo, al señor Levin. Y ahora al ponerlo se me repite de nuevo la escena en la cabeza y me apuesto lo que sea a que acaba echando hasta las entrañas por la boca. Por Dios, ¿es que no pudiste evitarlo, Mauro?
    Vamos, que tenías que haber avisado a la gente que estaba comiendo poninedo una pequeña advertencia arriba y para estómagos delicados.
    Me gusta el toque final. Como si el Diablo al final consiguiera tentarle, llevarle al pecado. El argumento en general es guay, el típico "te lo dije", y en boca de una mujer nada más y nada menos.
    Bravo, bravo, bravísimo, fantástico, magnífico, supercalifragilísticoespialidoso.
    9,99 por culpa de que me sentara mal el bocata.
    Ya hora a intentar hacer los deberes sin distraerme.....
    Oh, una mosca........ Ya estás muerta, pequeñaja.
    En fin, saludos y gran regreso.
    Sé que aquí estáis todos encantados de volver a saber de mí.
    Ah, y las felicitaciones atrasadas que reclamo....
    Hey, acaba de empezar a llover y no sé dónde he metido mi bolígrafo verde que no necesito en absoluto para hacer los deberes pero sí para intentar no hacerlos.
    Saludos, terrícolas, pequeños organismos en este mundo aburrido en mitad de un enorme Universo que se expande cada vez más hacia el infinito, desde la nada de la que salimos hasta que nos engulla, basado en un frase de Blaise Pascal verdaderamente inquiuetante: "El ser humano es a su vez incapaz de ver la nada de la que sale como el infinito que lo engulle", en el cual rigen leyes injustas e ideas erróneas comúnmente aceptadas por la sociedad, en la cual los jóvenes crecemos sumido en una especie de limbo de la ignorancia por culpa de los móbiles que paralizan la llegada de información nueva a nuestro cerebro mientras va destruyendo por millones nuestras neuronas. Y que cuando los zombies aprendan a decir "soy yo" para que les abramos el portero automatico y la puerta, estaremos perdidos y será el apocalipsis.
    Y yo soy una chica normal y corriente de 14 años que tiene muy bien asumida su edad, responsable y madura y que se va a poner a terminar los deberes ahora mismito.
    Saludos, otra vez desde hace no más de 300 palabras.
    Elisa
    PD: ¿He dicho ya que el relato estaba muy bien?

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    1. Hola Eli!! Tanto tiempo sin tener tus extensas noticias... Me alegro que ande todo bien por ahí (es decir, bien para los 14 años, que es una edad difícil, conflictiva, complicada, como todas las demás otras edades, vamos).
      Hay varios que me reclamaron por ese "párrafo" en cuestión, creo que me sorprendió un poco, porque seguramente han leído (y visto) cosas peores. Yo creo que la clave de todo es la palabra "chorizo", eso es lo que despiertan las ganas de vomitar y de dejar de comer lo que estés comiendo en ese momento. Me hace acordar, lejanamente, a un cuento de Chuck Palahniuk, "Tripas" (que NO te recomiendo que lo leas, lo digo en serio). En su momento fue muy conocido porque las personas se desmayaban cuando Chuck lo leía durante las presentaciones, sobre todo cuando escuchaban la palabra: "Maíz" (cuando cumplas dieciocho años y estés preparada para leerlo, te darás cuenta por qué). Las palabras son misteriosas, tienen efectos mágicos en nuestros sentimientos, sobre todo cuando leemos o escuchamos las combinaciones adecuadas de ellas...
      Bien, espero que sigas en la búsqueda del bolígrafo verde y de tus ganas de estudiar, y que las encuentres muy pronto (sobre todo antes de que comience la temporada de exámenes). Un abrazo y gracias por escribirme!!

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    2. ahi esta la Ely que aveces extrañamos!!!!!! feliz cumple años!!!!!!!!; feliz libro!!!!!!!!!, feliz tarea!!!!!!, feliz musica!!!!! ( y no se porque mas te podria felicitar!!!!!?????), jajajajajajaja saludos

      Manuel Vargas. No Zombie

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  11. Muy buen cuento solo qsi hubiera sabido dlo q trataba no lo hubiera leido en el desayuno x D pero como qm falto saber mas dlo q paso m qued con la duda pero es lo bueno d dejar el final asi xq s queda a la imaginacion

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    1. Sí Mary, creo que es bueno dejar algunas cosas libradas a la imaginación, para que el lector no sea tan "vago" jeje. Bueno, al menos eso es lo que yo espero cuando leo otras cosas, ahora mismo estoy leyendo "Ciudad de cristal", de Auster, y por cada cosa que me cuenta el viejo Paul, deja diez en las sombras. Pero aún así, es una novela maravillosa. Un abrazo!!

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  12. Muy bueno, Mauro. Muy lograda toda la escena de la posesión de la Sra. Levin en casa del amigo de su esposo. Te sigo leyendo.
    ¡Saludos!

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    1. Gracias Juan!! Te encuentro en muchos blogs y sitios de literatura, ¡sos omnipresente! Un abrazo y éxitos!!

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  13. hola mauro no quiero pensar q has eliminado mi mensaje tal vez solo fue un mal entendido lo voy a tomar asi .... pero al menos dame la respuesta de lo q te dije ps no me dejes con esa duda

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    1. Hola Ale, no borré tu comentario, de hecho lo respondí ayer. Lo que pasa es que lo escribiste en otro cuento, el anterior, "El ataque". Fijate que está ahí. Saludos.

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  14. Hola Mauro, este cuento me ha encantado. Es un placer para la vista leerlos. No me quiero extender demasiado así que me despido,un abrazo fuerte y espero poder pasarme por aquí más seguido como solía hacerlo.

    Saludos.

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    1. Ok Facundo, te estaré esperando entonces. Un abrazo para vos y éxitos!!

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  15. Me sorprendí con tus nuevos cuentos Mauro,me había desconectado de esto por un tiempo pero me alegra volverlos a leer y ver que cada vez son mejores ...... chevere mauro felicidades...un saludo desde Perú..charo.

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    1. Hola Charo, pues sí, empecé la segunda temporada y por un tiempo habrá relato todos los viernes. Me alegro que te gusten las nuevas historias. Un abrazo!!

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  16. muy buen relatoooooooooo

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  17. Mauro ya tengo tiempo suscrito a tu pajina y nose si no me llego o por accidente borre tu cuento de (solo para suscriptores) podrias reembiarmelo te lo agradeceria con el alma gracias de antemano y te sigo deceando mucho exito tienes unas exelentes historias......saludos

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    1. Hola Alejandro. Tu nombre no figura en la lista del blog, por lo que es posible que te hayas salteado un paso. Quizás no confirmaste la suscripción, tiene que haberte llegado un email pidiéndote que sigas un enlace para confirmar. Si no lo tienes probablemente esté en tu carpeta de spam. Pero no importa, dejame tu email aquí y yo te lo envío en forma manual. Un saludo!

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    2. texanoonline@yahoo.com gracias nuevamente mauro y me gustaria ke relataras un cuento en una panaderia soy panadero y en todas las panaderias espantan....segun la gente mayor dicen ke es por la harina ke se cae al suelo y pues sin kerer la pisamos y disen ke la harina es como si estubiera bendita porke dios dijo no dañes al trigo ni a la sebada (o algo asi) ...ok espero tu email y sigue como vas y llegaras muy lejos...ojala te pidan alguna historia para hacer una pelicula seria genial ver alguna de estas historias en la pantalla grande..... bueno estodo disculpa las molestias saludos y recibe las mejores vibras

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    3. Ya te la envié a tu casilla de email, Alejandro. Y me encantó el tema de la panadería, sobre todo lo de la harina, son esos pequeños detalles los que me impulsan a escribir una historia. Voy a ver si puedo hacer algo bueno con eso. Un abrazo!!

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  18. ¡Un final super abierto!
    La historia iba sobre ruedas pero de repente, al leer dicho desenlace, me quedé impresionadño como diciendo "WTF!?"
    No es por ser desagradecido con tu trabajo Mauro, repito, la trama iba sobre ruedas, pero en mi opinión un final así de abierto es como si alguien de repente te pateara entre las piernas y echara a correr.

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    1. Jaja sí, es posible que este final, más que demasiado "abierto", es demasiado brusco, lo que hace que sea chocante. Voy a dejar pasar el tiempo y después me fijo si se puede arreglar (ahora es como que lo tengo muy fresco en la cabeza, y me cuesta tener una opinión objetiva). Gracias por tu sinceridad, no hace falta que te disculpes, porque a mí me ayudan mucho las críticas, mucho más que los elogios (aunque uno prefiera lo segundo jeje). Abrazos, Gillian!

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