82. "La Chica a la que Siempre Dejaban en Visto"



Whatsapp terror
Ludmila, esa chica tímida y algo torturada del quinto año, estaba harta de que Martín la dejara en “visto”.
Ludmila ponía: “Te amo”.
Y Martín le contestaba con un deprimente y lapidario: “Visto”.
“Quisiera que me des otra oportunidad”.
“Visto”.
“Oye, al menos responde sí o no”.
“Visto".
Una noche, Martín se encontraba en la parte trasera del coche, besuqueándose con una de sus noviecitas del mes, cuando un psicópata salido de quién sabe qué parte del bosque abrió la portezuela y repartió cuchillazos a diestra y siniestra. Los gritos y las plegarias inundaron el interior del coche, la sangre salpicó el tapizado nuevo, un ojo sanguinolento y de expresión aún aterrada salió volando como una canica y aterrizó en el cenicero de la parte delantera. El asesino, creyendo que había matado a ambos jóvenes, abandonó el auto y huyó a la carrera, sin saber que Martín aún seguía consciente y respirando. El muchacho, con sus últimas fuerzas, encontró el celular bajo el asiento y maldijo su suerte al ver que la bocina del aparato había sido destruida por algún pisotón y no le permitiría por lo tanto un llamado desesperado a las fuerzas policiales. Pero la pantalla estaba relativamente intacta, así que decidió enviar un whatsapp.
Eligió un contacto a ciegas. Resultó ser el whatsapp de Ludmila.
“Ludmila, llama a la policía, estoy malherido en el parque estatal, por favor hazlo rápido”.
“Visto”.

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