Cuento de Terror 69: "Un Lugar Terrorífico"


UN LUGAR TERRORÍFICO
de Mauro Croche




PRIMERA PARTE: 
“¡Gracias por utilizar GPS Shini Gami!”

Ahorcado


HACÍA RATO que viajaban por la carretera provincial 21, recorriendo amplias zonas de terrenos descampados y áridos. Durante el trayecto habían escuchado algunos viejos cedés de AC/DC y Nirvana, y luego hablaron un poco, sobre todo de la vida siempre turbulenta de Martín, pero luego cayó sobre ellos un silencio lacónico, amodorrado, que pareció solidificarse con la llegada de la noche. A eso de las nueve, Horacio preguntó por primera vez a dónde se dirigían, y Martín le respondió con una frasecita que, con su posterior repetición, comenzó a sonar como un mal chiste: “El GPS lo dirá”.
Horacio reacomodó su grueso cuerpo sobre el asiento de acompañante y lo miró.
-¿Qué dijiste?
-Eso: que el GPS nos dirá a dónde tenemos que ir- respondió Martín, la mirada atenta en la ruta.
-Es una broma, ¿no?
Martín, como toda respuesta, dio un golpecito al aparato de GPS ubicado sobre el tablero de instrumentos. Era un GPS de siete pulgadas que había comprado hacía algún tiempo, en una de esas tiendas online chinas. Parecía un capricho más que otra cosa, porque Martín no era dado a realizar viajes largos. Pero como era el dinero de Martín, Horacio no había dicho nada al respecto.
-Ajá- dijo Horacio, decidido a no dejarse tomar el pelo-. Ya lo entendí. Es otra de tus estúpidas e incomprensibles bromas. Como cuando te disfrazaste de Papá Noel en esa fiesta para chicos y comenzaste a repartir envoltorios vacíos de caramelos. Nadie reía excepto vos. Es algo así, ¿no?
Pero Martín, al parecer decidido a jugar de misterioso esa noche, se rascó la punta de la nariz y siguió manejando sin decir palabra.
-Ajá- repitió Horacio-. Es otra de tus pendejadas, sí.
Recordó que esa misma tarde Martín lo había llamado para preguntarle si tenía algo que hacer. Horacio, que se encontraba recostado en el sillón jugando a la Play, aburrido como Dios al séptimo día, había contestado que no, que excepto ordenar un poco su habitación y sacar a pasear al perro, su agenda estaba vacía durante los siguientes, digamos, tres meses. “Entonces preparate, porque en una hora paso a buscarte”. No hizo falta decir nada más. Martín era un tipo hermético y parco, pero tenía buenas ideas a la hora de divertirse. Y Horacio confiaba ciegamente en él: después de todo, eran amigos desde la primaria. Pero ahora, ahora que habían manejado durante más de dos horas y media sin que Martín soltara prenda sobre sus planes, ahora que había caído la noche y la ruta no era más que una interminable franja de oscuridad que se perdía unos veinte metros más adelante (hasta donde alcanzaban los faros), Horacio había comenzado a impacientarse.
Continuaron andando, sin decir palabra, cada uno concentrado en sus propios sentimientos. El estado de la ruta a esas alturas no era muy bueno, y cada tanto Martín tenía que maniobrar para no terminar hundido dentro de algún pozo. Cinco kilómetros más adelante, en medio de un malhumorado silencio, la voz robótica del GPS habló, sobresaltándolo a ambos. Era la primera vez que decía algo en mucho tiempo, y había algo en el tono de la grabación que hizo que Horacio torciera el labio en un gesto de desagrado. Era como si la voz… se estuviera burlando de ellos. Se imaginó al tipo que había realizado la grabación, aguantando la risa por algo que nadie excepto él lograría comprender. ¿Realmente había sonado así, o lo había imaginado? 

El GPS indicó, con ese tono sospechosamente risueño, que debían tomar el próximo desvío a la izquierda. Martín de inmediato aminoró la velocidad. No pareció notar nada raro en la voz de su GPS, quizás porque ya estaba acostumbrado a ella. A través del parabrisas sólo se veía el camino oscuro, y unos árboles altos y abigarrados que custodiaban los laterales. No había nada en aquel paraje, ninguna luz, ninguna construcción que delatara la presencia del ser humano.  Horacio creyó ver un camino de tierra que se adentraba en el bosque; lo señaló a su amigo.
-¿Será ese el desvío? No parece que lleve a ningún lado.
-Yo no veo otra cosa. Debe ser ese, sí.
-Vamos, Martín.
-¿Qué?
-Decime a dónde carajo vamos. Me estás empezando a asustar, ¿sí? Parecés uno de esos asesinos de la tele. Hannibal Lecter, o Jack el Destripador.
-Jack el Destripador no es un asesino de la tele- retrucó Martín mientras tomaba el desvío-. Existió de verdad. Hace como doscientos años.
-No puedo creerlo. Seguro que es otra de tus bromas de porquería. Pero dejame decirte una cosa: nadie se ríe con tus bromas, Martín. Nadie.
Sin embargo, no creía que fuese una broma. Había algo en la mirada de Martín que lucía diferente, algo que se veía decidido y al mismo tiempo aterrado, quizás como la mirada de un tipo atrapado en un edificio en llamas que acaba de decidir que la mejor alternativa es arrojarse por la ventana. Hicieron otros dos kilómetros envueltos en el pesado silencio que ya parecía una marca registrada de esa noche, y luego la voz del GPS volvió a hablar. Esta vez no parecía risueña, sino algo exaltada, como si se alegrase de anunciar lo que finalmente terminó anunciando:
-A cien metros, doble a la derecha. Su destino está allí. ¡Muchas gracias por utilizar la tecnología de GPS ShiniGami!
-¿GPS ShiniGami?- alzó una ceja de inmediato Horacio-. ¿Quién conoce esa marca? ¿Cuánto te costó el aparato, dos dólares?
-Es una empresa del Sur de Japón- explicó Martín, sin dar muestras de irritación o enojo-. La busqué en Internet. Y que no sea una marca conocida no significa que el producto sea malo.
-¿Buscaste a la empresa en Internet? ¿Es eso lo que hacés en tu tiempo libre?
-Tenía mis motivos para hacerlo- dijo el Señor Enigmático, imperturbable. A Horacio le dieron ganas de encajarle un codazo. Vio que a la derecha se abría un camino todavía más estrecho y precario, rodeado de un bosque de coníferas altas y de aspecto amenazante. Tenía la esperanza de que Martín no lo viera y pasara de largo, pero su amigo estaba demasiado atento a la ruta. Tomaron el desvío y de inmediato descubrieron, detrás de un recodo, una vieja casa que se erigía en medio de un claro bañado por la luz de la luna. La casa se encontraba en un penoso estado y tenía el techo de tejas derrumbado en algunos sectores; sin embargo, parecía habitada: la luz del porche estaba encendida, y un perro atado a un árbol ladraba en dirección a ellos. Martín hizo rodar el coche por el camino todavía unos metros más y luego quitó la llave del encendido. Quedaron escuchando los ruidos de la noche, los dos en silencio dentro del habitáculo del Peugeot, sin mirarse o realizar algún tipo de movimiento, simplemente respirando. El zumbido del electroventilador se escuchó durante unos segundos más, y luego, al apagarse, comenzó a emitir el característico tic tic que indica que ha comenzado a perder temperatura. Esto pareció obrar como una especie de señal para Martín, porque el muchacho, saliendo de su estado de cerrado mutismo, se inclinó sobre el regazo de Horacio.
-¡Hey!- dijo Horacio, sorprendido.
-Tranquilo- dijo Martín, con una pequeña sonrisa de satisfacción-. No es lo que pensás, pervertido.
-Yo no pienso nada, pero es que… ¡Mierda, Martín! ¿Qué carajo?
El muchacho acababa de sacar un revólver de la gaveta del coche. Para incredulidad de Horacio, comprobó el seguro y luego guardó el arma bajo el pull-over. Miró a Horacio, y de repente parecía muy viejo, tan viejo como su padre mismo. Y asustado. Por primera vez desde aquella ocasión en que su hermano menor estuvo a punto de morir por una neumonía, a Martín se lo veía asustado por algo.
-Perdoname- le dijo, posando sus ojos de viejo en los ojos horrorizados, aturdidos, de su amigo de siempre-. Perdoname por haberte tratado así esta noche. Pero es que tenía que hacerlo. Si te hubiese dicho lo que pensaba hacer, no sé si me hubieses acompañado… o creído. Quería que lo vieras con tus propios ojos. Y yo tenía que contárselo a alguien.
-¿Qué cosa? No me digas que mataste a alguien.
Martín cerró los ojos y negó con la cabeza, como indicando que esa posibilidad era ridícula.
-Es el aparato- dijo, señalando el GPS con la barbilla-. Es esa cosa de mierda que compré hace un tiempo en Internet. Es por eso que investigué a la empresa que lo fabricó. “ShiniGami 2.0”. Llamé al número del manual, pero me daba a un teléfono inexistente. Les escribí un par de emails pero nunca me respondieron. Y luego, como último recurso, llamé a la tienda que me lo vendió, pero ellos me dijeron que lo habían comprado al por mayor a un importador y que éste a su vez lo había comprado a una empresa naviera y que los papeles se los había llevado el agente aduanero y no sé cuántas mierdas más. Así que lo dejé. No creo que hubiese tenido respuestas, de todas formas. Al menos, no las que yo hubiese querido encontrar.
-¿Una falla? ¿Era eso lo que tenía?
De todas maneras, pensaba Horacio, si ése era el problema, no entendía por qué estaban allí. Ni tampoco podía explicarse la actitud temerosa e inéditamente vacilante de su amigo.
-Era una falla, sí. Pero no la clase de fallas técnicas que puede tener un aparato fabricado por un obrero distraído en la línea de producción. Era… otra cosa. La primera vez que lo usé comencé a darme cuenta de ello. Programé un itinerario cualquiera para probarlo, creo que desde mi casa a la tuya, pero las indicaciones que me daba el GPS eran totalmente equivocadas. Paré el coche y lo volví a programar, una y otra vez, pero el aparato parecía en sus trece y quería que girara hacia la derecha cuando yo sabía que debía hacerlo a la izquierda. Así que terminé por obedecerlo. No sé por qué lo hice, creo que fue por aburrido. Creo que me dije algo así como: “A ver a dónde me lleva esta cosa”, y simplemente seguí sus instrucciones. Y terminé parando a un costado de la ruta, a unos tres kilómetros de la ciudad. “Ha llegado a su destino”, me decía esa mierda, “¡Gracias por usar GPS ShiniGami!”. Y supuestamente debía estar frente a tu casa, pero en cambio yo me encontraba mirando un enorme campo baldío. Y estaba a punto de tirar el GPS por la ventanilla y dar la vuelta, cuando escuché un zumbido intenso que provenía desde el zanjón. Me acerqué al lugar, y vi que una nube de moscas rodeaba el cadáver de un ciervo. El pobre animal estaba podrido y tenía los ojos picoteados por los pájaros. Lo había atropellado un coche, o un camión, porque tenía las patas quebradas. Casi me hizo vomitar. Regresé al coche y me quedé pensando un rato. Bueno, tal vez no pensando en algo en particular, sino simplemente… mirando la nada. No sé cuánto tiempo estuve ahí, al costado de la ruta, escuchando el zumbido de aquellas asquerosas moscas verdes posadas sobre el cuerpo destripado del ciervo. Cada tanto algún auto pasaba y me tocaba bocina, pero yo no le prestaba atención. Y entonces decidí regresar. Ya se había hecho tarde y no podía seguir haciendo nada detrás del volante. Di la vuelta… pero antes volví a programar el GPS. Le di, como destino, la dirección de mi propia casa.
-¿De tu casa? Pero si estabas a tres kilómetros de la ciudad, por Dios. ¿Acaso no sabías cómo regresar?
-Claro que sabía- dijo Martín, soltando un gruñido.
-¿Y entonces?
-Quería probarlo otra vez. O más bien… no sé, estaba siguiendo un instinto. Y entonces el GPS comenzó a indicarme la ruta a seguir. ¿Escuchaste la voz que tiene, prestaste atención? El tipo que hizo la grabación utiliza un español neutro, pero, ¿te diste cuenta de que constantemente parece al borde de la locura? Como si fuera a ponerse a gritar de un momento a otro… Bien, no sé si fue por eso o qué, pero la cuestión es que comenzó a asustarme. Y me indicó un camino que, como yo sospechaba, era totalmente erróneo, no se parecía en nada al que yo debería haber seguido para llegar a casa. “En la próxima salida, doble a la izquierda”, me dijo, y yo sabía que si le hacía caso terminaría en la otra parte de la ciudad, pero igual lo seguí. Tomé el camino y terminé, media hora después, en el barrio Viejo. Sabés que antes fue un barrio bastante decente, de gente trabajadora, pero ahora no es más que un lugar donde se asientan todos los vagos y criminales. Cuando pasamos por una casilla mugrienta, tan miserable que daban ganas de llorar, el GPS dijo: “¡Ha llegado a destino! ¡Gracias por operar con…
-“… con GPS ShiniGami”- completó Horacio a desgano.
-Me bajé. La calle estaba desierta y era de noche, parecía un lugar maligno, pero igual me bajé del auto. Toqué a la puerta de la casilla: nadie me respondió. Si hubiese salido alguien le hubiese dicho una tontería, algo así como que me había perdido, o que quería encontrar la casa de algún fulano, pero lo cierto es que no salió nadie. Y entré. La puerta estaba abierta y entré.
-Estás loco.
-El lugar era horrible- siguió Martín sin prestarle atención-. Había mugre por todos lados. Papeles, cajas amontonadas, ropa tirada en el suelo. Y el olor. Por segunda vez aquel día, casi vomité. Pero aún así seguí avanzado. Abrí la puerta de algo que parecía un dormitorio… y entonces lo vi. Primero sus piernas suspendidas en el aire, y luego su rostro. Tenía la piel negra, amoratada, los ojos desorbitados, y la lengua le colgaba como un asqueroso gusano podrido. Se había ahorcado, colgándose de las vigas del techo. Quién sabe desde cuándo el pobre diablo estaba ahí.
-¿Quién era, Martín? ¿Lo conocías?
Martín se encogió de hombros.
-No lo sé. No creo que importe. Salí del lugar sin volver la vista atrás. Creo que nadie me vio, porque de lo contrario ahora estaría metido en un buen lío.
-¿Llamaste a la policía?
-¡Claro que no! ¿Estás loco? ¿Qué les hubiese dicho? ¿Que había llegado al lugar porque el GPS me había guiado hasta ahí? De todas maneras, era cuestión de tiempo hasta que alguien hubiese encontrado al tipo.
-Y entonces…- trató de resumir Horacio, porque sabía que su amigo, una vez que comenzaba a hablar, era muy dado a andarse por las ramas.
-Supongo que ya debés conocer lo que sigue. O por lo menos adivinarlo.
-Me gustaría escucharlo de tus propios labios.
-¿Qué puedo decir? Al día siguiente, volví a probar el aparato. Y me condujo a una cabaña en medio de la montaña. ¿Sabés dónde queda el pueblo de San Ignacio?
-¿Te fuiste hasta allá? Son como doscientos o trescientos kilómetros…
-Trescientos sesenta y cinco- asintió Martín-. Los hice en media mañana. Cuando llegué eran como las once y yo estaba muerto de miedo. Había tenido pesadillas, ¿entendés? Quería buscarle un lado razonable al asunto. Tenía que haber alguna explicación.
-¿Qué había en la cabaña? ¿Otro ahorcado?
-Un tipo con el cuchillo entre las cejas. Y había una mujer… estaba en la bañera. Cortada en pedacitos, como si alguien pensase meterla en algún lugar, en una heladera, o en una caja de cartón. Alguien se había metido en la casa, durante la noche… y los había matado.
-¿Quién?
-No sé. Sí sé que dos o tres días después los encontró una familia, que pensaba realizarles una visita sorpresa. Aunque la sorpresa, claro, se la llevaron ellos. El caso salió en los diarios de todo el país. Aunque todavía no pudieron agarrar al asesino…
Horacio enarcó las cejas. No podía creer lo que estaba escuchando.
-No me digas que… ¿estuviste en la casa de los Nuñez? ¿Los novios hippies asesinados el mes pasado?
-Sí- respondió Martín, mirándose las manos-. Estuve ahí. Estuve antes que nadie, antes que la familia que lo encontró, antes que cualquier investigador que llegó luego. Estuve ahí por el GPS.
-Pero, Martín, no entiendo…
-¿No entendés? ¿O no querés hacerlo?- Martín miró a su amigo fijamente, los ojos cansados y tristes-. Horacio, te conozco desde la primaria, y sé que estás entendiendo perfectamente la historia. El GPS te conduce a los lugares donde sucedió algo terrible... algo que nunca querrías ver. Suicidios, asesinatos, crímenes pasionales… en las últimas semanas vi eso y mucho más. Ciervos y perros atropellados. Accidentes de coches, de motocicletas. Un tipo que se había cortado el brazo con una motosierra, y que había muerto camino a su casa. La última vez, el GPS me guió hasta una fábrica abandonada. Entré al lugar y al principio no vi nada, hasta que se me ocurrió verificar dentro de unos tanques de agua. Un chico… un chico de unos siete u ocho años, y que era buscado desde hacía varios días por la policía…
-No sigas- dijo Horacio, con voz ronca-. No quiero que sigas. Es una locura.
-Y yo también me decía lo mismo, ¿entendés?- Martín ahora parecía a punto de derrumbarse. Sus manos temblaban. Un brillo extraño, estático, cubría la superficie de sus ojos, como un velo-. “No sigas, Martín, dejá esa cosa de una vez, tirá ese GPS a la basura y olvídate del asunto”. Pero era más fuerte que yo. Al final era como… no sé, una adicción. ¿A dónde me llevaría el GPS hoy? ¿Qué nuevos horrores me mostraría? No podía dormir pensando en estas cosas. Y siempre terminaba subiendo al auto y siguiendo las instrucciones del aparato. No podía evitarlo. Y me moría por contárselo a alguien, por mostrarle la mierda que tenía entre manos. Fue por eso que dejé que el GPS nos guiara hasta acá.
-O sea que…- Horacio miró a través del parabrisas, hacia la casa con el techo derrumbado-. ¿Vos decís que hay un muerto ahí, en esa casa? ¿Alguien que se suicidó, o que le cortaron la cabeza, o algo así?
-Puede ser cualquier cosa. También muestra animales. Pareciera ser que no hace distinciones entre animales y humanos. Simplemente, muestra algo… espantoso.
Horacio se estremeció. Miró las ventanas oscuras de la casa, la sombra del perro que les seguía ladrando de a ratos. No quería entrar allí. No quería ver nada sangriento. Se desmayaría. Martín siempre había sido más valiente que él.
-¿Es… necesario? Sabés que me hace mal ver esas cosas. Odio las películas de terror. Odio todo lo que tenga que ver con la sangre.
-Si sos mi amigo, entonces me vas a acompañar- dijo Martín, endureciendo súbitamente la expresión-. Pude haber traído a otro amigo… a Sergio, o al Rama. Pero te elegí a vos. A vos, Horacio. Es algo que te pido desde el corazón. Necesito tu ayuda. Necesito que me ayudes… a entender toda esta locura...
-Está bien- dijo Horacio, inhalando una profunda y trémula bocanada de aire-. Es cierto, vos me ayudaste muchas veces. Es hora que de que te recompense. Para eso son los amigos, ¿no?
Martín asintió, pensativo. Y luego, sin más preámbulos, se bajó del coche y comenzó a caminar rumbo a la casa.
-Mierda- dijo Horacio, temblando de pies a cabeza. Sabía que su amigo lo había manipulado, una vez más. Pero, como siempre, el terror a perderlo, a quedarse solo en la vida, hizo que lo perdonara como en las otras ocasiones. Miró por última vez el misterioso aparato de GPS, ahora silencioso y apagado, y luego fue tras los pasos de su amigo, pensando que el aparato no lucía anormal, no evocaba sentimientos extraños ni escalofríos. Simplemente… parecía un aparato más.
Excepto, claro, por esa voz.
¿Debería creerle? ¿No se trataría, a fin de cuentas, de otras de sus estúpidas bromas?

“Iré a ver”, pensó Horacio. “Lo acompañaré hasta la casa. Y si se trata de una chapuza, entonces le reventaré la cabeza”.



SEGUNDA PARTE: 
Dos Balas

Novela corta de terror


EL PERRO ATADO al árbol parecía enfurecido. Saltaba y tensaba la cadena al máximo, como si quisiera desgarrarles el cuello. No era muy grande, pero Horacio calculó, de repente inquieto, que podría hacerles bastante daño si se llegaba a zafar de sus ataduras. Cruzaron un patio de malezas crecidas y luego pisaron las tablas del porche. Martín se acercó a una de las ventanas y se hizo sombra con las manos para ver el interior, pero estaba muy oscuro y tuvo que dejarlo. Probó con tantear la puerta: cerrada. Horacio lo miraba indeciso.
-¿Qué tal si llamamos antes de entrar?
-Por experiencia, sé que no hay nadie dentro de la casa que esté en condiciones de abrirnos.
-¿Y entonces?
-Hay una ventana lateral. A lo mejor está abierta.
Fueron hacia la ventana que había señalado Martín. Horacio rezaba para que estuviera cerrada, pero la maldita se abrió en cuanto Martín la empujó un poco. El muchacho, que en algún punto del camino se había puesto unos guantes, revisó en sus bolsillos y sacó otro par para Horacio.
-¿Y esto?
-Son guantes, Horacio. No quiero que tus huellas aparezcan por todos lados. Recordá que acá puede haber un crimen. Así que ponetelos.
Horacio no lo pensó dos veces. Tomó los guantes que le tendía su amigo y se los puso. Le quedaban algo apretados, pero para el propósito venían más que bien.
-Vamos.
Cruzaron la ventana, primero Martín y luego Horacio. Y de inmediato éste frunció la nariz.
-Hay olor a podrido- dijo.
El lugar era realmente decrépito. Se encontraban en una especie de living o sala de estar, con las alfombras raídas y cubiertas de barro seco. Había una antigua chimenea con sus bordes ennegrecidos por el hollín, y las paredes estaban decoradas por una decena de animales disecados. Ciervos, pumas, incluso la cabeza agrietada de un enorme cocodrilo: todos ellos los miraban con sus ojos de obsidiana, cubiertos de polvo. Daba la impresión de que la casa había pertenecido antaño a gente adinerada, pero ahora había sucumbido al peso de los años y la ruina material. Horacio miró todo con una actitud temerosa, como esperando ver algún horror oculto de un momento a otro. Vio que había un póster de una película colgado en una de las paredes, y se sorprendió al constatar que se trataba de “La noche de los muertos vivientes”. La primera, la que estaba en blanco y negro. Se lo señaló a Martín, pero su amigo no prestó atención, parecía concentrado en otra cosa más importante. Siguiendo la dirección de su mirada, Horacio se encontró con una huella de barro que se dirigía a una puerta ubicada debajo de las escaleras.
-Esa huella es reciente, todavía está fresca- dijo Martín.
Sacó el revólver debajo de su abrigo y comenzó a avanzar hacia el lugar señalado.
-Martín, creo que deberíamos…
-Me parece que es un sótano.
-… marcharnos de aquí…
Martín abrió la puerta. Emergió, desde las profundidades del sótano, un olor a putrefacción que hizo que los dos amigos ladearan sus rostros y se llevaran la mano a la nariz.
-Oh, mierda.
-Callate. Creo que escuché algo.
El sótano estaba en penumbras, no totalmente a oscuras. Una luz vacilante, como de vela, se proyectaba sobre los peldaños de la escalera y provocaba un efecto óptico de falso movimiento. Al cabo de unos segundos, en los cuales Horacio contuvo inconscientemente la respiración, creyó escuchar también el ruido: un gemido muy débil, seguido de un extraño borboteo.
Los amigos se miraron. Martín bajó la mirada hacia el revólver en su mano, como si de repente recordara que lo tenía ahí.
-Volvamos, Martín- susurró Horacio-. Esto es peligroso. Puede haber cualquier cosa allá abajo.
-Voy a bajar. Si querés esperame acá arriba. Yo cualquier cosa te grito.
-Es el peor plan que escuché en mi vida. Ya de por sí esto es una locura. Estamos entrando a una casa ajena, sólo porque el GPS… ¡Mierda, Martín!
Su amigo ya estaba bajando por los escalones. Horacio se apresuró a pegarse a él. El olor que provenía de allá abajo era intenso, le hizo recordar al de una carnicería que un día arrojó carne podrida en el callejón de la vuelta de su casa. El extraño borboteo se repitió. Era como si alguien estuviera caminando descalzo sobre un charco de barro. Habían cubierto la mitad de las escaleras cuando Martín se detuvo, mirando hacia su derecha. Horacio giró la vista hacia el lugar. Había un televisor empotrado a la pared, proyectando una película con el volumen bajo. ¿Y podía tratarse, efectivamente, de “La noche de los muertos vivientes”? Eso a Horacio ya no le gustó, pero lo que realmente le llamó la atención fue que el televisor se encontrara detrás de una caja enrejada, como si quisieran protegerlo de algún acto de vandalismo.
Estaba por comentarle el detalle a Martín, cuando su amigo pareció sobresaltarse.
-¡Hey!- dijo su amigo, alzando el arma-. ¿Qué estás haciendo?
Horacio miró en su dirección, pero al principio no vio nada. Escudriñó desesperadamente en la penumbra, mientras su amigo retrocedía y se ponía lívido… y entonces creyó verlo. Un bulto blanco, que se movía lentamente en un rincón. El ruido del chapoteo se silenció. Horacio miraba por sobre el hombro de Martín, pero no conseguía distinguir en detalle aquello por lo que su amigo tanto se había horrorizado. Escuchó que el gemido se repetía, o mejor dicho, el gruñido, como si allá abajo hubiese un perro grande y viejo. El bulto blanco se arrastró por el suelo y se acercó a la mesa. Pudo distinguir, por primera vez, la forma de una mujer desnuda, que jadeaba y gruñía como un animal. Era imposible determinar su edad, pero vio que tenía los labios grotescamente pintados de rojo, como cuando las niñas de cinco o seis años toman el lápiz labial de sus madres y juegan a ser adultas. Pero ésta no era una niña, era claramente una mujer mayor, ¿y por qué estaba desnuda? ¿Y qué era aquel otro bulto que había quedado a sus espaldas?
La mujer ahora se había metido debajo de la mesa. Parecía de verdad un perro. De un rápido movimiento, Martín sacó su celular y encendió la linterna. Recién ahí, cuando Martín alzó el celu e iluminó con mejor precisión el lugar, Horacio comenzó a darse cuenta de que aquello era un infierno.
Las paredes parecían pintadas con sangre. Había grilletes y cadenas colgando de los techos. Y lo que había detrás de la mujer era un cuerpo humano, también desnudo y aparentemente muerto, porque tenía el estómago abierto en un enorme boquete. La mujer, emitiendo un chillido, salió debajo de la mesa y trató de atacar a Martín, pero éste fue más rápido y le dio una patada en las costillas. La mujer gritó y luego procedió al repliegue, retrocediendo hasta posicionarse detrás del cadáver desnudo, en posición de cuclillas. Miró a Martín durante unos segundos más, con desconfianza, y luego, para horror de los dos amigos, agachó la cabeza y comenzó a comer vorazmente del estómago del cadáver. Los ruidos de borboteos se reanudaron.
“Ahora sé que no era pintura de labios”, pensó Horacio conteniendo el vómito.
-¡No!- gritó Martín, pero la mujer no prestó atención, simplemente lanzó una especie de gruñido de advertencia, y luego siguió comiendo.
-¿Qué mierda le pasa, Martín? ¿Se volvió loca, o qué?
-No sé- respondió su amigo. Estaba parado en medio del sótano, sosteniendo el celular con la mano izquierda y el revólver con la derecha, incapaz de dar un paso más-. No sé qué le pasa.
-Tenemos que llamar a la policía- dijo Horacio, con una voz extrañamente aflautada. Sacó su celular del bolsillo y apretó el botón de la llamada-. Ya mismo…
-Viene alguien- dijo Martín, y cuando giró la cabeza hacia él, Horacio se dio cuenta de que estaba aterrado.
-¿Dónde?
Pero no hizo falta que Martín respondiera. Unas luces bailotearon en la ventana estrecha que daba al jardín. Eran los faros de un auto. Los ladridos del perro callaron súbitamente. Horacio miró a Martín, y vio que éste comprobaba las balas en la recámara de la pistola.
-Debemos salir de acá, Martín.
-Dos balas.
-¿Qué?
-La pistola sólo tiene dos balas.
-¿Qué?
-Pensé que estaba cargada, pero me equivoqué. Mi hermano… debió salir a disparar a los carteles. El muy imbécil hace cosas así.
-Martín, tenemos que salir rápido. En este lugar vive un loco. Tenemos que…
-Es la primera vez que me pasa.
-¿Escuchaste lo que te dije?- tironeó a su amigo en dirección a las escaleras-. Salgamos de acá, antes de que…
-El GPS siempre me mostró cosas horribles que ya habían pasado. Pero ahora…
-¡Vámonos de una puta vez, Martín!
El muchacho volvió a observar su revólver, y luego asintió.
-Sí. Creo que será lo mejor. Creo que…
De repente soltó un grito. Su espalda se arqueó y sus manos golpearon en dirección al suelo. Distraídos por la luz de los faros, ninguno de los dos amigos había advertido a la mujer desnuda, que subrepticiamente se había arrastrado en dirección a ellos. Martín dejó escapar otro alarido y golpeó a la mujer con la pistola, pero ésta le siguió mordiendo las pantorrillas. Sus dientes manchados de sangre habían perforado la tela de los vaqueros y se habían clavado profundamente en la carne. Martín sacudió la pierna; parecía un hombre aterrado tratando de sacarse de encima un insecto que le camina por el pie. La mujer emitía un gruñido animal y no daba indicios de querer soltarlo. Es más: se sujetaba a Martín con todas sus fuerzas, utilizando los brazos y las piernas. Horacio se le acercó por detrás y trató de alejarla del cuerpo de su amigo, pero lo único que logró fue recibir un puñetazo del mismo Martín, quien ahora arrojaba golpes a ciegas, sumido en el pánico. Horacio cayó hacia atrás, aturdido. Entonces vio el arma en el suelo, a unos pocos centímetros de distancia. Seguramente se le habría caído a Martín durante la lucha, aunque era probable que no se hubiese dado cuenta aún de ello.
Horacio la levantó. Era la primera vez que tenía un arma en sus manos, descubrió que era pesada aunque cómoda de manipular, como si se ajustara automáticamente a la forma de sus manos. Puso el dedo en el gatillo y apuntó. Martín, que se sujetaba a la barandilla de las escaleras y estaba a punto de caer, vio el arma en las manos de Horacio y gritó:
-¡Disparale! ¡Disparale de una puta vez!
Y Horacio apretó el gatillo. Tres o cuatro veces, aunque el arma sólo detonó en dos ocasiones. La primera bala dio de lleno en la cabeza de la mujer, que pareció desintegrarse. La segunda pareció errar el tiro, o eso al menos pensó Horacio en un primer momento. Luego vio la mancha roja en la camisa de Martín, que rápidamente comenzaba a expandirse. En cuestión de segundos su camisa estaba empapada en sangre; era increíble la velocidad con que se había cubierto del nuevo color. Su amigo cayó de rodillas al lado de la mujer muerta. Observó a Horacio y extendió una mano.
-Debemos… debemos irnos… Hay que…
-¡Martín!
-Tenemos que salir de acá…

Vomitó un hilillo de sangre y luego puso los ojos en blanco. Horacio lo abrazó y lloró, repitiéndose para sí mismo: ¡Estúpido! ¡Soy un estúpido!”, y para cuando la puerta del sótano se abrió y una figura comenzó a descender lentamente los escalones, su amigo ya estaba muerto.



TERCERA PARTE:
 El Hacedor de Zombis

El hacedor de zombies


1

NO RECORDABA CÓMO se había quedado dormido. Sentía la cabeza pesada y la lengua torpe, como si fuese un chico que recién estuviese aprendiendo a hablar. Descubrió que estaba sentado sobre una silla, pero por algún motivo no se podía mover. Quiso preguntar: “¿Quién es usted?”, pero su pregunta sonó algo así como: “¿Qué é uzté?”. De todas maneras el hombre que cavaba un pozo a unos dos metros de él pareció entenderle.
-¿Quién soy?- dijo el tipo, deteniendo su labor durante unos momentos. Debía tener unos cincuenta años y usaba un poblado bigote rubio; eso, y sus anteojos pasados de moda, le hicieron recordar a Ned Flanders, el personaje de los Simpsons que era incapaz de enojarse o matar una mosca. Sólo que dudaba que este tipo fuese tan inofensivo como Ned. Por empezar, estaban sus manos manchadas de sangre y tierra. Y además tenía una mirada… algo que daba a entender que el cableado de su cabeza no estaba todo lo bien que debería estar-. ¿Quién soy? Bueno, tengo varios nombres. Algunos, sobre todo mis amigos, me dicen “Polaco”, por el color de mi pelo, y porque tengo antepasados polacos. Hay otros, los que apenas me conocen, que me dicen “Bigote”. Sobre todo en los partidos de fútbol. “Eh, Bigote, pasame la pelota”, me dicen. O bien: “Grande Bigote, qué jugada que hiciste”. Cosas así. Yo antes era jugador de fútbol y creo, humildemente, que todavía juego bastante bien, pese a mi edad- el hombre dejó caer la pala y se arrodilló frente al pozo. Con sus grandes manos arrastró una bolsa de arpillera hacia sí, y luego, utilizando el empuje de sus hombros, la introdujo en la hendidura que acababa de hacer. El pozo debía tener una buena profundidad, porque el bulto cayó con un horrible sonido hueco, que hizo que Horacio pensara en una calabaza arrojada desde un tercer piso. “Martín”, pensó aún aturdido. “Acaba de meter a Martín ahí dentro. Oh, carajo, acaba de meter a Martín ahí dentro…”
-Pero yo prefiero otro nombre- prosiguió el tipo, luego de observar el interior del pozo y limpiarse la mugre con la parte trasera de sus pantalones. Observó a Horacio, que se encontraba desnudo sobre una silla, atado de pies y manos, y luego le sonrió-. Un nombre que yo mismo me he puesto. Claro que es un nombre secreto, porque nadie lo conoce. Nadie, excepto yo… y vos.
-Por Dios- dijo Horacio, sacudiéndose sobre la silla-. Por Dios, qué es lo que está haciendo…
-“El hacedor de zombis”. ¿Qué te parece? Suena como el nombre de una peli de terror barata, ¿no? Pero a mí me encanta. Es así como me gustaría que me llamara el mundo algún día. “El hacedor de zombis”.
-Está loco. Está loco, y mi amigo Martín…
-Sí, ya sé, él está muerto. Vos lo mataste. Lo mataste junto con mi preciosa zombi. ¿Te diste cuenta lo que hiciste? ¿Sabés cuánto tiempo me costó adiestrarla, las largas noches que pasé con ella, tratando de que actuara como una zombi y comiera carne humana? Meses, meses y más meses. Y ya casi la había convertido. Estaba en la etapa final del proceso; al final, ella sólo quería comer carne de personas, todo lo demás lo rechazaba. Y mordía. Oh, ¡cómo mordía! Si te descuidabas un poco… si le dabas la espalda durante un tiempo… como le sucedió a tu desafortunado amigo… ella se acercaba y te mordía. Como un perro. O, mejor dicho, como un zombi. Yo estaba orgulloso de ella. Y vos… -el hombre recogió la pala y comenzó a echar tierra sobre la tumba-. Vos me la mataste…
-Martín…
-Lo que no entiendo…- el hombre ahora había apurado la tarea, como si quisiera terminar lo más pronto posible, urgido por una misteriosa causa-. Lo que no logro entender es cómo llegaron hasta acá. ¿Qué los trajo hasta este rincón del mundo? ¿Estaban perdidos? ¿O acaso… acaso sospechaban… - se detuvo para observar a Horacio, quien seguía debatiéndose sobre la silla, gritando y llorando al mismo tiempo-. Pero no, si lo hubiesen sabido, habrían venido con la policía. Salvo que sean... lo suficientemente estúpidos… para venir solos…
-¡Auxilio! ¡Por favor! ¡Ayúdenme!
-Podés gritar todo lo que quieras, querido, no me molesta. Estoy un poco sordo del oído derecho, ¿sabías?
-¡Martín! ¿Dónde estás, Martín?
-Veo que no recordás mucho, ¿no? ¿Tampoco recordás cuando te dormí con el cloroformo? Vos me mirabas abrazado a tu amigo, y no hiciste nada para defenderte. Parecías una oveja. Casi daban ganas de esquilarte… si hubieses tenido pelo para hacerlo. Pero no sos ninguna oveja. Mataste a mi hermosa zombi. Y ahora… ahora tendré que hacer uno nuevo…
-Déjeme ir. Por favor. Prometo que no le diré a nadie. Prometo que me olvidaré de todo.
-Te dejo ir si me decís una cosa.
-¿Qué? Le diré lo que usted quiera. Por favor, por favor…
-¿Cómo me encontraron?
-¡Fue el GPS! ¡El GPS de Martín! ¡Nos trajo hasta aquí, pero nosotros no sabíamos lo que íbamos a encontrar! ¡Lo juro!
-Ajá. Bueno. Ya tendrás tiempo de decirme.
-¡Es verdad!- Horacio farfullaba y sollozaba. Gruesas lágrimas de miedo corrían por sus mejillas sucias de tierra-. ¡Ese aparato del demonio! Martín debió haberlo tirado a la basura. Por favor… por favor…
-Sí, bueno, lo que digas, gordo. Ya no quiero escucharte. Tengo que terminar de enterrar estos restos, así que no me distraigas.
Pero Horacio no sólo no dejó de gritar, sino que lo hizo hasta que quedó ronco.
Y aún así, siguió gritando.

2

Alrededor de una hora después, el “Hacedor de Zombis” había concluido su trabajo. Había cubierto los últimos centímetros de la tumba con una capa de cal, y luego había apisonado el suelo del sótano hasta que pareció que no había ningún agujero allí. Se acercó al gordo, que aún no paraba de sollozar, y le tomó la barbilla con sus manos.
-Ahora vuelvo, gordito. Voy a deshacerme del auto, para que nadie pueda encontrarte. Y esta noche comenzaremos con las primeras lecciones. ¿Qué te parece?
El gordo no le contestó. El “Hacedor de zombis” abandonó el sótano y se metió en el auto que habían traído los chicos. Observó el tablero del coche, los calcos pegados al parabrisas, y luego su mirada cayó sobre el GPS. “El aparato nos condujo hasta aquí”, había dicho el gordo. Negó con la cabeza, sonriendo ante las ocurrencias de los muchachos hoy en día. Arrancó el auto (había encontrado las llaves en el bolsillo del chico muerto) y luego lo condujo hasta un pantano ubicado a unos cinco kilómetros bosque adentro, donde lo empujó hasta hacerlo desaparecer en sus fétidas aguas. Luego, silbando una melodía pasada de moda, emprendió el camino de regreso.

3

La puerta allá arriba se abrió. Horacio había decidido no volver a llorar. Sabía que había actuado como un cobarde, pero no pensaba volver a demostrar tamaña debilidad frente a ese hijo de puta.
-A partir de ahora serás mi zombi, gordo- dijo el tipo, caminando lentamente hacia él-. Llevará tiempo, pero tarde o temprano terminarás convertido en uno. ¿Te dije que soy fanático de las pelis de George Romero?
-Váyase a la mierda, viejo.
-Sus películas, sobre todo las primeras, son obras de arte. Reflejan lo peor de la humanidad: la cobardía, la soberbia, el egoísmo. Pero los zombis son mejores. Son seres humanos mejorados. Sólo quieren comer carne humana. Nada de humillaciones, nada de ricos y pobres, nada de política o mentiras: sólo el deseo de la carne. Vos terminarás así, gordo. Claro que te resistirás al principio, como hacen todos, pero después… después sólo querrás comer carne de gente. Y saldrás a cazar. Ésa será la culminación de mi gran obra. Con la chica casi lo había logrado, pero no importa: puedo hacerlo otra vez.
-No le haré caso, viejo degenerado.
El tipo se había puesto a espaldas de Horacio, por lo que no podía ver lo que estaba haciendo. Sintió un ruido susurrante, como si estuviera arrastrando algo. Horacio torció el cuello para ver, pero el tipo permanecía fuera de su ángulo de visión.
-No sé qué es lo que piensa hacer, pero no lo logrará. No descansaré hasta verlo muerto, viejo. Y mi amigo… mi amigo recibirá una buena sepultura. No permanecerá enterrado en ese hoyo, ya lo verá, hijo de puta.
Para su sorpresa, el tipo emitió una risotada. Se estaba acercando… parecía agachado, como si estuviera arrastrando algo pesado.
-¿De verdad pensás que lo enterré ahí, gordo? Lo que metí ahí fue a mi chica zombi, y a la vieja que le di para que comiera en la semana. En cambio, tu amigo…
De un último tirón, el tipo arrojó el cadáver de Martín delante de los ojos de Horacio, quien, olvidándose de su anterior promesa, comenzó a sacudirse y a gritar otra vez, descontrolado.
-… él será tu cena…

4

En ese momento, a unos trescientos kilómetros del lugar, los familiares de Horacio y Martín se reunían delante de la comisaría y denunciaban la desaparición de los muchachos.
Habían tenido que presentarse en el lugar, de común acuerdo, porque los llamados al 911 sólo les reportaban inútiles pedidos de calma y paciencia. “Sólo pasaron cuarenta y ocho horas”, les decían los operadores del 911, “no es tanto tiempo. Y los muchachos ya son mayores de edad. Pueden estar en cualquier parte. De momento, no lo consideramos una situación de emergencia”.
Pero eso cambió cuando los enfurecidos familiares ingresaron a la comisaría y comenzaron a realizar destrozos. Entonces intervino el fiscal, y tuvo que cambiar la prioridad del asunto de “moderado” a “urgente”, acuciado por los gritos de las madres de los jóvenes, además de una cámara del noticiero local, que justo se encontraba en los alrededores. En cuestión de horas, la desaparición de los jóvenes se transformó en un motivo de debate nacional. La cara de los chicos salió en todos los periódicos del país, en todos los noticieros de la tele. El último registro que se tenía de ellos era en una estación de servicio de la ruta provincial 21. Allí, la cámara los retrataba comiendo una hamburguesa con Coca, y hablando de lo más relajados con una camarera atractiva, que los reconoció pero no pudo aportar datos de utilidad. Después, el destino de los chicos era una incógnita. Los investigadores sabían que habían seguido viajando hacia el oeste, pero desde allí las posibilidades eran infinitas. Rastrearon los lugares más cercanos y mostraron las fotos de los chicos y del coche a los lugareños, pero no pudieron sacar nada en limpio con este procedimiento.
Con el pasar de los días, la noticia en los medios de comunicación comenzó a diluirse. Había otros asuntos más escabrosos, más crímenes, más misterios para discutir desde la comodidad de los estudios de televisión. Los investigadores siguieron con sus tareas, pero puertas adentro comenzaban a murmurar que nunca encontrarían a los muchachos, al menos, nunca los encontrarían vivos. Todo hacía sospechar que habían caído bajo las garras de algún psicópata. Los únicos que no bajaron los brazos fueron los familiares. El que más insistió fue el padre de Horacio, quien trabajaba en un instituto psiquiátrico. Contrató a un detective privado y él mismo recorrió muchas veces la carretera 21 y sus innumerables desvíos, en busca de alguna pista que lo llevara a su único hijo. Él también, como los policías, pensaba que el chico había tenido la mala fortuna de encontrarse con algún demente, algún criminal que le había hecho algo malo. Pero, a diferencia de los investigadores, él sí tenía la esperanza de encontrarlo con vida. Algo en su corazón le decía que su chico seguía vivo. Y estaba seguro que, tarde o temprano, lo encontraría. A los dos. A su hijo y al criminal. A su hijo lo abrazaría hasta dejarlo sin aire. Al criminal…
Bueno, aún no había decidido qué hacer con el criminal. Pero algo terrible se le ocurriría.
Algo muy terrible…

5

Dos semanas después, tembloroso, con unos veinte kilos menos y al borde de la inanición,  Horacio se arrastraba hacia el cadáver de su amigo y comenzaba a comer de su brazo, mientras allá arriba, en la puerta abierta, el Hacedor de Zombies festejaba a carcajadas y aplaudía.

El proceso, por fin, se había iniciado.





CUARTA PARTE: 
La Noche de los Muertos Vivientes

Cuento de terror


1

PASARON NUEVE MESES.
Las noticias de los chicos desaparecidos se habían evaporado, definitivamente, de los periódicos y canales nacionales. Ya casi nadie se acordaba de ellos. La absoluta falta de pistas había desalentado hasta el investigador más avezado. El padre de Horacio seguía recorriendo la ruta 21, y casi todo el mundo en el instituto psiquiátrico donde trabajaba rumoreaba sobre su salud mental. Pero al padre no le interesaban los rumores: cada día, luego del horario laboral, se subía a su camioneta y comenzaba a recorrer la vieja ruta en busca de su hijo.
Pasó varias veces por el camino secundario que habían tomado los chicos, pero nunca alcanzó a ver la pequeña abertura de tierra que se abría en la maleza, y que conducía a la casa del Hacedor de Zombis, oculta detrás de un bosque de pinos. Pero estaba muy cerca. El padre había aprendido a usar el Google Earths y rastreaba cada construcción solitaria que aparecía en el mapa. Lo hacía de forma sistemática, recorriendo las casas kilómetro por kilómetro. La casa del Hacedor de Zombis podía verse desde el mapa de Google, pero al padre aún le faltaban algunos meses para llegar a ella.
Fue durante una de esas noches, mientras el padre, a trescientos kilómetros del lugar, trazaba en el mapa una cruz para señalar la última construcción visitada, que el Hacedor de Zombis se asomó a la puerta del sótano. En una mano tenía una correa de cuero, y una pistola eléctrica en la otra. Al verlo, Horacio soltó un gruñido y se escondió debajo de una mesa. Había adelgazado unos cuarenta kilos y su piel era un enorme colgajo. Incluso a su madre le hubiese costado reconocerlo. Había perdido todo el cabello y sus ojos saltaban constantemente de un lado a otro, como siguiendo el vuelo de una mosca imaginaria. El Hacedor de Zombis bajó las escaleras lentamente y luego se detuvo delante de él.
-Salí de ahí, zombi.
Horacio se orinó encima. Hacía dos meses había perdido la capacidad del habla. Ahora sólo gruñía y se orinaba encima cuando estaba asustado. Y tenía hambre. Mucha hambre. El Hacedor de Zombis no lo alimentaba desde hacía varios días.
-Ya es hora, zombi. Ya estás preparado para cazar. Vení, vení conmigo. Esta noche será gloriosa…
Horacio se resistió, pero en cuanto vio la pistola eléctrica se echó de panza y comenzó a emitir horribles aullidos de miedo y dolor. El Hacedor le puso el collar en el cuello y lo arrastró escaleras arriba, hacia la camioneta que aguardaba en el exterior. Puso a Horacio en la caja y luego enfiló por la carretera 21, rumbo al pueblo más cercano.

2

-Cintia, quiero que esta noche hagamos el amor.
La chica, que hacía rato jugueteaba con él, se apartó bruscamente y trató de abrocharse la blusa.
-No, Lucas. Te dije que debemos esperar un rato más.
-¿Pero hasta cuándo?- dijo él, y se odió por el tono de súplica que había imprimido a su pregunta.
-Hasta que me asegure de que me querés.
-Pero si te he dicho mil veces…
-Todavía no, Lucas.
La joven pareja se encontraba en las profundidades de un parque estatal, a salvo de las miradas adultas. En realidad ese lugar era utilizado por muchos jóvenes durante la noche, por lo que no les llamó la atención la camioneta que estacionó a unos cien metros de ellos, con los faros apagados. Se venía una discusión, una tormentosa discusión, y ambos sabían que sería dura y difícil de afrontar. Ella no quería ceder porque desconfiaba de todos los hombres, sobre todo después de lo sucedido con el último, que le había puesto los cuernos incontables de veces mientras le juraba amor eterno y todas esas estupideces. Además, sus amigas le habían dicho que le escatimara el sexo a Lucas, que con eso lograría tenerlo a sus pies. Lucas, mientras tanto, estaba harto de que se frotaran en aquel parque y nunca llegaran a nada en concreto. Sabía que Cinta jugaba con él. Pero se había prometido a sí mismo que no pasaría de esa noche. Si ella no cedía… pues bueno, fin de la relación. Y punto.
-Vamos, amorcito, si no te cuesta nada…
-No, Lucas. Puedo dejar que me toques… ahí abajo. Pero nada más que eso.
-Estoy harto de tocarte ahí abajo, bombón. Quiero mucho más que eso. Quiero…
A unos cien metros de distancia, la puerta de la van se abrió. El Hacedor empujó a Horacio hacia el exterior y luego señaló a la pareja que discutía sentada en un banco.
-Mirá, zombi, carne fresca. Andá por ella. Saciá tu hambre. ¡Vamos!
Era un momento crítico, y lo sabía. Se sentía ansioso por lo que su zombi haría a continuación. ¿Habría valido la pena el entrenamiento de nueve meses? Estaba a punto de saberlo. Tomó la cámara y comenzó a filmar a través de los cristales polarizados. Su corazón latía a doscientas pulsaciones por minuto. El zombi, luego de unos instantes de dubitación, comenzó a caminar hacia los jóvenes. El Hacedor reprimió un grito de alegría. ¡Al fin! ¡Finalmente vería a un zombi de la vida real en acción!
-… ya llevamos dos meses de novios, y no puedo creer que todavía…
-Alguien viene.
-… todavía no te haya visto desnuda…
-¡Te digo que alguien viene, Lucas!
El chico giró la cabeza en dirección a la mirada de su novia. Un tipo se les acercaba lentamente, caminando como si sus manos y pies pesaran toneladas. Lo más llamativo de todo era que iba desnudo. Sí: totalmente desnudo, con su pedazo colgando como un salamín en un gancho de carnicero. Cintia lanzó un gritito y se puso detrás de Lucas, clavándole las uñas en los hombros.
-¡Es un loco!
Pero Lucas emitió una risotada.
-No, no es un loco. Ya sé lo que es.
-¿Qué?
-Es una broma. Seguramente una chica lo trajo al parque, prometiéndole un poco de sexo, y lo hizo desnudar. Y entonces salieron los amigos de la chica y le dieron al pobre diablo la sorpresa de su vida. A mi hermano, tonto de él, una vez le hicieron lo mismo-. Se volvió hacia el tipo, que se acercaba cada vez más-. ¡Hey! ¿Dónde están tus calzoncillos, perdedor?
-Lucas, yo no creo que…
-Pobre infeliz. ¿Pensaste que ibas a meter esa lombriz en algún lado, amigo? Lamento decírtelo, pero esta noche tendrás que meneártela en la ducha… -lo pensó un rato y luego agregó, casi melancólico-. Como yo…
-¡Lucas!
El muchacho negó con la cabeza y se incorporó.
-Pobre diablo. Iré a ayudarlo.
-¡No, Lucas!
-Por lo menos le voy a dar mi buzo, así puede taparse el rabo. Ya bastante humillación debe haber pasado.
-¡No vayas, Lucas!
Pero su novio no le prestó atención. Fue corriendo hacia el hombre, mientras Cintia observaba la escena escudada detrás del banco. Vio que Lucas se detenía delante del hombre y le palmeaba la espalda, como consolándolo. Le decía algo que Cintia, a través de la distancia, no lograba escuchar. Aunque estaba segura de lo que decía: seguramente alguna de esas frases machistas que intercambian los hombres cuando se encuentran solos. Lucas se sacó el buzo y se lo tendió al gordo, que se le quedó mirando sin hacer nada, como si no comprendiera una palabra de lo que estaba escuchando.
-Lucas…- murmuró la chica, temblando ante un terrible presentimiento.
El tipo se abalanzó sobre Lucas y le desgarró el cuello con los dientes.
-¡Lucas!- chilló la chica, llevándose ambas manos a la boca.
Su novio se aferró el cuello y miró en su dirección. Sus ojos se veían enormes bajo la luz de la luna. Abrió la boca como para gritar, y entonces el tipo volvió a echársele encima. Ambos hombres rodaron en la hierba y durante un momento hubo una confusión de brazos y piernas, mientras Cintia, desde su posición en el banco, no dejaba de gritar. Finalmente, la lucha se detuvo y el tipo se alzó sobre Lucas, que había quedado inmóvil sobre el suelo. Agachó la cabeza y comenzó a mordisquearle la nariz.
-¡Auxilio! ¡Ayúdenme! ¡Están matando a mi novio!
El tipo alzó la cabeza al escuchar estos gritos, pero luego siguió comiéndole la cara a Lucas. Eso fue demasiado para la chica, que abandonó por fin su posición en el banco y comenzó a correr en dirección opuesta. Más o menos treinta metros más adelante, una camioneta surgió de la oscuridad y se detuvo a su lado.
-¡Ayúdenme!- chilló la chica-. ¡Por favor! ¡Alguien atacó a Lucas!
La puerta de la camioneta se abrió, y un hombre de unos cincuenta años bajó. Usaba gafas y gruesos bigotes, a lo Ned Flanders, y escuchó las sollozantes palabras de la chica con el ceño fruncido.
-¿Dónde están?- dijo el hombre, y sacó una pistola eléctrica del bolsillo-. Lo haré mierda con esto. Ya verás.
-Están por allá- dijo Cintia, y cuando se dio vuelta para señalarle el lugar, el Hacedor aplicó la pistola sobre su joven y delicado cuello, dejándola en un estado de instantánea inconsciencia.

3

Al día siguiente, un corredor matutino encontró el cadáver de Lucas, con la cara y el estómago parcialmente comidos. Se le hizo una autopsia y se reveló que había muerto bajo el ataque de unos dientes sorprendentemente humanos. La noticia corrió como reguero de pólvora: un loco andaba dando vueltas por el parque estatal. Un loco que mataba y comía a sus víctimas, como una especie de Hannibal Lecter del subdesarrollo. Pero no todos coincidían en la comparación:
-Es un zombi- dijeron algunos-. O, al menos, alguien que se cree un zombi.
-Un enfermo al que debemos hacer mierda, eso es lo que es- terciaron otros.
Mientras tanto, la novia de Lucas, Cintia, continuaba desaparecida y las investigaciones policiales estaban enfocadas en hallarla lo más pronto posible. El Hacedor de Zombis, que observaba las noticias mientras cocinaba unos huevos fritos, sonrió para sí y miró hacia la puerta cerrada del sótano, donde Horacio acababa de desayunar la pierna de la chica.
-Que lo disfrutes, zombi- dijo en voz alta.
Sabía que le quedaba una o dos cacerías más antes de que los descubrieran. Era optimista pero no estúpido, y se daba cuenta de que no pasaría mucho tiempo hasta que los policías le hallaran la pista. Pero mientras tanto, pensaba disfrutar del asunto. Y a lo grande.
Terminó de cocinar los huevos y los comió en un sándwich. Luego, puso el DVD de la noche en cuestión en el reproductor, y comenzó a ver las deliciosas escenas mientras bebía un trago de vino. Cuando en la grabación Horacio se hincó sobre el muchacho y le desgarró el cuello, el Hacedor de Zombis miró hacia el póster de “La noche de los muertos vivientes”, colgado de un clavo sobre la pared de la chimenea.
-A tu salud, George- dijo, alzando la copa-. Espero que te guste el homenaje que te estoy haciendo.
Pasaron cinco días. El amable otoño flaqueaba, y las noches comenzaban a ser bastante frescas. En su morada, el Hacedor pensó que, con ese frío, le resultaría difícil encontrar a personas solitarias en los lugares aislados, pero estaba decidido a llevar a cazar a su zombi otra vez. Temía que los policías descubrieran su identidad antes de tiempo, y no le permitieran realizar por lo menos otra jornada de cacería. O, como decía mentalmente, otra “noche de muertos vivientes”. Además, sabía que muy pronto se aburriría de la grabación y comenzaría a necesitar algo nuevo. Se daba cuenta que el “homenaje” era muy pobre, no tenía la riqueza y los niveles que sí alcanzaba la película de Romero. No creía que pudiera hacer mucho al respecto, pero al menos lo compensaría con la cantidad. ¿No era así como hacían con las películas de Hollywood hoy en día? Si el argumento y las ideas escaseaban, lo compensaban con más efectos especiales, más muertes, más villanos. No era lo ideal, pero… quizás él podría hacer lo mismo…
Bajó al sótano, con la correa y la pistola eléctrica en la mano. También tenía otra cosa, oculta en el bolsillo de su chaqueta: una jeringa llena de adrenalina, que pensaba inyectarle a su zombi para que éste fuera imparable.
Al ver al Hacedor bajando lentamente las escaleras, Horacio, que se encontraba en posición fetal, gimiendo y gruñendo adormilado, se incorporó y se orinó encima. La chica muerta de la cual había estado comiendo todo el día se encontraba detrás de él, con el rostro ensangrentado mirando hacia la pared.
-Es hora, muchacho. Vayamos a cazar más carne fresca.

4

Esa noche, en Puente Negro –pueblito ubicado a mitad de camino entre la casa del Hacedor y la ciudad donde vivía el padre de Horacio- sucedió algo memorable. Algo que sacó al pueblo de su somnoliento anonimato durante, por lo menos, las siguientes dos semanas. Los videos que circulaban sobre esa noche se hicieron virales y fueron reproducidos en todos los países del mundo. Todo comenzó a las veintidós cincuenta y cuatro, en la humilde capilla del pueblo.
En ese momento, la iglesia se encontraba poblada por una veintena de personas, la mayoría de ellos ancianos. Se encontraban velando a Don Jacinto Martinich, un lugareño muy querido en el pueblo, que acababa de fallecer esa misma tarde. El cura, que había sido compañero de clases de Don Jacinto, oficiaba la misa y parecía muy conmovido por aquella alma que acababa de partir hacia el cielo. Estaba rezando el rosario de los muertos, el rostro vuelto hacia el público, los brazos extendidos en cruz, cuando la puerta se abrió de un empellón y apareció un hombre desnudo, cubierto por una sustancia que parecía barro. Los deudos giraron la vista hacia la aparición y algunas mujeres gritaron. Una de las ancianas de las primeras filas, que se decía había sido amante de Don Jacinto en sus tiempos de juventud, puso los ojos en blanco y se desmayó. El hombre desnudo comenzó a avanzar hacia el altar, emitiendo horribles gemidos guturales.
-Por favor, gente, no se asusten, permanezcan en sus lugares- dijo el sacerdote, quien aún continuaba con los brazos extendidos, aunque su rostro había palidecido-. No teman a este hijo de Dios. ¿No ven que ha venido en mitad de la noche, solicitando nuestra ayuda? ¿Les espanta su desnudez? Recuerden lo que le pasó a Cam, hijo de Noé, quien desvió la vista ante la desnudez de su padre y así fue maldecido. Pensemos como buenos cristianos y demos una oportunidad a esta alma perdida-. Se dirigió al hombre, que cada vez estaba más cerca del altar-. Ven, hijo, acércate. Recibe el calor del abrazo de Dios. Tengo algo que te reconfortará.
Tomó una de las hostias del altar y la ofrendó al hombre. El desconocido observó el Pan de Dios y pareció olfatearlo como si fuese una verdadera bestia. Abrió la boca.
-“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo”- comenzó a recitar el cura, a todo pulmón-. “Si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yoooOOOOO…”
Comenzó a retorcerse y a gritar. Su mano estaba atrapada entre los dientes del desconocido, quien sacudía la cabeza de un lado a otro como si fuese un perro. Los fieles chillaron y se incorporaron de sus asientos.
-¡Padre!- gritaron las ancianas-. ¡Ayuden al Padre!
El desconocido rodeó el cuello del padre y le lanzó una feroz dentellada a su mejilla. La piel se desgarró con un horrible sonido. La sotana alba del padre se tiñó de sangre. El venerable anciano se aferró la herida y trastabilló. El desconocido pareció aprovechar su muestra de debilidad para atacar de nuevo, y el sacerdote cayó sobre el ataúd abierto de Don Jacinto, derribándolo. Las ancianas del público volvieron a chillar.
Un hombre sesentón se acercó para ayudar al padre. El zombi desnudo se dio vuelta y le mordió el brazo. El hombre sesentón, que se llamaba Enrique, le dio un puñetazo en la nariz, pero el desconocido ni siquiera pareció sentir el golpe. Volvió a golpear, una y otra vez, hasta que recibió un nuevo mordisco en el cuello y entonces comenzó a patalear y a emitir sonidos borboteantes. El zombi le había mordido la carótida y Enrique se desangraba a una velocidad inevitable.
A dos bancos de distancia, la señora Parker dio un codazo a su marido y le chilló:
-¡Ayudalos, viejo! ¡Movete de una buena vez y ayudalos!
-Sí, querida- dijo el pobre señor Parker, palideciendo de miedo.
Fue lo último que dijo en vida. Apenas dio dos pasos, se llevó una mano al pecho y cayó fulminado por un ataque cardíaco, mientras su esposa comenzaba a gritar su nombre.
El único deudo menor de cincuenta años, que había sido arrastrado a la fuerza por su tía hacia aquel horrible velorio, se encontraba en una de las últimas filas y filmaba las escenas con su celular. Escuchó que la puerta a sus espaldas se cerraba con un estruendo y alguien gritaba: “¡Estamos encerrados, estamos encerrados!”, pero no prestó atención. Estaba concentrado en registrar con el menor detalle las escenas que se producían delante del lente de la cámara. Parecía algo surgido de una peli de terror. Gritos y sangre por todas partes. Las viejas trataban de huir del tipo desnudo y caían unas sobre otras y se quebraban sus frágiles huesos. Sólo dejó de filmar cuando vio una sombra detrás de las ventanas que daban al patio lateral de la iglesia. Frunció el ceño y alzó la vista. Allí, detrás de los vidrios de colores, había un tipo de unos cincuenta años, bigotes espesos y anteojos pasados de moda, que a su vez los estaba filmando. Sonreía. Parecía disfrutar de la situación como un niño mirando su película favorita en el cine. El joven alzó una mano y lo apuntó.
-¡Hey! ¡Usted!
En ese momento, vio que el tipo desnudo se le acercaba por el pasillo a toda velocidad, y entonces olvidó al hombre de bigotes y comenzó a correr por su vida.

5

Del otro lado del vidrio, el Hacedor de Zombis saltaba de emoción.
¡Qué escena! Eso sí que era un verdadero homenaje a la película de Romero. Cierto que su zombi se movía muy rápido debido a la inyección de adrenalina, y eso era algo que contradecía a los zombis de Romero, que siempre habían sido lentos y estúpidos. El Hacedor odiaba a todos aquellos zombis de las películas modernas, que podían correr y saltar como cualquier ser humano vivo. La peli “28 días después”, que auguraba la era de los zombis corredores, lo había arruinado todo. Pero bueno, él había tenido que inyectar adrenalina a su zombi porque después de todo se encontraban en la vida real, y no creía que un solo zombi lento hubiese hecho el desastre que finalmente terminó haciendo el suyo. No creía que a Romero le importase tanto, a fin de cuentas. Su homenaje ya estaba listo. Sólo faltaba darlo a conocer al mundo…
Alrededor de diez minutos después, un patrullero estacionó delante de la iglesia y detuvo al hombre de espesos bigotes que se encontraba filmando detrás de una ventana de la iglesia. El tipo no opuso resistencia y comenzó a reír descontrolado. Los policías lo esposaron al patrullero y luego abrieron la puerta de la iglesia (había sido trabada desde afuera, con unos listones de madera). Entonces fue que se encontraron con un horror mayúsculo. Al menos cinco ancianos muertos. Otros tantos de heridos. El cura yacía sobre el ataúd de Don Jacinto, con los ojos abiertos por el espanto. En el confesionario, repleto de olor a orines, había un joven en estado de shock, que sostenía su celular como si de ello dependiera su vida. Los policías recorrieron todo esto con la mirada incrédula y por fin descubrieron al tipo desnudo, que se encontraba arrodillado sobre un viejo muerto. Al principio pensaron que le estaba efectuando la técnica de respiración boca a boca, pero luego el tipo desnudo se incorporó y vieron la lengua ensangrentada del viejo entre sus dientes. Los policías le apuntaron con sus armas.
-¡Deténgase! ¡Deténgase ahora mismo!
Horacio alzó la cabeza y les gruñó. No parecía entender las palabras que le gritaban aquellos policías. Sólo sabía una cosa: que debía comer. Comer hasta saciarse. Bajó la cabeza y siguió comiendo la cara del viejo.

Los policías dieron una última advertencia, y luego, asqueados y al límite del horror, dispararon sobre el zombi.




EPILOGO
Zombies


El “Hacedor de zombis”, cuyo nombre verdadero era Antonio Sikorski, fue sentenciado a prisión perpetua por el juzgado de primera instancia de la Nación. Sin embargo, su abogado apeló la sentencia, aduciendo que su representado no se encontraba en sus cabales y como tal debía ser juzgado como “persona incapaz”. Para probar su teoría, presentó ante los altos jueces las fotografías y vídeos que se habían recopilado del caso. Repasó el descubrimiento del sótano de Sikorski, repleto de cadáveres enterrados y parcialmente comidos, y luego un vídeo con la declaración del propio acusado, que se hacía llamar a sí mismo el “Hacedor de zombis” y manifestaba su abierta admiración al director de cine estadounidense George Romero. “Quería hacerle un homenaje, un homenaje en la vida real, y para eso convertí al gordo en un zombi de verdad, y creo que fue mi mejor trabajo”, decía en el vídeo, muy calmado. Cuando en el vídeo le preguntan cómo fue que lo logró, el Hacedor de Zombis se encogió de hombros. “Enloqueciéndolo poco a poco”, explicó. “Y haciéndole ver la obra de Romero durante todo el día”.
Ante estas horribles pruebas, que causaron la conmoción de la opinión pública, Antonio Sikorski fue a juicio de nuevo. Esta vez, el Tribunal Supremo lo encontró insano psíquicamente, por lo que fue sentenciado a reclusión de por vida en el Instituto Psiquiátrico de la región, causando el enojo y la perplejidad de los ciudadanos que seguían el caso. Para sus adentros, el Hacedor de zombis sonreía y pensaba que todo salía según lo planeado.
Mientras tanto, cerca de su “casa de los horrores”, los investigadores encontraban el pantano en el cual Sikorski había hundido el Peugeot de Martín Peñalba, desafortunado amigo de Horacio. Retiraron el coche y los peritos buscaron alguna información adicional para el caso, pero no hallaron nada de relevancia. El viejo Peugeot fue a parar al depósito de chatarra, donde el encargado del lugar, un viejo cascarrabias y algo loco conocido con el apodo de “El sucio”, una noche descubrió algo interesante: el aparato de GPS aún funcionaba. Pese al tiempo transcurrido entre el agua y el barro, milagrosamente aún funcionaba. “El Sucio” lo sacó de su soporte y procedió a su cuidadosa limpieza, pensando que podría utilizarlo en su Renault 12 un día de éstos.
En el día de su ingreso al Instituto Psiquiátrico, el Hacedor de Zombis se encontraba sumamente feliz, aunque evitaba mostrarlo al público. Las cámaras de la tevé lo siguieron con total interés, mientras la gente del otro lado de la valla le gritaba todo tipo de groserías. Pero, en medio de la muchedumbre, dos o tres carteles se alzaban y llamaban la atención de las cámaras: “Hacedor de Zombis, ¡yo te apoyo!”, “¡Gracias, Hacedor de Zombis!” y el más curioso de todos: “Hacedor de Zombis: llevate a mi suegra al sótano”. ¡Tenía sus admiradores! Y sabía que su película recorría todo el mundo. George Romero aún no se había comunicado con él, pero estaba seguro que ya habría visto su filmación y ahora debía estar muriéndose de satisfacción en su mansión de Hollywood.
Lo pusieron en un cuarto algo estrecho pero agradable, con una ventana enrejada que daba al patio trasero. ¡Nada mal para un asesino como él! El director del instituto, que por algún motivo le resultaba conocido, le había dicho que sería su nuevo hogar y que debía considerarse muy afortunado por no haber terminado en una de esas sórdidas cárceles comunes, en donde los asesinos como él la pasaban muy mal durante la noche. El Hacedor de Zombis estuvo de acuerdo, aunque se cuidó de no decir una sola palabra al respecto.
Sin embargo, su sentimiento de serenidad dio paso a un pulsante desasosiego en cuanto comenzó a caer la tarde. Todo había salido como él lo había planeado, pero había algo… algo que tenía que ver con el director del instituto. ¿Por qué su cara le resultaba conocida?
Cenó la comida que le ofrecieron y luego se acostó en cuanto las luces se hubieron apagado. Dormitó un poco, quizás unas dos horas… y luego abrió los ojos de par en par. La cara del director. Se parecía muchísimo a la del gordo al que había convertido en zombi.
Como si el director del instituto fuera un familiar cercano…
Estaba pensando en esto cuando la puerta de su habitación se abrió. El padre de Horacio apareció en el umbral, secundado por tres guardias de seguridad. El Hacedor de Zombis se incorporó de su litera.
-Cambio de planes, hijo de puta- dijo el director-. Te llevaremos a otra habitación… donde la compartirás con otro paciente.
A los golpes, llevaron al Hacedor de Zombis a una celda en el subsuelo, donde lo arrojaron en la oscuridad. El director se acercó a la puerta vidriada y mostró una suerte de melancólica sonrisa.
-Sobrevivió, ¿lo sabías? Mi hijo Horacio sobrevivió a los disparos. Pero tenía un daño psicológico grave, y durante todo este tiempo tratamos de revertir su situación, aunque no logramos avanzar mucho. En su mente, se encuentra en un estado de regresión primitiva, en donde no logra razonar mucho más que una bestia salvaje. Y tiene hambre. Hasta ahora lo estuvimos alimentando con suero, porque no quiere comer ninguna de las comidas que le hemos ofrecido. Pero yo creo que sé lo que él quiere. Y vos también, ¿no, hijo de puta?-. El director encendió una linterna, y con ella alumbró un rincón de la celda. Para horror del Hacedor de Zombis, allí se encontraba Horacio, agazapado y babeando como un perro. Lo observaba fijamente. Comenzó a gruñir y a acercarse-. Es hora de que pagues por tus crímenes, lacra. Y mi hijo necesita carne humana para sobrevivir.
-No- dijo el Hacedor de zombis, retrocediendo lentamente. Aunque no había mucho lugar para retroceder. Horacio avanzó otro paso, gruñendo y jadeando. Ahora que el Hacedor ya no tenía la pistola eléctrica, ya no le temía. Y su carne se veía vieja pero aún apetitosa-. ¡No!
-Bon apetit, hijo- dijo el director del instituto, mientras Horacio se abalanzaba sobre el Hacedor y le arrancaba, de un solo mordisco, una buena parte de su labio inferior-. Que disfrutes de tu cena.
Cerró la puerta enrejada del pabellón y comenzó a subir las escaleras. Los gritos de dolor y miedo que dejaba atrás eran música para sus oídos.


Dos días después, en el chatarrero municipal, “El Sucio” colocaba el GPS sobre el tablero de su Renault 12 y procedía a su encendido. Había limpiado el aparato con esmero y ahora parecía recién sacado de su envoltorio. La pantalla del GPS parpadeó y luego una voz dijo, con un énfasis desorbitado:
-“Gracias por operar con GPS ShiniGami. ¿A dónde quiere ir hoy?”.

Y “El Sucio”, esbozando una enorme sonrisa sin dientes, se lo dijo.

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Autor: Mauro Croche

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90 comentarios:

  1. Vaya me encanto, largo pero no podía dejar de leer te has superado! Dime tengo curiosidad como se te ocurrió todo eso? Tienes talento enhorabuena. Saludos
    Att:alba

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    1. Hola Alba. Creo que la idea disparadora fue la del GPS que te conduce a lugares extraños, lo demás lo fui inventando sobre la marcha. Generalmente escribo de esa forma, a veces sale bien y a veces no. Un abrazo!

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    2. Gracias por enviarme el cuento amigo eres lo maximo cada cuento es mejor

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    3. No hay de qué, anónim@, un abrazo!

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  2. Buenisimo!!!! gran historia Mauro, la disfrute de principio a fin, la verdad que te superas día a día, felicidades!!
    Carlos G

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  3. Al habla Eli:
    ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡QUÉ PASADA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Madre mía, me encanta, me encanta, me encanta y me encanta....
    1-Es muy de tu estilo y, a la vez, con un toque....no sé, un toque especial y, ¡me encanta!
    2-Es muy macabro y reconozco que casi lloro por el pobre Horacio.....Es triste que en verdad, fuera de la historia, haya gente bastante....mal de la cabeza. Y sí, el tipo del "bigotillo" estaba como una maraca.
    Jo, no puedo hacer un mensaje demasiado largo porque tengo que estudiar, que si no.....
    En fin, es que me ha impresionado tanto que me ha dejado sin palabras. Me lo iba imaginando todo como una película, y bueno, estaba merendando, pero vamos, por lo menos el bocata no era de embutido....
    Tienes un 9999999999999999999999999999999999999999989911100000000000000000000000000000000000996868869896896898*965685968968686886888896555857887587454545785632746346236438874385485723907235237237523905735724712890194823'82308'3898'8'8'8'88'0'85452478574857877857778747857854216512554213243412454523267682458386792689455273736985286465432545454545454545454 sobre 10.
    Tema realista (locura) toque fantástico (GPS) personajes con los que es fácil empatizar (Martín completamente distinto a Horacio, uno parco, el otro sedentario.....Características comunes que poseen cada uno) Venganza de un familiar (el padre)
    El gilipollas ese termina muerto (sufriendo) y eso me hace sentir muy bien. Eso es justicia, lo demás son tonterías.
    En fin, ESTUDDIIIIIIIAAAAARRRRR.......
    Saludos (yo, después de esto, no pongo lo de zombies)
    Elisa

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    1. Al habla Eli:
      En el mensaje anterior parece que soy yo a la que le ha dado un subidón de adrenalina.
      Juraría que he dicho que iba a estudiar.... Me lo ha dicho un pajarito. Vamos, que voy a hablar con el pajarito y no voy a hacer deberes. Creo que esto ha quedado un poco mal....
      Por donde vivo siempre hay parejitas, me dan unas ganas de gastarles una bromita de estas.....
      En fin, venga, a currar se ha dicho....
      Elisa

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    2. Al habla Eli:
      En 3 minutos, apenas, ya me da tiempo a aburrirme...Te juro que es por lo deberes, por lo que no lo pongo todo en un mensaje, pero bueno....
      La verdad es que este relato me ha tocado la fibrilla. No me refiero a la sensiblera, porque lógicamente es una historia.... Horrible.
      Me refiero sobre todo a que esta historia tiene chispa de.... Agatha Christie. Un toque. Supongo que es distinto y que, aún así, no hay comparación. (No porque ella sea mejor i tú peor o viceversa, si no simplemente porque sus libros eran distintos, los personajes actuaban de otra manera, por ejemplo....Varias cosas) Una de las grandes. Para mí la que más. Mi ídolo. Me gustaría ser ella, me gustaría ser escritora. Esa es mi fibrilla.
      Pero ahora en serio, tus historias, sobre todo esta, tienen chispa oscura. (¿Posible influencia de autores como Stephen King? =-/ )
      =-)
      Elisa

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    3. Al habla Mauro:
      Bueno, espero que al final hayas podido estudiar un poco. A mí también me gustan mucho los libros de Agatha Christie, en realidad el policial es mi debilidad, más que el género de terror o fantástico, lo que pasa es que es mucho más difícil de escribir (por lo menos para mí). En esta historia hay un poco de policial, sobre todo la parte del padre, pero es muy poquito, me gustaría crear algo más "policíaco" algún día (por supuesto que mezclado con el terror, de lo contrario la esencia del blog se perdería). Y claro que tengo como influencia al viejo Stephen, ¿qué escritor de terror no la tiene? Otros autores del género que me encantan son Poe, Lovecraft, Matheson y Clive Barker.
      Bien, ya son las 23:46 por estos lares, estoy algo cansado y todavía tengo varios mensajes por responder. Ah, y mañana toca trabajar (sí: el mundo de los adolescentes no es el único complicado, no te creas). No sé por qué, pero te veo escribiendo más en el estilo de P.D. James que de Agatha Christie, la primera era más oscura y tétrica, y eso cuaja más con tus deseos ocultos de sangre y destripamientos a la medianoche... creo. Abrazos!

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    4. Al habla Eli:
      Totalmente de acuerdo con lo de Poe. Lovecraft.... se queda en un más o menos. Y sí, ya sé que la vida adulta tiene sus complicaciones....¿Pero si no, qué gracia tendría? (Ah, conseguí estudiar y hacer los deberes bastante bien. Hoy al corregirlos en clase, perfectos, menos uno que me había saltado una definición, pero eso fue un pequeño despiste)
      Aprovecho para destacar que Edgar es de mi mismo horóscopo, acuario. ¿POR QUÉ SERÁ? =-) xD
      PD James me gusta bastante, es guay, muy guay, pero Agatha es Agatha y es insustituible en mi corazón... Detalle que queda bastante cursi teniendo en cuenta que me has acusado de ser una psicópata empedernida. A ver, aclaro, soy imaginativa y sí, un poquito sádica (mala combinación) pero tengo empatía ( y arrepentimiento, cosas que un psicópata...pues como que no) Además, en los análisis, me da patatús ver la sangre.
      Así que ya ves, todo eso de mis deseos ocultos de sangre y destripamientos a medianoche ocupa muy poco espacio en mi cerebro, tan poco espacio que hace que yo sea lo que soy, una niña maja y estudiosa de 14 años. Sí, hay detalles que me dan imagen de mala y sádicoadicta y tal y que palabrejas me invento...Jajaja
      En el primer comentario de todos ya dije que me gustó mucho ¿no? Sí, es que no sé dónde tengo la cabeza...Pues que lo he vuelto a leer y aún me gusta más....
      Saludos...
      Elisa

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    5. Al habla Eli:
      Busqué a George Romero, a pesar de que me sonaba. ¿Nació un 4 de febrero? ¿Al igual que yo?????????????????????????

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    6. Me acuerdo la época en que los deberes eran motivo de gran preocupación en mi vida... ¡Gran ficción! Pero, ¿acaso no lo es todo? Seguramente dentro de unos años me reiré de los problemas que me aquejan ahora... Pero basta de filosofía barata, pasemos a lo que realmente importa... que no sé bien qué es. Ah, sí, ya me acordé: ¿quién es mejor, Poe o Lovecraft? ¿Agatha Christie o Conan Doyle? ¿Barcelona o Real Madrid? (sí, ya sé que vas a decir el Aleti). Y cosas así, por las que vale la pena discutir con amigos hasta altas horas de la madrugada, mientras se ingieren las bebidas preferidas y un poco de comida chatarra. Abrazos!

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    7. Al habla Eli:
      ¡Te acuerdas de mi equipo de fútbol! ¡Qué ilusión! ¡Abajo filosofía barata! ¡Aunque la tuya aún sea soportable, la de mis profesores no!
      Aúpa Atleti!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  4. Me encantóo, es súper sanguinario pero nada vulgar. Me encantó el final, me recordó a la frase "uno cosecha lo que siembra" y parece que al viejo le tocó la muerte que se merecía... Y quién habrá creado el GPS? Con qué intenciones? Aahh me quedaron dudas... jajaja besos

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    1. Sí, "Deisi", lo del GPS es todo un misterio, estos japoneses que fabrican cada cosa jaja. Bueno, me alegra que te haya gustado, un abrazo y gracias por escribirme!!

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    2. Se escribe Daisy Mauro, (jajaja chiste). Dos preguntitas te hago:
      1- El término ShiniGami (por casualidad) ¿lo sacaste de un animé? y
      2- ¿Cómo hago para recibir una notificación cuando comento algún post y me responden?

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    3. 1- Shinigami: dioses de la mitología japonesa que conducen a la muerte. El nombre aparece, sí, en unos cuantos animés, videojuegos, pelis, etc.
      2- Que yo sepa, ¡no se puede! Al principio pensé que era un defecto de blogger, pero ahora estoy pensando que es a propósito, para inducir a la persona que comentó a regresar a la página, y así generar más visitas. Creo que estos tipos piensan en todo, Deisi. Abrazos!

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  5. Hoy no me da tiempo de leer lo. Pero mañana si. Estoy demasiado cansada. Pero seguro que me encantará, como todas tus historias. Saludos desde España. Silvia.

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    1. Ok, Silvia, no te apures, hay tiempo jeje. Saludos desde Argentina!!

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  6. Hola Mauro...fui la primera en escribirte de temprano pero ya vi que no salio mi mensaje..pero bueno solo te decía que no era participe de cuentos ni películas de zombies pero lo tuyo fue diferente me hizo volar la imaginación...me encanto...saludos desde Perú....ahhhh y no te demores en mandar otro cuento pues Maurito...jejejejej...charo

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    1. Hola, Charo. Esta es una historia de zombis pero no tanto, más que nada es un pequeño homenaje a las pelis de Romero (como el tipo del cuento, yo soy un gran admirador de su obra, aunque no tengo a gente encadenada en mi sótano, al menos, de momento). Y como dije en otra ocasión, lamentablemente tendré que publicar algo espaciado en los próximos meses, porque estoy con varias cositas y la verdad no tengo todo el tiempo que quisiera. Pero bueno, uno o dos cuentos al mes seguro que habrá. Abrazos!

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  7. Que tal Mauro!!
    Me encantó tu historia, como todas las que has hecho, por cierto te gusta el Nombre de LUCAS verdad?? jejeje
    Sigue asi, muy buen trabajo!! mis mejores deseos para ti!! y no les hagas caso a las personas que critican tu trabajo, tienes mucha imaginación!!
    Te saluda Erick desde Guatemala!!

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    1. Lucas, sí, jaja, no me había dado cuenta. Será que ahora estoy corrigiendo la novela y me vino ese nombre al inconsciente mientras escribía el cuento. En cuanto a las críticas, yo siempre dije que soy muy receptiva a ellas y de hecho las espero y trato de hacer un uso positivo de ellas, aunque lamentablemente, muchos mensajes "negativos" son tonterías escritas por gente aburrida y no me aportan nada. También soy consciente de que este blog recibe unas cien mil visitas por mes y mis cuentos no pueden gustar a todo el mundo, de hecho es algo normal. Abrazos y gracias por tus palabras!

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  8. woow mauro soy @valeriarestrepohenao .. Vale restrepo me encanto super wow ... :D saludos desde medallo

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    1. Hola Valeria!! Me alegra mucho que te haya gustado la historia. Saludos desde Buenos Aires!!

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  9. Exelentes!! Me encantan

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  10. Maria Eugenia Petrizani8 de mayo de 2015, 2:12

    Hola!! hacia mucho tiempo que no comentaba!! me gustó mucho la historia. Como lo he dicho en otras oportunidades, me gustan mucho las historias cuando hay algo de humor..no se porqué pero me imaginé a la vieja dándole el codazo al hombre en la parte de la iglesia y a las ex novias del finado en primera fila jajajaj. Me gusta que,dentro de la ficción, agregues elementos de la vida real, como el dato del director de la pelicula a quien yo desconocía (me queda como tarea googlearlo y ver con qué me encuentro). Y por ultimo, me encantó el final...y eso hace interesante a tus historias...no es lo que uno espera (en el buen sentido!!!)..siempre sorprende.A mi personalmente no me gustan la dicotomia entre el personaje bueno, bueno ,buenisimo y el malo, malo, malisimo.... me gustan el condimento de ambos...y el padre de Horacio terminó siendo eso...porque al fin y al cabo...todos tenemos nuestra parte oscura...y él la alimentó (en todo sentido je). Por ultimo..te pido que me pases el whatsapp del padre de Horacio, tengo una apetitosa suegra para ofrecerle...creo que le puede interesar...y le puede rendir por varios dias...jojojo.
    Nos vemos!!!

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    1. Noooo me mató eso de la suegra jaja. Por tu bien, ¡espero que no ingrese a esta página nunca! Lo de los personajes malos, malos, malísimos tampoco me gustan, pero a veces, sobre todo en los cuentos muy cortos, es inevitable caer en ellos, porque hay poco espacio para desarrollar los personajes y entonces uno termina recurriendo a los tópicos (además que es mucho más fácil jeje). Y George Romero es el padre de todos los zombis, él no los creó, pero dirigió películas que marcaron un antes y un después en el cine de terror. Y además, por si fuera poco, creó lo que considero la mejor película de cuentos de terror, "Creepshow" (allá por los años 80), que contenía historias basadas en relatos de Stephen King. Abrazos! Y recemos para que tu venerable señora suegra nunca lea estos comentarios...

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  11. Manoli Fernández8 de mayo de 2015, 9:50

    Mauro soy una persona a la cual es muy difícil dejar sin palabras,pues bien no se que decir.........un relato realmente MARAVILLOSO de el si que harías una buen novela!! No se que mas decirte......a medida que lo leía estaba horrorizada y maravillada,gracias gracias por compartir tu talento con nosotros!!!

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    1. Bueno, Manoli, me alegra haberte dejado sin palabras, supongo que eso es bueno :) No sé si daría para una novela, para algo tan extenso, salvo que empiece a poner relleno (es lo que hacen muchos), pero entonces quedaría, algo así como... "rellenuda". Así que... un abrazo!

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  12. Estimado compatriota,que otra cosa decirte??....volviste con todo!!!la verdad extrañaba tus historias y con esta cubriste todl los días de espera....
    Por lo general no me gustas las historias de zombie,pero esta vuelta de tuerca que le diste me atrapó desde el comienzo..
    Te dejó mis felicitaciones y un gran abrazo desde La Rioja,Argentina por supuesto.

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    1. Gracias Sweet! Ya van varios que me dicen que las historias de zombies no les gustan, aaahh... y yo que justo pensaba escribir una novela sobre zombis... Bueno, habrá que ver qué pasa. Abrazos!

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    2. Ojo!no me gustan pero las vueltas de tuerca que le das a las historias son geniales...esta historia es un gran ejemplo de ello!!!
      Así que acá estoy esperando esa novela!!

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  13. que miedo,dios mio, me ha encantado el final. A valido la espera. sigue asi. saludos .Silvia.

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    1. Bueno, Silvia, gracias por tus palabras. Un saludo!

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  14. ¡Otra vez se me borró el comentario después de entrar a mi cuenta! Varios años de bloguero y no sé bien cómo comentar ¡Jaja! Te decía que fue mi lectura del día, aunque no terminé de leer toda la historia porque tengo mucho que escribir. ¡Magnífico relato! Y me parece que la mitad que me falta es todavía mejor. Leyéndote alcancé el nivel de concentración como para abocarme al laburo, como cuando leo a los maestros; en serio. Gracias. ¡Saludos!

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    1. Supongo Jorge que lo mejor está en la segunda parte de la historia, creo, no te equivocás al respecto. Y ahora a seguir escribiendo! A ver cuándo sale la segunda novela... Saludos, gracias por tus palabras!

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    2. Jorge y Mauro... mis dos escritores favoritos!!!! Felicidades a ambos y Jorge, por que eliminaste tu blog... lo extraño!!! Mauro... mas abajo comento :)

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  15. Buen final!. Que tristeza Horacoí quedó hecho zombi. Pero el tipo pago con su propio experimento...

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    1. Sí, Sharoll, aunque me encantaría que sucediera más frecuentemente en la vida real... Un abrazo!

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    2. Lo de que cada uno reciba su propia medicina, a eso me refiero con el comentario. ¡Y no que todo el mundo quede convertido en zombi!

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  16. Ya echaba de menos tus historias... Debo felicitarte, Mauro. Esta es fantástica. Terrorífica. Te has lucido. Gracias por compartirla con todos nosotros, de veras. Un saludo.

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    1. Bueno, gracias por tus palabras, anónim@. Veo que nadie hasta ahora se quejó por la extensión del relato, y eso es algo que me alegra mucho, porque quiere decir que aquí entran personas a las cuales les gusta leer de verdad. Un saludo!

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  17. Mauro Excelente historia!!!!!

    Cubriste la espera con todo y los intereses, me atrapo desde el principio hasta el final. Has cumplido como los grandes una vez más, Honor a quien honor merece!!

    Saludos al fin desde mi lindo Mazatlán

    Osiel

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    1. Gracias, Osiel. Me dio curiosidad y googleé la ciudad de Mazatlán (no la conocía ni de nombre, qué vergüenza). ¡Y de verdad es un hermoso lugar! El mar azul, las playas, las islas... ¡Qué envidia! Algún día regresaré a México y a sus hermosas playas... algún día... Un saludo.

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  18. Me ha gustado el giro de GPS embrujado a historia de zombis y de nuevo el GPS (japonés tenía que ser). Me pregunto quién sería la primera chica zombi.
    ¿Por qué has tardado tanto en subir? La historia ha valido la pena, pero me gustaría saber si la espera será habitual o algo fortuito.
    Saludos desde Galicia
    PD: Me ha encantado lo de 'Hacedor de Zombis: Llévate a mi suegra al sótano'.

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    1. Hola Belén, gracias por tus palabras! En relación a la espera, tal vez no hayas leído el post, pero hace unas dos semanas atrás advertí que la frecuencia de publicación bajaría bastante, ahora mismo estoy metido en varios líos (nada malo, en realidad todo lo contrario, pero me insumen mucho tiempo), y calculo que publicaré una o dos historias por mes (como mucho). Volveré al viejo ritmo de antes en cuanto pueda. Un abrazo!

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  19. HIII!!
    Creo que me enamore de la historia *-*
    este...tengo una seria obsesión con los zombis kjsdfdghadfgadf
    Jamas había pensado en que alguien quisiera convertir a otra persona en zombi xc. Aunque me di una idea en The Walking Dead con los caníbales de Terminus y sddgfsjgk (¿conoces la serie?)
    Y el GPS ¿por que te llevaba a los lugares donde habían ocurrido tragedias? Yo recuerdo que una vez compre un GPS y no sabia como funciona xc naa con esta historia creo que es mejor memorizar el camino
    me dio tanta pena Horacio :( debió sufrir mucho. Aunque al final el "hacedor de zombis" se llevo su merecido!
    estaba muy buena tu historia (por si no te lo deje claro, SI ¡ESTABA MUUY BUENA!)
    espero con ansias la siguiente historia :)

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    1. Hola Jo. The walking dead es una gran serie, aunque sólo vi las primeras dos temporadas. Supongo que las restantes las tengo en mi lista de pendientes, junto con otra serie que me recomiendan por todos lados: "Breaking bad". No sé si a alguien se le habrá ocurrido hacer algún zombi alguna vez, pero si a mi se me ocurrió, seguro a otro también (y esperemos que, al igual que yo, plasme la idea en un papel y no en la realidad, aunque nunca se sabe). Bueno, me alegra mucho que te haya gustado la historia, supongo que publicaré la siguiente dentro de dos viernes. Un abrazo!

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  20. Hola Mauro!
    Una de las mejores historias que he leido, me encató!!... la espera valió la pena genial el relato y gordito para entrenerme un rato. En vdd felicidades eres un gran escritor. ahora solo me quedo esperando dos historias más: una donde narres el origen de la empresa ShiniGami y sus GPS macabros & la otra de la nueva travesia del GPS y El Sucio, que le deparará? ya cuentame!!! :p
    Saludos - Daniela.

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    1. Hola Daniela. Imagino que podría seguir con la historia de manera indefinida, al menos hasta que me canse (o no se me ocurra más nada). El Sucio tendrá sus propios descubrimientos y el GPS lo conducirá a los lugares que él más teme. Creo que lo más interesante de la idea es que el GPS muestra lo que horroriza al dueño, es decir, puede mostrar cosas diferentes según qué persona se trate. Y el relato era "gordito" un poco para compensar la espera, y otro poco también porque descubrí que a los cuentos más largos no me los copian con tanta frecuencia, me parece que es debido a que les da pereza leer tanto. Bueno, un saludo y hasta la próxima, gracias por escribirme!

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  21. Mas que un cuento, una novela corta. Bien llevada e interesante por lo demás. Me gusta mucho eso de los zombies, por eso veo the walking edad (creo que así se escribe). Por un momento llegué a pensar que el GPS era sólo un elemento decorativo y que hasta estaba de más, pero al final lo desempolvaste y me di cuenta que ocurrió todo gracias a ese aparatito. Y creo que aun nos puede llevar a lugares más caóticos y horripilantes. Grande Mauro.

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    1. Hola Manuel. Creo que la historia tiene unas once mil palabras y no llega a nouvelle o novela corta, pero sí, está estructurada un poco como si fuese algo más que un relato. La otra vez vi que en un comentario de tu blog aclaraste que por lo general partís de una idea y vas armando el relato a medida que se va escribiendo, yo generalmente hago lo mismo y este caso no es la excepción. Lo del GPS fue la idea disparadora, a veces queda como un elemento decorativo como bien decís, o que sirve para crear atmósfera (como en el caso de la mansión de los Marsten en la gran novela de Stephen King, "Salem's Lot"), pero a veces forma parte importante de la trama. No tengo idea muy clara de por qué ocurre esto, pero bueno, el proceso de escritura, como ya te habrás dado cuenta, tiene mucho de inconsciente y es por eso que me resulta tan fascinante. Como aclaro en otro comentario, a veces sale bien y a veces (más de las que uno desearía) sale mal. Un abrazo!

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  22. Hola Mauro. Ahora si me presento: Mi mombre es Yazmin Canales y he seguido tu blog desde hace ya un tiempo.... soy de las que sufrio (en silencio) la muerte de cuco :'( y acompaño a Quiroga y a Dan por ese largo viaje a la obscuridad, ademas de morir de risa con los comentarios de Eli, Alba y algunos otros seguidores del blog... pero desafortunadamente en el lugar en el que estoy el internet llega con mucha dificultad y tenia que subirme a la azotea para alcanzar aunque sea unas rayitas para leer tus historias asi que comentar ni soñarlo :( deje de intentarlo despues de unos cuantos corajes... es por eso que tampoco me habia suscrito... sobre la historia del "Hacedor de zombies" excelente como siempre, de mis favoritas (aunque tampoco soy muy admiradora de los zombies pero como dice un comentario anterior, los giros que das en tus hisrorias son excelentes) ... bueno ya sabes que tienes otra fan por aqui donde la tecnología aun no llega en todo su explendo jijiji pero que aunque tenga que arriesgar su vida trepandose a la azotea esta al pendiente de tus publicaciones.... saludos Mauro desde Hidalgo Mexico :)

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    1. Hola Yazzi. Qué mal lo que cuentas de Internet, y sobre todo, me enterneció mucho la imagen tuya trepándote a la azotea para leer un poco! Eso sí que es amor por la literatura y los cuentos! Bueno, ya que pudiste comentar te agradezco que lo hayas hecho, sabes bien que el contacto con los lectores es muy importante para mí, no por los elogios que puedan o no darme, sino porque sé que no estoy solo en esta a menudo solitaria tarea de escribir. Y como bien dices más arriba, los comentarios aportan un plus de valor al sitio, sobre todo cuando son chispeantes o graciosos, o dicen cosas inteligentes y que te hacen pensar. Sé que hay unos cuantos lectores que, antes de leer la historia, se ponen a leer los comentarios! Bueno, un abrazo y espero que algún día puedas disfrutar Internet como debe ser! Saludis!

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  23. ¡Me encantó la historia! Te engancha del principio al fin. Y me encantó el final, Me alegro de que se hiciese justicia para el pobre Horacio! Ojalá vuelvas a publicar pronto. Mientras tanto, ¡brindemos por el gran George Romero!

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    1. George Romero es un grande seee. Jaja abrazos Esther!

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  24. Muy buena historia mauro, ya hace tiempo que no entraba a leer pero ya volvi ajjaja.

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    1. Eeeh no te pierdas Jonatan jaja. Un abrazo y un gusto tenerte otra vez por acá!

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  25. hola mauro, espero que este comentario lo envie bien,ja
    excelente!!los cuentos con epilogo son lo mas!!! pero además quisiera que escribieras otro de milena crow !!! gracias x tus cuentos!, gla

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    1. Hola Gla, gracias a vos por tus palabras. Estoy segurísimo que muy pronto habrá más crónicas de Milena Crow, es algo que me gustó bastante escribir. Saludos!

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  26. Mauro la verdad que tus historias son excelentes! Descubrí el blog hace un par de días y no puedo parar de leer. Me encantan estas historias donde todo es truculento y con mucha sangre, sobre todo si involucran zombis :)
    A mi también me gusta escribir pero no dejo q nadie lea mis historias, creo q son solo para mi, tengo miedo q alguien piense que estoy loca jajaja
    Espero que sigas escibiendo así puedo seguir leyendo.
    Un beso y seguí así!
    Marina Z.

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    1. Hola Marina. Además de este relato de zombis, hay otro de una extensión similar que fui publicando por entregas, llamado "Los moradores del polvo", así que también puede interesarte.
      Y eso de no dejar que nadie lea tus historias... mmm... yo te alentaría a que consigas algunos lectores, no sé, por lo menos de tu círculo más íntimo, así por lo menos vas a tener unas opiniones "objetivas". Pero bueno, ¿quién soy yo para dar consejos? Jaja. Bueno, abrazos!

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  27. Mauro!! Sos un genio!!! te adoro en serio!!! jaja me metí demasiado en la historia, a medida que iba leyendo pasaba la película por mi cabeza!! te felicito!! :D

    Saludos!

    Josseline C.R

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    1. Gracias Josseline! Perdón por tardar tanto en responder!

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  28. Buenos y calurosos días de espantoso verano desde España, Mauro. No sé bien como he ido a parar a tu blog. Será mi GPS particular en busca siempre de historias y relatos de terror. Comentarte que he pasado una hora regodeándome de tan alucinante historia. Iba pasando por mi mente tal cual una excelente película Gore, dramática y espeluznante. Has pensado en plasmar estas historias en papel? Trabajo de actriz y he hecho multitud de cortos. No los nombró. Quienes quieran verlos pongan mi nombre. Este es tu blog. Una cosa paradójica que me lanzo a decirte; hace no mucho vi un par de películas ( basadas en hechos reales) acerca de la inmensa multitud de gente que anualmente desaparece en Australia sin dejar rastro. Son muy macabras pues la suerte que corren las pobres almas es horrenda, a manos de un psicópata muy parecido al tuyo, pero del que nada se sabe nunca, todo son suposiciones y alguna declaración de alguien que milagrosamente escapa pero que ya se ha vuelto medio loco. Me ha gustado mucho tu relato. No he podido dejar de leerlo hasta el final. Me lanzo a pedirte que escribas un corto sólo para mi. Me gustaría interpretarlo. Aquí vamos al festival de cine fantástico. Hay veces que por falta de ideas nos quedamos de brazos cruzados. En resumen: Eres muy bueno. Pero que MUY bueno. Gracias por este tremendo relato y voy a ver si leo ahora ese del llanto del bebé. Saludos Mauro.

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    1. Hola Eva, buenos y gélidos días desde este invierno en Argentina. Me alegra que te haya gustado tanto la historia. En relación a tu pregunta si pienso plasmar todo esto en papel, pues claro que lo tengo pensando, sólo que más adelante, primero quiero publicar una novela larga (creo que hoy en día es mucho mejor arrancar con una novela que con una recopilación de cuentos, por algún motivo, a éstos no le dan tanta importancia como a las obras largas). Sobre el documental, no sé si será el mismo, pero hace un tiempo vi algo así en el Discovery, sobre personas que habían desaparecido misteriosamente y había algunas menciones a Australia, me acuerdo que al verlo me dio un escalofrío y sentí bastante angustia por esos desdichados.
      Con respecto a la idea del corto: ¡pues claro! Me encantaría hacerlo. Sólo escríbeme a mi email personal maurocroche@gmail.com para ahondar en detalles, es decir si quieres que tenga uno o varios personajes, si hay alguna temática en especial que prefieres, etc. Tengo escrito un monólogo de terror que es una adaptación de un cuento y creo que podría interesarte, al menos según mi entender da bastante miedo. Abrazos!

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  29. Hola buen día me gustó como reviviste el genero zombie y lo hiciste algo con realismo porque este genero se dice que esta muy trillado. Puede que algun dia te comparta un cuento que tengo de terror, a ver que te parece soy nuevo en esto de escribir. Saludos

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    1. Ok Luis, me encantaría leer algo tuyo. Abrazos.

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  30. TE QUERÌA PEDIR SI PUEDO HACER VIDEOS CON TUS RELATOS EN EL GTA SAN ANDREAS, PONDRE EL AUTOR DE LOS CUENTOS EN LOS VIDEOS, O SEA TU, Y PONDRE EL LINK DE LA PAGINA "CUENTOS DE TERROR 666" EN LA DESCRIPCION.
    TE LO PIDO DE FAVOR, POR CIERTO SERA EN EL CANAL "THE CLON OF GAMES 87"

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    1. No hay problemas, Carlos, cuando los tengas pasame el link así los veo. Por cierto, no pude encontrar tu canal! Un abrazo.

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  31. Amigo, quizás sería una buena idea publicar tus cuentos también en http://miscuentosdeterror.com
    Qué opinas?

    Saludos desde USA

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  32. Hola maestro, creo que es la primera vez que comento aquí. Es curiosa la forma en la que encontré este blog, aparte, te llevo leyndo desde hace un buen rato. Estaba buscando blogs parecidos a los de Jorge Leal, ya que en ese tiempo estaba cerrado, y encontré este sitio. Por este blog también encontré el de Manuel Villeda, que junto con ustedes dos escribe fabuloso. Vi que le estabas haciendo publicidad a sus blogs y decidí leerlos. ¡Este cuento en particular me pareció genial!. Es increíble lo que el ser humano puede llegar a crear, si es que fueron personas los que hicieron ese aparato.Un GPS puede llefar a causar muchos problemas. Escribes fantástico amigo!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!.

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  33. -lo pensó un rato y luego agregó, casi melancólico-. Como yo… muy bueno , una de las mejores partes, aparte de suspenso tiene humor, te encontras con sorpresas en cada parrafo , segui asi mauro.. si este cuento se lleva a una pelicula va a ser un verdadero exito.. dios quiera.. saludos

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  34. Waw!!! Que historia, de veras de donde sacas tanta imaginacion, te felicito, eres unico...me deleito con tus historias y son tan tenazes que me imagino cada detalle que escribes..... Extraordinario trabajo mauro...por eso para mi eres unico e incomparable!!!

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  35. Waw!!! Que historia, de veras de donde sacas tanta imaginacion, te felicito, eres unico...me deleito con tus historias y son tan tenazes que me imagino cada detalle que escribes..... Extraordinario trabajo mauro...por eso para mi eres unico e incomparable!!!

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  36. Querido mauro me encantan tus historias son geniales

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  37. Buena historia Mauro, te digo que; me quede leyendo y se me fue la tarde en un instante me robo toda la atencion esta historia. Sabes me gustan mucha las historias que combinan el suspenso, el terror con el genero policiaco, si tienes una historia que combine estos generos te lo agradeceria mostrarmela, gracias y te envio un saludo fraternal desde colombia

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  38. Mauro querido:
    Debido a cosas que sucedieron en mi vida durante algun tiempo eh dejado de seguirte desde la aventura de las babosas subterraneas, mira cuanto tiempo ha pasado ahora estoy casado y tengo una hermosa hija... aburrido en el trabajo me acorde de ti y estas historias fenomenales que de tu imaginacion me entretienen tanto... nos has bajado el nivel ni un poco, otra historia como para hacer una pelicula, y varias series televisivas, exelente.

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  39. Buenas tardes he vuelto despues de hace mucho y me encuentro con este cuento tan increible si que sabes como hacer volar la imaginación, supongo que el gps llevara a su nuevo dueño al manicomio donde encontrara un crimen! Wow puede salir una gran continuacion, bueno el punto es que ha sido grandioso leerte de nuevo, saludos att: joss o josse no se como me recuerdes jaja un abrazo

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    1. A proposito creo que es de alta relevancia explicar porqué ese aparato era tan misterioso ya que la historia se desarrollo en un "hacedor de zombis" quien finalmente logro infundir terror en la historia pero al fin y al cabo lo que hizo fue humanamente posible (nada magico-paranormal) entonces deberiamos centrarnos en ese extraño e inusual gps :0 att: joss el expolicia jaja

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  40. Hacia tiempo que no leia tus cuentos , como siempre una lectura atrapante. Genio éxitos

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  41. El cuento fue largo pero mantuvo el misterio, me gusto bastante, como ya te dije antes, leer es mejor que ver, pues deja que uno mismo arme la película conforme va leyendo. te felicito tienes talento...!

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  42. me encantó,me mantuvo entretenida hasta el final,me gustan los cuentos de terror y esta es el primero que leo tuyo,voy ha leerlas todas. saludos mauro desde el Perú

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  43. Fascinante, buena, buenísima historia. Aunque, de verdad me queda una gran duda: EL GPS. Abrazos desde Colombia

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